Antonio Russek y la historia olvidada de la electrónica experimental mexicana

Miriam Canales

A inicios de los ochenta, mucho antes de llenar festivales, tanto el rock como la electrónica navegaban todavía en las turbulentas aguas del underground y el semiclandestinaje. 

La década comenzaba a romper con la vieja escuela de composición sinfónica, pero no rozaba el techno ni la música de pista de baile. 

En ese contexto, un grupo de músicos mexicanos, más afines a John Cage o Pierre Henry, experimentaba con cintas magnéticas, sintetizadores rudimentarios y composiciones abstractas. 

Así fue como en 1984 apareció el disco Música Electroacústica Mexicana, que reunió las exploraciones sonoras de Antonio Russek, Vicente Rojo Cama, Roberto Morales Manzanares y Raúl Pavón Sarrelangue. 

Cuatro piezas conforman el material: “Para espacios abiertos” (Russek), “Fantasía cósmica” (Pavón), “Agua derramada” (Morales) y “Vulcan” (Rojo). Cada una posee tonalidades oscuras y abstractas, con sonidos industriales y misteriosos. 

La reciente reedición en vinilo de ese álbum por parte de la disquera independiente Aurora Central Records es el pretexto perfecto para volver a poner atención en esa generación pionera en la experimentación del sonido, la manipulación electroacústica y la escucha expandida, a través de uno de sus exponentes más reconocidos: el lagunero Antonio Russek.

Pionero del arte sonoro y la electrónica en México

Antonio Russek es especialista en ambientaciones sonoras para museos y galerías, videoarte e instalación, cine, teatro, videodanza, radioarte y accionismo, así como escultura sonora, instrumentos y dispositivos electroacústicos. 

En 50 años de vida profesional su obra se ha presentado en 18 países y ha recibido diversos premios y distinciones.

Nació en Torreón, en 1954. Estudió en la Escuela Carlos Pereyra y posteriormente, bajo la formación lasallista en el Instituto Francés de La Laguna, comenzó a relacionarse con las artes escénicas, de modo que sus primeras obras sonoras fueron para danza y teatro entre 1972 y 1973. 

Anteriormente, se había involucrado en otros géneros como jazz y bossa nova, sin embargo, gracias a su cercanía con gente como Magdalena Briones o el actor Rogelio Luévano, ambos ya fallecidos, se mantuvo vinculado a la comunidad teatral, según relató en una entrevista por videollamada. 

Forjado en el ex Distrito Federal

Más tarde partió al entonces Distrito Federal (hoy Ciudad de México), donde compartió departamento con su amigo personal, el actor Humberto Zurita, mientras éste estudiaba actuación en el Centro Universitario de Teatro de la UNAM (CUT). 

A principios de los ochenta fundó el Centro Independiente de Investigación Musical y Multimedia (CIIM) en la colonia Condesa del ex Distrito Federal. Ahí realizó una importante tarea editorial produciendo discos, conferencias, asesorías, difusión y curaduría para conciertos de electrónica. 

Fundó y dirigió de igual modo el Laboratorio Multimedia para el colectivo Alberca Artes AC y el Laboratorio de Sonido para la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. 

De esa etapa en la capital del país es su pieza “Para espacios abiertos”, producida en 1981. Consiste en una composición electroacústica para cinta magnética a ocho canales y fue presentada en un evento público en el marco de la Muestra de Escultura de ese año.

En 1985, tras el sismo, se mudó a Cuernavaca, donde hasta la fecha reside con su esposa.

Su influencia en la escena

Durante los años en que dirigió el CIIM cuando emprendió todo tipo de aventuras y conoció gente nueva y con ganas de adentrarse en la electrónica. 

Entre ellos destacan Samir Menaceri y Roxana Flores Larraizar, reconocidos por integrar el dueto Interface, así como por su participación en otros proyectos musicales como Los Agentes Secretos, junto a Carlos Robledo, durante la segunda mitad de los ochenta, y el disco Música para después de la batalla que crearon con Rojo Cama.

La aportación de Russek dentro de la producción discográfica del dueto fue notable, con un sonido duro e industrial en su ambiciosa propuesta de decadencia futurista. 

Pese a sus impecables discos Autómata, Extinción y Dictadura, Interface no logró éxito comercial, y hasta la fecha no han sido reeditados, de modo que resultan difíciles de hallar y se cotizan en altos precios. 

Una vez desintegrado el dueto, Roxana Flores colaboró en otro proyecto llamado OD, luego emigró a Berlín, Alemania, llevando hasta allá el legado musical del lagunero. 

Hace dos años, Terregator (1987), una de las canciones de la artista, fue incluida en una compilación titulada Back Up Dos: Mexican Tecno Pop, editada por la disquera Dark Entries de San Francisco, California.

Pilar de la música electroacústica y el arte sonoro

En septiembre de 2024, la Fonoteca Nacional efectuó un homenaje a Antonio Russek. 

“El icónico artista, productor y compositor de vanguardia, considerado pilar de la música electroacústica y el arte sonoro en México y referente musical en América Latina”, se lee en el boletín que la Fonoteca difundió junto con la invitación al evento, “celebra más de cinco décadas de trayectoria, así como su 70 aniversario de vida, presentando su más reciente obra: Crepúsculo/Alba, que contiene material inédito de sus más recientes 20 años como artista”. 

Esa tarde lo acompañaron su compañero Rojo Cama, Galo González, Daniela Olmedo y Dulce Huet.

En noviembre de 2025, la Casa del Lago del Bosque de Chapultepec llevó a cabo la serie de conversatorios “Hablar de música es la nueva música”, que dedicó una sesión al relanzamiento de Música electroacústica mexicana. 

Sin reconocimiento en Torreón

Actualmente, Russek mantiene una relación distante con su ciudad natal. Desde que fallecieron sus padres no suele visitar Torreón, aunque le sobreviven sus hermanas, según comentó a esta reportera. 

Hasta el momento ninguna autoridad cultural ha considerado otorgarle algún reconocimiento especial por su trayectoria, pese a que ha sido propuesto en la convocatoria de Ciudadano Distinguido. 

Cabe señalar que mientras el Museo del Desierto, en Saltillo, Coahuila, lo hizo parte del recinto al dejar en sus manos la producción de Música del desierto (1999), proyecto de paisaje sonoro para ambientar sus salas, en Torreón ningún museo o recinto cultural alberga su música.

En tanto, Russek permanece en su hogar de Cuernavaca componiendo, con lucidez y apertura a sus más de 70 años de edad, vinculándose con talentos más jóvenes, incluidas artistas como Malitzin Cortés o Concepción Huerta. Es un artista que sigue dando pasos hacia adelante, con el oído abierto entre lo tradicional y la modernidad tecnológica.