Eclipse social; una breve introducción sobre el fenómeno atronómico del próximo 8 de abril

Una breve introducción sobre el fenómeno social del eclipse de sol

Personas observando un eclipse en escena de la película Rojo de Benjamin Naishtat
Fotograma de la película Rojo (Benjamín Naishtat, 2018).

Por Alejandra Trejo Poo

A lo largo de la historia de la humanidad, los eclipses solares siempre se han asociado con diversos miedos puesto que se creían (y algunas veces se sigue creyendo) como malos augurios y causa de catástrofes. Lo interesante de nuestros tiempos es que, aun con el saber de la ciencia, existen temores a causa de la manifestación de la oscuridad durante el día debido a que la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra.

La palabra eclipse proviene del griego έκλειψις, ekleipsis, que literalmente se traduce como “abandono”, “desaparición”, “deserción”. En un inicio, Heródoto (485 – 424 a.C.) utilizaba este término sin aludir al Sol y la Luna, posteriormente el historiador Tucídides (460 – 396 a.C.) lo refirió para los eclipses de Sol, y finalmente Aristóteles (384 – 322 a.C.) retomó la palabra para los eclipses de luna.

El eclipse solar total, siendo un gran evento astronómico y un gran espectáculo en el cielo, como lo dice Pink Floyd (The Great Gig in the Sky) −incluso más llamativo que el eclipse solar anular− tiene múltiples repercusiones sociales y culturales en nuestra actualidad. Sobre todo, a nivel económico a partir del turismo que se exalta, pero también a nivel social por todas las consecuencias que tiene un evento astronómico y completamente alejado de nuestras manos.

A partir del siguiente eclipse solar que ciertos estados de la República Mexicana están por vivenciar el próximo lunes 8 de abril del presente año, principalmente Sinaloa, Durango y Coahuila, encontramos múltiples implicaciones que vale la pena resaltar en estos momentos que ya estamos por vivir el fenómeno, puesto que no sólo es un evento causado por las fuerzas de la naturaleza, sino que este mismo arrastra secuelas de increíble magnitud a nivel humano. Es por ello que encontramos un eclipse social por distintas variables que ahora vamos a mencionar.

El eclipse turístico

Por una parte, la demanda de diversos aditamentos para vivenciar el eclipse sufrió un gran incremento, tales como lentes certificados con filtro y telescopios solares. Pero también existe un exceso de oferta de viajes turísticos que promueven y venden la experiencia de vivir el eclipse solar en lugares en los que se asegura tener una muy buena perspectiva del fenómeno. A través de la revisión de distintas propagandas sobre viajes hacia el eclipse por vía terrestre, encontramos múltiples aspectos que nos hacen dudar respecto a la conciencia de cómo manejar un suceso tan cotizado, en el que asistirán grandes cantidades de personas a distintos destinos, y que evidentemente traerá enormes consecuencias más allá del derrame económico.

Así como predominan los viajes hacia lugares remotos como Mazatlán, Sinaloa, o Cuatrociénegas, Coahulia, también se ofrecen visitas a diversos pueblos mágicos de muy poca población, o zonas desérticas y aisladas de áreas urbanas; es decir, sitios que cuentan con poca infraestructura para contener a una gran cantidad de población turística. Con esto nos referimos a elementos esenciales como: despensa y alimentos suficientes, servicio de baño y limpieza, hospedaje, soporte técnico para internet y luz, disponibilidad de cupo para todo tipo de automóvil, capacidad de sostener grandes cantidades de basura, entre otros.

Por decir un ejemplo, existen ciertos datos compartidos por habitantes locales de Coahuila que demuestran lo siguiente: Cuatrociénegas es un municipio de aproximadamente 12 mil 220 habitantes (censo de 2005), el cual espera recibir alrededor de 15 mil turistas el día del eclipse, por lo que la misma localidad ya se ha mentalizado a prepararse para tener los suficientes insumos (alimentos, utensilios, gasolina) en los días del gran auge, y a su vez la misma población prevé un posible déficit en servicios como luz e internet a nivel general, puesto que el pueblo no está preparado para soportar el doble de su población.

Por otro lado, sabemos que la misma demanda de hospedaje en ciertos sitios, ha incrementado de manera descomunal los costos de los hoteles. Para el mismo caso de Cuatrociénegas, tenemos el dato de que el costo de la noche que en algunos alojamientos llega a costar $3,000 MXN, pero para el día del eclipse esos mismos cuestan alrededor de $18,000 MXN, aspecto que nos hace ver la magnitud en la que se puede lucrar por un acontecimiento que no es manipulado ni controlado por la humanidad, por lo tanto no debería de cotizarse a un extremo que parece que sólo es accesible a personas con cierto prestigio (económico y también geográfico).

En diversos puntos vemos que muchas de las agencias turísticas no son conscientes de la mayor parte de las variables que engloba llevar grandes cantidades de gente a una localidad. Por un lado vemos la persistencia de empresas que buscan lucrar y generar excesivas ganancias económicas más que ofrecer algo digno para los visitantes y los habitantes de las zonas, ya que no se sabe si conocen el giro de este tipo de viajes en cuanto a manejar grandes masas, organización de actividades, orientación para no sufrir daños oculares en la observación del eclipse, así como las múltiples consecuencias que surgen cuando llegan grupos masivos a un lugares desconocidos, tales como: contaminación, generación de basura, desconocimiento de normas establecidas en ciertos pueblos, respeto a los habitantes locales, entre otros.

Existe el dato de una agencia de viajes que saldrá de la Ciudad de México dos días antes del eclipse con alrededor de 750 personas y visitarán un pequeño pueblo del estado de Durango de tan sólo 6 mil habitantes que sólo cuenta con tres hoteles, dos restaurantes, 50 baños y algunas letrinas.

Además, muchas de estas empresas ofrecen una gran cantidad de visitas a pueblos mágicos y sitios emblemáticos dentro de un lapso de sólo dos días, aspecto que pareciera poco viable y efectivo para el turista con tal de satisfacerlo si el día del eclipse no fuera del todo positivo.

Por otro lado, se ha encontrado una gran cantidad de viajes con eventos de entretenimiento como conciertos, raves, fiestas y demás. Cuestión que nos hace ver que el fenómeno del eclipse provoca posibles estados de desquicio que no pueden ser muy benéficos para las comunidades en las que se instalarán.

Aun con todo lo anterior, cabe resaltar que dentro de toda esta vorágine de oferta turística, se encontraron pocas opciones de viajes con grupos pequeños de científicos y aficionados que sí son cuidadosos de no exceder el número de visitantes para evitar el turismo irracional (aquel que es irresponsable e inconsciente de los lugares a los que va y las repercusiones negativas que puede generar en estos). Para ciertos casos, encontramos grupos de interés por la ciencia y educación ante un suceso del cual se puede aprender sobre los fenómenos astronómicos, generar inquietudes por aquello que sucede en el espacio, el cual tiene una repercusión en la humanidad, y conocer más allá de lo que es accesible como el universo mismo.

El capitalismo del eclipse

Ahora bien, nos preguntamos ¿se vivirá el eclipse solar a costa de qué?, ¿de verdad las poblaciones anfitrionas tienen que padecer una barbarie a causa de una maravilla del cosmos? Esto nos habla no solamente de los niveles a los que es capaz de actuar la humanidad de manera descontrolada, sino del mismo sistema capitalista y voraz que siempre ve por su propia ganancia a costa de lo que sea, incluso dentro de lo que nos puede arrojar una experiencia única e irrepetible.

La paradoja es que desde esta misma singularidad ciertas experiencias naturales se pueden volver sumamente cotizadas y hasta segmentarias en términos de clase, entonces ¿para qué clase social es un eclipse de esta magnitud? Sabemos que hay quienes, por casualidad geográfica y más allá de su estrato social, vivirán el espectáculo del cielo, pero también existe tanto una gran población de pocos recursos que está muy interesada por tener en su memoria este hecho astronómico, así como grandes aficionados de clase alta que persiguen todos los eclipses solares alrededor del mundo (véase Cazadores de eclipses).

¿Y la noche?

De manera retórica planteo la pregunta: ¿por qué nos atrae tanto la oscuridad en el día y no la oscuridad de la noche? Sabemos que las respuestas son muy evidentes a partir de la gran afición por vivir un eclipse de esta magnitud, el cual va de la mano con su naturaleza efímera, con la rareza en la que el sol es tapado unos instantes durante su cúspide, y con la evidencia de que esta situación no se vive todos los días, ya que la oscuridad más inesperada durante el día es más emocionante que la que ya conocemos después de un crepúsculo. Pero, realmente, la noche misma también es una demostración de las capacidades que tiene este universo, tanto desde la visión astronómica como de ciertas condiciones en las que nos engloban las propiedades de un periodo de penumbra, donde se evidencian aquellos estímulos en los que el cuerpo no sólo descansa, sino que sensorialmente y desde sus ritmos circadianos cambia, ya sea para llegar a una pausa como para crear nuevas formas de estar y ver el mundo.

La noche misma es un espacio de nuevos encuentros, personales y sociales, un periodo de innovación por permitirnos salir de la rutina, un intervalo que también nos posibilita observar encantos inesperados de los sitios que habitamos a nivel global y local, terrenal y espiritual.

Hay que ser conscientes que la noche y su oscuridad se ha estado perdiendo por diversas causas como la contaminación lumínica, pero también por la poca importancia que se le tiene desde no saber habitarla sin el exceso de luces artificiales al que estamos acostumbrados, pero, ¿acaso se sabe habitar la noche de un eclipse? La noche también nos muestra otras dimensiones del mundo desde la seducción del silencio, la exploración de lo desconocido, la provocación del asombro ante lo inesperado, la adrenalina por no saber lo que existe en la invisibilidad. Estos estados que también nos proporciona un eclipse se podrían encontrar al alcance de un espacio-tiempo nocturno, iluminando con oscuridad más allá de la vista, despertando sentires que se alejan de nuestra percepción, y encontrar el encanto oscuro al culminar el ocaso para acercarnos a la naturaleza del universo que simplemente se encuentra en nuestras manos si miramos más allá de la luz.


Alejandra Trejo Poo

ALEJANDRA TREJO POO
FOTO: Cortesía

Antropóloga social con inclinación a la antropología urbana, estudios sobre la noche, antropología simbólica, fenomenología y antropología del cuerpo. Sus intereses abordan temas y conceptos etéreos que trastocan ámbitos culturales y filosóficos, tales como el silencio, la noche, el mar, el cuerpo intangible, y los significados que arroja cada uno de estos en contextos y fenómenos sociales. Actualmente desarrolla su tesis de doctorado sobre la relevancia de la oscuridad y de la cultura de la noche en la región sureste de la Ciudad de México. Desde 2019 forma parte de la Red de Investigadores sobre la Noche a nivel internacional, y desde 2021 colabora en el proyecto de Historias metropolitanas de la UAM Cuajimalpa como tallerista y editora.


Lo más reciente
Cuatro Personas con bicicleta de bamboo Bamboo Basti y Ruedas del Desierto
El legado de Bamboo Basti