El silencio contra el nuevo fascismo: accionar más allá de las molotovs

Por Camila Joselevich

Está en el corazón de todas las luchas, y ha sido siempre algo muy pensado, la urgencia por alzar la voz, la importancia del decir y el (d)enunciar, también la urgencia del canto y de la poesía, y en general de las prácticas políticas sonoras, sónicas, acústicas que se relacionan con las luchas antiautoritarias en general y anticapitalistas en particular. 

En el libro Beyond Molotovs esto aparece transversalmente en muchas de las experiencias que se compilan, y a veces incluso tiene una relevancia central, por ejemplo, en casos como el del “Frente de Liberación Sónica” en Palestina,1 o en el caso de la lucha zapatista (abordada en diferentes secciones del volumen), donde la toma de la palabra es un centro gravitatorio, por poner sólo un par de ejemplos. 

Sin embargo, quiero comentar en estas breves líneas acerca del caso opuesto y complementario, que es el del silencio y la escucha; de ninguna manera para contradecir los ejemplos tan vivos y relevantes que mencioné antes, sino para prestar atención a otras circunstancias y otras caras del mismo asunto.

Me apareció esta idea al leer, en el libro Beyond Molotovs, el caso de la Revista DeCenter publicada en India.2 Sus creadores comentan que el proceso de formación de la revista tuvo como eje de reflexión “cómo desmantelar las políticas de la marginalización” y, en ello, comenzaron por pensar cómo desplazar el centro, entre otras cosas el centro de la emisión de los discursos. Dicen ellos que una “íntima encarnación de ese descentramiento” tiene que ver con el acto de escuchar, no ya tanto el acto de hablar. Como si escuchar nos ubicara lejos del “yo” central protagónico del poder y, según piensan los editores, nos corre hacia los márgenes, hacia “las pendientes topográficas infinitas e inciertas”, donde las resistencias se arremolinan.3

Sólo voy a comentar algunas ideas al respecto a manera de constelación. 

¿Cómo responder a la embestida autoritaria del nuevo fascismo?, pregunta Javier Sigüenza en la invitación a la Primera jornada de estudios sobre la obra de Bolívar Echeverría. Si dicha embestida tiene —entre otras— la característica de la saturación sonora y visual, un bombardeo mediático que sirve al ordenamiento del mundo capitalista, una verbosidad compulsiva, abiertamente violenta que no permite pensar y tampoco permite actuar; quizá una posibilidad sea precisamente la desaturación que empieza por el silencio, la demora, la escucha; prestar atención antes que tener respuestas. 

Fracturar la red de sentidos que le dan coherencia al fascismo podría pasar, así, por el paralelo del sonido que es el silencio. Desplazarse del centro que enuncia, que dice y dice y dice, y busca tener siempre la razón, para ubicarse en la incertidumbre de la atención: prestar oído antes que afirmar una certeza segura y satisfecha con discursos veritativos y de alguna forma totalizadores. 

Börries Nehe, en la Introducción del libro Beyond Molotovs, habla de “convertir las herramientas de control en herramientas de emancipación”.4 El silencio, o, mejor, cierto tipo de silencio, ha sido siempre una herramienta y un dispositivo de control por parte del poder, sin lugar a dudas. Sin embargo, existen otros tipos, silencios reconvertidos, capaces de fungir como instrumentos de emancipación —y recupero aquí la propuesta de la querida colega Mariflor Aguilar—.5 En ese sentido, se trataría de “abandonar la creencia de que hablar es la única manera de participar creativamente en la política”, dice ella.6 O también, en términos de Alejandro Raiter y Julia Zullo, se trataría de introducir referentes sociosemióticos que no necesariamente discutan sobre los mismos signos ideológicos del poder,7 que no hablen su mismo idioma y que, de tal modo, terminen por desfondar su legitimidad. Nuevos referentes que no le repliquen al poder Soy más poderoso que tú, sino que le digan Tu idea de poder no me interpela: silencio antes que mayor volumen.

Pensado en sentido sónico, en sentido acústico, se trata de recalibrar la relevancia que se le otorga a tener la palabra, a sonar más fuerte, a sonar más tiempo, y con ello tener la razón en los quehaceres políticos. Recalibrar, pues, a qué se le presta atención y cómo; de qué maneras podemos ser capaces de distinguir, entre el ruido y la saturación fascista, lo que potencia la vida y lo que sirve en cambio a diferentes proyectos de muerte. Acaso exiliarse a nuevos horizontes de sentido y de sonido: la íntima encarnación del descentramiento, dicen los compañeros de DeCenter en India.

Luigi Nono, nacido en los años veinte y dedicado toda su vida a la lucha contra el fascismo además de la composición musical, escribió hacia los años sesenta un brevísimo artículo llamado “El error como necesidad”, donde se lee:

El silencio. 
Es muy difícil escucharlo. 
Es muy difícil escuchar, en el silencio, a los otros. Otros pensamientos, otros ruidos, otras sonoridades, otras ideas. A través de la escucha, intentamos habitualmente encontrarnos a nosotros mismos en los otros. Queremos encontrar nuestros propios mecanismos, nuestro propio sistema, nuestra racionalidad en el otro. Hay en esto una violencia totalmente conservadora. En lugar de escuchar el silencio, de escuchar a los otros, esperamos escucharnos todavía una vez más a nosotros mismos.

Luigi Nono

Quizá se trate de ser capaces de otros modos de escucha y otros modos de protección del silencio para gestionar y accionar, precisamente, más allá de las molotovs.


Libro de descarga libre:

International Research Group on Authoritarianism and Counter-Strategies and Kollektiv Orangotango (eds.), Beyond Molotovs – A Visual Handbook of Anti-Authoritarian Strategies. A Visual Handbook of Anti-Authoritarian Counter-Strategies, Transcritpt Verlag, Bielefeld 2024. 


Referencias

1 Beyond Molotovs, p. 323 y ss.

2 Ibid., p. 242 y ss.

3 Ibid.

4 Beyond Molotovs, p. 19.

5 Cf. M. Aguilar, “Cultura de escucha, condición de la democracia”. Instituto Federal Electoral, México, 2004, p. 16.

6 Ibid.

7 Cf. A. Raiter y J. Zullo, Lingüística y política. Biblos, Buenos Aires, 2008, pp. 19-22.