Eclipse total: carta abierta a los tres niveles de gobierno sobre el acontecimiento astronómico

OBSERVACION ECLIPSE TELESCOPIO TASAJILLO
Astrónomos del IPN brindaron charlas en El Tasajillo. FOTO: Jessica Ayala Barbosa

El pasado viernes 5 de abril acudí al aeropuerto de la ciudad a recoger a un familiar. En la sala de llegadas observé que apenas habían tres mamparas con información sobre el eclipse total de sol, dos de ellas con varios errores de ortografía, una clara señal, de entre muchas otras, de la prisa con la que el Gobierno preparó los materiales para informar a la población y a los visitantes sobre el fenómeno astronómico que ocurrió el pasado el lunes 8 de abril.

Mientras escaneaba los códigos QR de las mamparas observé que, del vuelo proveniente de la Ciudad de México, llegaban expertos y aficionados que venían con el propósito de observar el fenómeno e impartir charlas en distintos espacios, como ocurrió en el centro de educación ambiental El Tasajillo —donde presencié el eclipse— al que acudieron astrónomos del Instituto Politécnico Nacional, pertenecientes al proyecto Ruta Eclipse.

Por sus condiciones climáticas idóneas para la observación del cielo, la NASA eligió con anticipación a la ciudad de Torreón para transmitir el eclipse desde el Planetario. Sin embargo, merece la pena preguntar cuántos astrónomos de instancias nacionales o internacionales, cuántos científicos divulgadores estuvieron aquí por invitación expresa del Ayuntamiento o del Gobierno de Coahuila a impartir capacitaciones y pláticas con el objeto de involucrar activamente a la población respecto del fenómeno.

¿Cuántos de las y los expertos pudieron acercar la ciencia a estudiantes de todos los niveles? Se sabe que la Sociedad Astronómica de La Laguna se involucró en una parte de la difusión, pero ¿qué sucedió con el papel de las instituciones gubernamentales? ¿Qué iniciativas tuvo el Gobierno municipal o el estatal, más allá de la alianza con la Sociedad Astronómica, y cuyas actividades comenzaron apenas en febrero pasado?

Lo que sí hizo el Ayuntamiento de Torreón fue preparar una serie de actividades en coordinación con el Instituto Municipal de Cultura y Educación (IMCE). Pero, ¿acaso el eclipse es competencia exclusiva del sector cultural y de turismo? ¿Qué pasó con la Dirección de Medio Ambiente y con Jurisdicción Sanitaria 6? ¿Qué pasó con las universidades públicas, más allá de preparar sitios de observación seguros?

Las danzas, los conciertos musicales, la proyección de películas y el préstamo de lentes certificados terminaron por darle folklor y contenido al eclipse en los principales espacios públicos de la ciudad, pero nada más.

Material de difusión con errores ortográficos.

No obstante, no todo ha sido incompetencia del Gobierno municipal. Previo a las vacaciones de Semana Santa, las autoridades federales y estatales aún no anunciaban medidas para desarrollar las actividades ordinarias en el marco del acontecimiento: escuelas, universidades y centros de trabajo se mantuvieron a la espera.

El silencio dejó en ascuas a las y los padres de familia, quienes antes de que la Secretaría de Educación Pública comunicara la suspensión de clases a tan sólo cinco días del eclipse, tenían que tomar la decisión de si mandar o no a sus hijos a la escuela, planear alguna excursión, pedir permiso en el trabajo, etcétera.

Este hecho es tan sólo un síntoma más del escaso interés que el gobierno y nuestras instituciones le prestan a un fenómeno que tiene el potencial de fortalecer la ciencia y divulgar el conocimiento sobre los astros.

Hay que recordar que a fines de 1990 el Gobierno federal creó la Comisión Intersecretarial para el Eclipse 1991, destinada, entre otras cosas, a promover en todos los rincones del país el avistamiento responsable con el fin de prevenir daños oculares.

Entre otros acuerdos estaba: adoptar medidas para el estudio, difusión y apreciación del eclipse del 11 de julio, y promover la participación de la comunidad científica para investigar y observar el fenómeno.

El 27 de marzo pasado, Julieta Fierro Grossman, astrónoma mexicana e investigadora del Instituto de Astronomía de la UNAM, señalaba en una entrevista para Milenio que, a diferencia del eclipse de 1991, en esta ocasión el Gobierno federal se negó a crear una comisión para coordinar las actividades en torno al eclipse.

Aun y los insistentes exhortos de Fierro Grossman a la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Salud, la científica sólo fue ignorada.

Toda la falta de interés y, consecuentemente, de coordinación, han sido propicios para fomentar el turismo irracional, sobre todo en Áreas Naturales Protegidas y pequeños pueblos, como bien lo señaló la antropóloga Alejandra Trejo Poo en su artículo «Eclipse social» para Plaza Pública.

Las autoridades han dejado ir un fenómeno astronómico con enorme potencial para dimensionar el valor de la física y la astrofísica en el país; han reducido el eclipse al turismo y el espectáculo, y la astronomía a un adorno.

Lamento que las más jóvenes generaciones no hayan podido aproximarse a una experiencia más profunda que les permitiera despertar en ellos y ellas la curiosidad y la certeza de que la astronomía también puede ser una profesión.