El legado de Bamboo Basti

Cuatro Personas con bicicleta de bamboo Bamboo Basti y Ruedas del Desierto

Francisco Valdés Perezgasga

Un jueves en la noche, a finales de junio de 2019, en la Torre Eiffel de Gómez Palacio, nos disponíamos a salir en el tradicional paseo nocturno de Ruedas del Desierto, cuando llegó un joven rubio, con la piel tostada, en una bici hecha de bambú. Se trataba de un cicloviajero alemán, Sebastián Guttman (alias Bamboo Basti), quien se encontraba dándole la vuelta al mundo en su extraña bici.

Lo invitamos a acompañarnos pero, como era de esperar, lo que él quería era llegar al sitio donde iba a cenar y a pernoctar. Tras cientos de kilómetros en la carretera, bajo el sol de justicia de los Llanos de Durango y del Desierto Chihuahuense, un paseo con Ruedas del Desierto era pedir demasiado. Su destino era una casa en El Fresno, en Torreón, donde le habían ofrecido alojamiento y comida.

Dar la vuelta al mundo en bici, con tus propias fuerzas, requiere de una fortaleza física y mental fuera de lo común. Sebastián es vegano por convicción, de manera que su ejemplo tiraba la imagen que del vegano tiene el carnívoro como una persona carente de fuerza y forma física.

Siendo vegano y ciclista, Sebastián abrazaba otra causa, la de forestar por aquellas ciudades y pueblos por los que pasaba al tiempo que pregonaba el evangelio pedal y vegano.

Al pasar por La Laguna, Bamboo Basti ya llevaba cubierta la mayor parte de su recorrido que había iniciado en Alemania con rumbo al oriente. Le faltaba el norte de México, los Estados Unidos hasta algún puerto de la costa este y una parte de Europa occidental hasta llegar de nuevo a su natal Friburgo, en la Selva Negra.

Desde Ruedas del Desierto le ayudamos a que se conociera su aventura, lo acompañamos al radio y organizamos una conferencia de prensa el siguiente sábado en la Torre Eiffel. La ocasión serviría para plantar junto con él tres árboles de buen porte en la parte norte de la plaza donde está la torre.

Los árboles se plantaron, los medios recogieron la nota y las imágenes correspondientes y ya para el domingo, Bamboo Basti reanudó su vuelta al mundo.

Durante casi cinco años cuidamos de los árboles. Cada jueves, antes de la rodada, Cuquis Loya llevaba una manguera y los regaba, al árbol más lejano le acercábamos el agua en cubetas. Uno de los tres arces no pegó, pero los otros dos fueron creciendo gracias al agua que le entregábamos y al generoso sol lagunero.

Hace meses el ayuntamiento de Gómez Palacio anunció la privatización del espacio público adyacente a la torre. Se acomodarían diversos changarros para acentuar las pretensiones parisinas del sitio. En la remodelación, desgraciadamente, los dos arces que plantó Sebastián y que cuidaron durante años Cuquis Loya y Ruedas del Desierto, fueron talados.

No sé usted, pero yo no entiendo esa saña para con un ser vivo. No sólo vivo, cada día vamos sabiendo que las plantas también son seres sentientes, con agencia incluso. Supongo que la soberbia de quien mandó su tala no debe ser lejana a la crueldad y el desprecio que debe tener hacia otros seres, incluso humanos.

Un legado en ciernes, con una bella historia detrás, la de Sebastian Guttman, Bamboo Basti, el alemán que le dio la vuelta al mundo en bicicleta sembrando árboles, fue destruido en un acto insensible y vandálico. Un hueco inmenso, afectivo y físico, se abrió en nuestra comarca en un acto irracional, cruel y arboricida. Eterna infamia a quien lo ordenó y a quien destruyó el bello legado de Bamboo Basti y Ruedas del Desierto.