Lucila Navarrete Turrent
En Mal de archivo. Una impresión freudiana, Jacques Derrida plantea que todo archivo tiene una función similar a la del aparato psíquico: reunir y remover impresiones, huellas, —¿escrituras?— que son susceptibles de ser olvidadas, parcialmente dichas, ocultadas o exhumadas. Hay un «mal de archivo» porque los seres humanos tenemos la pulsión de conservar y, al mismo tiempo, de destruir. ¿El olvido se parece a la muerte y la rememoración a la vida?
La destrucción de acervos, la falta de recursos para crear y sostenerlos, el despojo de patrimonio, la quema y robo de documentos, son una constante en la historia de la humanidad, pero particularmente en América Latina, nos dice así la investigadora argentina Beatriz Colombi.
Una de las características de los archivos latinoamericanos es que se encuentran esparcidos, relocalizados, fragmentados. Tal es el caso del Códice Florentino de Bernardino de Sahagún o el Códice Mendoza, que se encuentra en la Universidad de Oxford, o las numerosas cartas y diarios de escritores latinoamericanos que se conservan en la Universidad de Princeton o en la Universidad de Texas en Austin, por citar unos cuantos casos.
Como dice Colombi, «la dispersión en distintos depósitos del mundo (España, Austria, Alemania, Italia, Inglaterra y Estados Unidos) es idiosincrática de los archivos latinoamericanos. […] Este desmembramiento y diseminación geopolítica del archivo ha afectado su interrelación, clasificación e interpretación».
La digitalización, en este sentido, ha permitido paliar, en parte, un problema histórico que arrastramos en relación con nuestra herencia cultural. Sin embargo, los archivos digitales representan aún una proporción mínima del fenómeno en su conjunto.
Todo esto viene a cuenta porque la página web “Bolívar Echeverría: discurso crítico y filosofía de la cultura”, que en 2027 cumplirá 20 años de haberse lanzado por primera vez, es, en realidad, un archivo, un archivo digital que busca, reúne, conserva, dispone al público en general y con acceso libre la obra de uno de los pensadores más importantes que ha dado América Latina: Bolívar Echeverría (1941-2010), filósofo de origen ecuatoriano que se naturalizó mexicano, se formó en Alemania, fue traductor, ensayista y reseñista, así como profesor emérito de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México desde 1988 hasta su muerte en 2010.
Echeverría fue un pensador heterodoxo que, sobre la senda de la obra de Karl Marx, Martin Heidegger, Jean Paul Sartre y la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt, profundizó con rigurosidad en la idea de la modernidad, particularmente en sus versiones latinoamericanas, además de contribuir, desde la filosofía, a una teoría de la cultura, a pensar el barroco latinoamericano como un ethos y la relación estrecha entre modernidad capitalista y blanquitud.
Pero quiero volver al tema de los archivos, pues éstos no sólo se componen de las obras publicadas en vida o de manera póstuma. Si fuera así, la tarea sería relativamente sencilla. El esfuerzo reside, más bien, en recuperar, editar y rehabilitar las distintas formas de intervención de un pensador, en este caso Bolívar Echeverría, cuya praxis atravesó distintos espacios y formatos: discursos, reseñas, entrevistas, ensayos, libros. Fue, asimismo, editor y animador de publicaciones periódicas de calado notable para la izquierda latinoamericana, tales como las revistas Pucuna (1961-64), Cuadernos Políticos (1974-89), Latinoamérica (1962-67), y Contrahistorias La otra mirada de Clío (2003-). Estas formas de incidencia permiten advertir un perfil comprometido con el diálogo constante y el trabajo colectivo.
La página de Bolívar Echeverría evidencia uno de los fenómenos más interesantes de la producción de conocimiento en América Latina: la producción, en este caso teórica y filosófica, no adopta la forma del tratado (como suele observarse más en la filosofía europea), sino que, en estrecha proximidad con las circunstancias históricas y socioculturales del subcontinente, casi siempre atravesadas por la urgencia y el llamado a la transformación, adquiere la forma del ensayo, el discurso, la reseña, la crítica literaria…
Así, el conocimiento filosófico no puede reducirse a una mera especulación o a la abstracción en pos de universales. Como señala Javier Sigüenza en un artículo, «la producción teórica de Echeverría tiene que ser vista como un esfuerzo por dotar de insumos teóricos a la izquierda revolucionaria». Se trata de un tipo de praxis política que tiene por objeto «combatir la intención político-oligárquica que organiza a la política en un Estado nacional capitalista», así como insistir en una «necesidad antirracista de profundos alcances civilizatorios».
La trayectoria de Echeverría destaca particularmente por su incidencia en múltiples ámbitos, incluyendo las aulas de la UNAM, donde en ocasiones sus alumnos tenían la precaución de grabar sus cursos, tal y como ocurrió con las premisas que darían vida al estimulante libro Definición de la cultura. Además, se le distinguía por su timidez, su sencillez y generosidad. Llegó a formar a muchas generaciones de estudiantes y siempre fue receptivo a sus observaciones y pareceres. Era un marxista libertario, de un humor irónico muy fino, tímido y lúcido que logró darle continuidad a la obra de Karl Marx al trabajar especialmente la noción de “forma natural de la reproducción social”, entre otras inquietudes que emprendió con dedicación y rigurosidad.
En el año 2000, el entonces estudiante de la licenciatura en Filosofía, Javier Sigüenza, comenzó a asistir a los cursos de Bolívar Echeverría. Seis años después fue invitado por él a ser su asistente de investigación, labor que desempeñó hasta 2009. Además de una amistad intelectual, el vínculo ha rendido frutos desde entonces. En 2007 se estrenó, en vida del pensador, la página web bolivare.unam.mx, que primero sirvió para difundir los programas de sus cursos, hasta que poco después se convirtió en un repositorio. Albergada en un servidor de la UNAM, la web ha sido consultada por estudiantes, investigadores y lectores en todo el mundo. Algunos de los documentos que ahí están no se consiguen más que en los archivos de origen o en documentos personales.
En 2025, en el marco de los 15 años del fallecimiento del pensador, se lanzó una nueva y renovada versión de la página por iniciativa de Javier Sigüenza, que contó con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo y el Seminario Universitario de la Modernidad Versiones y Dimensiones (SUM-UNAM), en la que además participa, como webmaster, Sergio Esquivel Madero.
Javier Sigüenza, responsable de la página, es doctor en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se formó, asimismo, en la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad Libre de Berlín y la Universidad de Friburgo en Alemania. Actualmente se encuentra realizando una estancia de investigación posdoctoral por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) en la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco con el proyecto “Modernidad e interculturalidad. Un diálogo entre filosofía y ciencias sociales”. Es miembro fundador del Seminario: “La modernidad: versiones y dimensiones” de la UNAM y ha sido docente en la Facultad de Filosofía y Letras, 17, Instituto de Estudios Críticos y de la misma UAM-X.
A la par de sus labores como investigador, administrador y editor de la página web, Sigüenza ha estudiado ampliamente el pensamiento de Echeverría, lo que lo ha llevado a animar seminarios, proyectos colectivos y publicaciones colegiadas en torno a su obra. Ejemplo de ello es el libro Blanquitud, cuerpo, devastación. Estudios sobre la obra de Bolívar Echeverría (2024), en el que también participaron como coordinadores Andrés Luna Jiménez y Ángeles Smart.
En una de sus últimas publicaciones, Sigüenza estudia la noción de “mestizaje”, entrada con la que participa en el Diccionario histórico crítico del marxismo. Asimismo, desde una perspectiva teórico-filosófica ha profundizado en las ideas de “racismo” y “blanquitud”, factores constitutivos de la modernidad capitalista.
Como corolario deseo hacer énfasis en los frutos que una relación intelectual y de amistad como la que sostuvieron Echeverría y Sigüenza puede significar para que nosotros recibamos y trabajemos activamente una herencia cultural y teórica. Pues como advertía Jorge Luis Borges en “La muralla y los libros”, hay una relación, siempre estrecha y problemática entre el poder político y el acopio, clasificación y disposición de documentos. El poder de resguardar es, también, un poder de jerarquización, de olvido o destrucción. «Leí, días pasados, que el hombre que ordenó la edificación de la casi infinita muralla china fue aquel primer emperador, Shih Huang Ti, que asimismo dispuso que se quemaran todos los libros anteriores a él”, apunta Borges. En este sentido, la página potencia la capacidad del archivo para preservar la memoria y el legado intelectual de Echeverría, que continúa diciendo tanto sobre el acontecer latinoamericano y la necesidad de teorizar desde el ejercicio de la crítica y la intención revolucionaria.
*La primera versión de este texto fue leída por su autora durante la presentación de la página web “Bolívar Echeverría. Discurso crítico y filosofía de la cultura”, celebrada el 6 de mayo de 2026 en el Aula Milenio de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Coahuila.




