Receta para la inteligencia: sobre los nootrópicos

Por Fabio Pérez

Una receta para la inteligencia se basa en el uso de los medicamentos llamados nootrópicos.

La palabra proviene del griego “noos”, que significa “mente”, y de “tropia” que se traduce como “hacia”.

Individuos saludables los utilizan con el fin de optimizar la función cognitiva.

Hablamos de cuestiones como mejorar la memoria y la concentración, estimular el estado de alerta o la creatividad.

También son conocidos como drogas o píldoras inteligentes.

El debate sobre su consumo cotidiano ha cobrado fuerza en la última década.

Debe resaltarse que son consideradas sustancias seguras, tanto que se pueden conseguir sin ninguna dificultad.

Sin embargo, se ubican al centro de un debate mucho más amplio: ¿qué tan conveniente es la “medicalización” de la sociedad?

“Medicalización” es el nombre que recibe el proceso por el cual problemas no médicos (asuntos como lucir arrugas en el rostro o padecer calvicie) son tratados como padecimientos que requieren tratamiento clínico.

El meollo de la polémica es dirimir la conveniencia de expandir la medicalización de la sociedad.

¿Cómo? Mediante fórmulas, técnicas y planes de acción diseñados para hacer a los “pacientes” más inteligentes, rápidos, fuertes, más resistentes a la enfermedad y con sentidos agudizados.

Básicamente consiste en aplicar el mejoramiento biomédico, es decir, el uso de recursos clínicos, como fármacos o cirugías, a incrementar el desempeño físico o mental de los seres humanos.

Una intervención clínica tradicional tiene como fin mantener la salud, o recuperarla; la intervención de mejoramiento biomédico apunta a optimizar las funciones regulares (la normalidad) del paciente.

EL LLAMADO DEL RENDIMIENTO

El mejoramiento biomédico consiste en emplear las tecnologías concebidas para curar al propósito de redondear el estilo de vida.

Va de la mano con la medicalización.

Hay quienes piensan que entre ambos ya han precipitado a la sociedad inmersa en una “farmacologización”, esto por la importancia que tienen los preparados de laboratorio en la cotidianidad.

No suena descabellado afirmar que los avances en biomedicina son palpables, especialmente en áreas como la biología molecular o la genómica.

Además, el sector biomédico está creciendo, tanto que gana influencia no sólo en el terreno económico, también en las esferas política y sociocultural.

Los consumidores, con su búsqueda de productos de biomejoramiento, alientan su desarrollo.

ACCIÓN SOBRE LA MENTE

¿Qué hace de los nootrópicos una receta para la inteligencia?

Puesto de forma sencilla, su calidad de sustancias que “actúan sobre la mente”.

Comenzaron su andadura en los sesenta del siglo pasado, a través de una sustancia llamada piracetam.

Corneliu Giurgea, médico rumano, acuñó el vocablo “nootrópico”.

También fijó las características a las que deben responder los medicamentos de este grupo:

a) Mejorar el aprendizaje y la memoria.

b) Aumentar la resistencia contra condiciones que perjudican el aprendizaje.

c) Proteger al cerebro de agentes dañinos, tanto químicos como físicos.

d) Afinar los mecanismos de control de la tonicidad cerebral.

e) Estimular el flujo de información entre hemisferios cerebrales.

f) No producir efectos farmacológicos como un psicotrópico.

g) Una baja incidencia de efectos colaterales.

h) Una toxicidad mínima.

RESPUESTA A LA PRESIÓN

La receta para la inteligencia no sólo se expide contra enfermedades específicas como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH); ayuda a lidiar, por ejemplo, con el cansancio y en casos de privación de sueño.

Muchos nootrópicos pueden conseguirse sin receta.

Su uso está relativamente extendido entre los estudiantes de nivel superior en Estados Unidos.

Encuestas al respecto indican que hasta 35 de cada 100 universitarios norteamericanos estarían tomando estas sustancias.

¿Por qué lo hacen? La principal razón es cumplir con las exigencias académicas.

En una sociedad cada vez más obsesionada con el rendimiento y la competencia, así como entregada al estrés, las recetas para la inteligencia encuentren terreno fértil.

Todo sea por lograr una ventaja competitiva.

¿Qué hay de malo en optimizar y mejorar las propias facultades, el rendimiento y la agilidad de los procesos mentales?

¿Cuál es el problema con utilizar sustancias tan seguras como legales para responder a las exigencias, siempre en aumento, del trabajo y producir más y mejor?

Una respuesta preocupante a las preguntas planteadas es la posibilidad de que surja una cultura laboral donde sean vistas como algo normal prácticas ligadas al síndrome de desgaste ocupacional:

a) Cargas más pesadas para el trabajador.

b) Horarios más amplios y descansos mínimos.

c) Vidas orientadas a lograr una mayor productividad.

El lado amable de la moneda sería ocuparse menos horas, pero con mejor ritmo, más concentrados, de manera que la productividad sea mayor.

La esfera médica no escapa al debate en torno a una receta para la inteligencia.

¿Deben los cirujanos tomar nootrópicos para aumentar el número de consultas que brindan y practicar más cirugías?

Como paciente, ¿permitiría que lo opera un médico que consume drogas inteligentes?

Dar la afirmativa sería sencillo si existieran pruebas claras de que mejoran el desempeño y reducen de forma significativa la probabilidad de accidentes.

Los estudios disponibles no son concluyentes, es decir, no se puede afirmar de forma tajante que ayudan al estudiante a sacar mejores calificaciones y hace más productivo al trabajador.

POTENCIADORES

Las píldoras de las recetas para la inteligencia también reciben el nombre de “potenciadores cognitivos”.

Ese apelativo suele ir acompañado de una descripción como la siguiente: “Potencia la capacidad de planificar y tomar decisiones, tiene un efecto positivo en el aprendizaje y la creatividad”.

Un ejemplo de estas drogas inteligentes es el nootropil (cuyo ingrediente activo no es otro que el piracetam).

Su terreno de acción abarca trastornos de atención y memoria.

Puede ayudar con la adaptación al entorno que acompaña a una condición de deterioro mental debida a una patología cerebral degenerativa ligada a la edad.

Es decir, puede ayudar contra padecimientos de gran calado como el alzheimer lo mismo que con problemas de aprendizaje, falta de concentración, trastornos de la atención y falta de dirección.

También toma parte en el tratamiento del vértigo (y trastornos del equilibrio asociados) y de la insuficiencia vascular cerebral.

Consumidores de nootropil han reportado efectos secundarios como agitación, irritabilidad, trastornos del sueño, nerviosismo y cefalea.

La incidencia, sin embargo, es mínima; apenas el 3 % de los consumidores reporta resultados indeseados.

Canto de sirenas para unos, mejora evidente para otros, lo planteado por los defensores y promotores de los nootrópico es simple de entender: optimizan las funciones cerebrales, el aprendizaje, la memoria, la motivación, la concentración y la creatividad.

Quien tenga interés en obtener una respuesta personal sobre la conveniencia de usar drogas inteligentes, hará bien en consultar al médico de su confianza antes de iniciarse en su consumo.

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