Arturo Meza explora el enigma femenino en su novela ‘La música de Florentina’

Arturo Meza canta frente a un micrófono y toca una guitarra
FOTO: Arturo Meza (2025) POR: ProtoplasmaKid vía Wikipedia CC

Por Miriam Canales

Nacido en 1956 en la Ciudad de México, Arturo Meza se ha desarrollado como compositor, principalmente dentro del rock mexicano, además de explorar otros territorios musicales a través de discos como Ayunando entre las ruinas y proyectos de los años setenta como Voldarepet.

Desde hace más de 40 años explora otras artes, como la pintura, moviéndose entre lo experimental, lo inclasificable y lo riesgoso. Su pluma inquieta no solo ha fungido en la lírica musical; su obra literaria es vasta de igual manera y un ejemplo es La música de Florentina (Meza Editor, 2024), novela ambientada en la época del peronismo en Argentina, donde da vida a Florentina, personaje femenino inmerso en toda clase de vicisitudes sociales, políticas y personales. Desde temprana edad, la chica tiene que luchar contra el machismo en la búsqueda de su voz propia y de su lugar en el mundo.

Es así como Meza, “el poeta de ninguna parte”, “el último unicornio” —según su biografía escrita por Mario Alquicira— construye la historia de Florentina, hija circunstancial de un gitano y una italiana que emigran al cono sur en 1930, cuya vida cambia al conocer el sonido del Bandoneón. 

Se trata de una historia familiar cargada de intensas pinceladas femeninas, momentos desgarradores y cuitas profundas, escrita en una prosa conspicua que juega con el castellano y el italiano por igual.

¿Por qué crear a un personaje femenino como Florentina?

Era necesario que fuera mujer porque para mí la mujer es un enigma; su vagina, su clítoris, el hecho de que sea abierta, explore más… Los hombres somos muy cerrados, necios y se manifiesta en nuestra personalidad. Lo estamos viendo y lo vamos seguir viendo día con día: a partir de esta década que empezó ya nada va a detener a la mujer.

¿Podrías profundizar en ese tema del enigma?

Cuando estudié medicina se nos decía que la matriz está conectada a la cuarta dimensión y de ahí jala la esencia del crío: ahí está la magia de la alquimia sexual. Para que el hombre aborde esas dimensiones necesita penetrar con devoción, amor y humildad el sagrado templo. 

Como ella es la portadora de la energía cósmica, se le reprimió tanto aquí como en todas partes, así como la Coyolxauhqui que fue descuartizada, por ejemplo. Entonces, para mí, la mujer es la gran energía. 

Tengo otro libro que pronto saldrá y es un himno a ella, a la divina madre Tonantzin, la auto generadora, la que se crea sin necesidad de semen… son símbolos.

Por eso, la mujer es un enigma y Florentina tenía que serlo: para hablar de la música que yo quería, del tratado de filosofía musical, de la gran armonía que puede jalar desde la tierra, es un ángel y es consciente, lo asume y lo sabe porque no le interesa un público sino cantarle al mar, a las calles o a los hospitales y que la gente se llene de armonía.

¿Qué es lo que te atrajo del peronismo en Argentina? ¿Por qué escogiste ese contexto tan particular?

Bueno, más que nada porque es un país y una sociedad de migrantes; yo necesitaba un personaje así y que fuera mujer. Todo embonó perfectamente: el gitano, la italiana, la Florentina y sus hermanos. 

Yo tengo un cierto aprecio a la primera fase de Juan Domingo Perón y Evita, porque ella enfrenta al poder de los sapos, eclesiástico, manipulador. No estaba de acuerdo con que se les diera acceso a los nazis canalizados por la iglesia católica, ese fue el primer pleito con él (Juan Domingo Perón), y él lo asume, cambia mucho; la transformación descrita hacia “los descamisados” —o pobres— es por ella. Es muy femenina esa revolución inicial con la postura y el enamoramiento de él hacia su esposa, es un homenaje de mi parte. Todo el pueblo la quiere mucho, el pueblo jodido.

Volyana, hermana de Florentina, fue el personaje que más me llamó la atención así como la describes: blanca, más atractiva que sus hermanas…

Sí, era demasiado hermosa, totalmente apetitosa para los lujuriosos; eso la fastidiaba a ella y a todos. La comprenden cuando quiere dedicarse a ser solo costurera y se entiende que hace obras muy lindas, pues las lleva a ofrecer a la gente rica; era una artista y después se desaparece.

Hay una frase que se me quedó muy grabada: “Las italianas somos libres, somos rebeldes, como pájaros”.

Sí, es lo único que le dicen a Florentina; su mamá siempre decía: “Déjenla que improvise, haga tango, lo que ella quiera”, y luego querían reprimirla.

¿Cómo abordaste la escritura de los diálogos en italiano? ¿Has estudiado ese idioma?

Sí, estudié italiano en la facultad como segundo idioma, y era necesario también el romaní, algunas cosas, muy leves, y le da cierto encanto cuando la señora habla a los chicos; le da contexto y personalidad a los personajes.

¿Cómo es tu disciplina para escribir? ¿De qué lecturas te nutres?

Desde un principio me nutrió la experiencia de mis padres: mi primer encuentro con el mundo fue el dolor. Él era médico y a la casa llegaba gente balaceada, descuartizada, parturienta, ese fue mi motriz. 

A partir de ahí aprendí a fluir, tanto en la música, como en la literatura y la pintura. Vivo sin bloqueos, en las relaciones también, con la gente. Yo no ando mostrando lo que no soy y eso me permite fluir. 

Si a las dos de la mañana me despierta algo y hay cosas y no sé qué es, como decía Julio Cortázar: “Yo nomás disparo”. De ahí la idea la desplazas, la caminas.

Leí en la prepa mucho a Borges, a los poetas. Hice mi propio laboratorio para definir quién era yo, quién era Arturo. Me dediqué a consumir plantas sagradas como hikuri y me afiné un poco más a nivel energético. Florentina es una mujer que no requiere meterse nada, agarra el bandoneón y sabe dónde están las cosas. 

Tienes una obra literaria muy vasta, ¿cómo te decides a escribir esta producción la mayor parte del año?

Todo el tiempo, tengo una disciplina de muchas horas. Cuando no toco, estoy en casa y preparo comida, lo disfruto mucho, es un ritual hermoso el de alimentarme bien, limpio, sanamente, y escribir y dormir también. El tiempo día–noche no me interesa, mientras no falte a un concierto. Puedo trabajar a la una o cuatro de la mañana, por eso tanta obra. Tengo 42 libros en total.

¿Cuál es la obra que te falta por hacer a tus casi 70 años? Lo que tú consideres: “no puedo morirme sin escribir tal cosa”.

Ya la hice: Ozomatli, creo que esa es. La tengo participando en un concurso literario, si le va mal la sacaré por mi cuenta, ya la mandé a dos, la he pulido últimamente. Tengo mucha obra que no he publicado. Hay una que tiene que ver con la música, todo lo que yo soy, menos biográfico que El último unicornio, más desde la perspectiva de la creatividad, no tan novela, es un ensayo.