Sin lugar para las mujeres: represión de la marcha del #8M2024

Una crónica de lo ocurrido en Gómez Palacio y Torreón

MARCHA FEMINISTA #8M2024 TORREON
FOTO: Jessica Ayala Barbosa

Unos cinco minutos antes de las siete de la tarde me desocupo de mi último pendiente del día antes de unirme a la marcha del 8M, que este año se convocó mediante la consigna “Grita fuego, hermana”. Ya que este 2024 me fue imposible hacer todo el recorrido, mi objetivo es alcanzar el cierre. Camino lo más aprisa que puedo por la Abasolo, de poniente a oriente, hacia la Plaza Mayor, mientras busco en Facebook algún post que me ayude a ubicar por dónde viene el contingente.

Entro al perfil de Mujeres que luchan por mujeres, colectiva organizadora, sólo para encontrar que las autoridades de Gómez Palacio encapsularon a los contingentes y lo s retuvieron durante un rato, también hay algunos videos donde se observa a policías gomezpalatinas golpeando a las compañeras que forman parte del equipo de seguridad de la marcha.

Represión en Gómez Palacio tras un comienzo pacífico

“Todo comenzó muy bien. En Lerdo todo estuvo muy tranquilo”, me contó al día siguiente A, una de las tres chicas del contingente de seguridad que entrevisté para esta crónica*, “no teníamos a nadie que nos estuviera vigilando ni nada, inclusive hubo tránsitos mujeres que nos estuvieron apoyando con carros que se quisieron atravesar en medio de la marcha”.

En la ciudad jardín la mayor de las preocupaciones de este equipo que tiene como objetivo proteger la integridad de las asistentes a la marcha, el más grave problema eran algunos hombres que, como cada año, desatienden las indicaciones básicas.

“En general, la energía estaba muy bien, en ese momento de lo único que nos estábamos preocupando era de mantener a los hombres fuera, porque esto es una marcha pacífica y separatista. Lo máximo que llegamos a hacer fue pedirles que se retiraran y que no grabaran videos, por nuestra seguridad”, añadió A.

Los problemas comenzaron en Gómez Palacio, a la altura del BBVA que está sobre el bulevar Miguel Alemán.

“La Policía nos llegó por atrás, a las espaldas, estaban comenzando a llevarse chicas simplemente por la nada y no nos estábamos dando cuenta, hasta que una de nosotras, con su silbato, pidió ayuda”, aseguró A.

Al escuchar el llamado de ayuda de su compañera, B corrió instintivamente hasta ella, la encontró rodeada de elementos policíacos femeninos, y al intentar ayudarla una de las uniformadas la agredió, primero verbalmente.

“Después me tomó muy fuerte del brazo y me jaló hacia atrás y otra empezó a cargar conmigo, todo fue muy rápido. Mi instinto fue dejarme caer y con mis piernas abrazar las de la policía para impedir un poco que siguiera caminando, porque ya me llevaban. Lo único que pensaba era: no debo dejar que me lleven a otro lado, no importa qué tenga que hacer, no importa nada, pero no sé qué va a pasar conmigo si me llevan a otro espacio”.

Mientras el resto de sus compañeras ayudaban a la que había pedido ayuda y a dos chicas que ya habían subido a la patrulla, B observaba con angustia cómo la seguían alejando del área, por fortuna dos participantes de la marcha, desconocidas para ella, se acercaron a ayudarla y pudo zafarse.

“Me levanté rápido y corrí de nuevo a ayudar a mi compañera y ya fue cuando empezamos a hacer la cadena humana para proteger a las chavas y las policías se separaron un poquito”, siguió relatando B.

De esa forma lograron recuperar a dos chicas que los elementos de seguridad ya habían subido a la patrulla.

“Afortunadamente pudimos bajarlas, porque no estábamos seguras si las iban a llevar a los separos o a quién sabe dónde”, precisó A.

B notó entonces que una policía se había quedado con su radio y junto con otra compañera se dirigió a ella para pedir que se lo regresaran, pero sólo obtuvieron más agresiones, las cuales quedaron registradas en video.

“Se portó muy grosera y justo en el video de mi compañera se ve cómo esa policía empezó a empujarnos con su escudo, aventó a mi compañera y le dio un golpe en la nariz. También se ve cómo mi compañera le dice que no tiene derecho a empujarla y la policía cada vez se pone más agresiva. Entonces yo me puse entre el escudo de la policía y mi compañera para que ya no la siguiera lastimando, para que no se hiciera más violento el asunto”, contó B.

Al ver que no podrían recuperar el radio decidieron B y su compañera decidieron reintegrarse a la marcha. El altercado parecía haber llegado a su fin, sin embargo, vendría una segunda arremetida de las fuerzas de seguridad, esta vez contra cuatro automóviles que iban hasta atrás cuidando al contingente.

“Yo iba hablando con una persona, diciéndole que nos habían lastimado un montón, y veo que atrás de los carros venía una línea de policías que empieza a avanzar sobre los carros, o sea, empiezan a adelantar líneas, y un carro como que les quiso llamar la atención y no sé si avanzó un poquito más o algo, pero todos los polis que iban avanzando se echaron sobre el carro”, compartió B.

De acuerdo con A, las mujeres policías empezaron a golpear sin razón alguna el automóvil, por lo que nuevamente pidió apoyo de sus compañeras para proteger a las conductoras.

“Allí es donde me interceptan, no te puedo decir cuántas, tal vez unas tres, empiezan jalonearme, me tiran al piso y me empiezan a agredir. Se empiezan a juntar aproximadamente diez o quince policías, unas se hicieron bolita sobre mí y otras estaban alrededor impidiendo que me ayudaran con sus escudos”, contó A.

“Casi me arrancan la ropa, el cordón de mi silbato lo jalaron de tal forma que me ahorcaron y me quemaron la piel, caí de tal forma que me lastimé. De ahí comenzaron a golpearme a darme patadas y macanazos en el cuerpo y yo lo que hice fue cubrirme y ya no pude ver mucho”.

Además de la marca del cordón del silbato, A se quedó con varios moretones en todo el cuerpo, uno de ellos en la muñeca porque se aferró lo más que pudo a su radio mientras tres policías intentaban quitárselo a la fuerza, lo que finalmente lograron.

Tuve miedo porque yo no sabía qué me iban a hacer, eran muchas manos, se oscureció todo a mi alrededor, se llenó de estas mujeres cubiertas, tratándome como si yo fuera una delincuente, como si fuera un asesino. Yo sentí que ellas no dieron un peso por mi vida, que si ellas pudieran haberme destruido ahí lo hubieran hecho”, dijo A con el miedo y la impotencia entrecortándole la voz.

A no las agredió, ni siquiera verbalmente, mientras todas las manos intentaban despojarla de todo lo que la cubría únicamente intentaba retirarlas con sus pies.

“En ese momento lo que pensé fue: si me llevan, ya no vuelvo”.

Al llegar a ayudar a la conductora del auto que las policías golpearon y pedir calma, B fue sometida por éstas con fuerza.

“Les estaba diciendo ‘relájense, no estamos haciendo nada, no tienen por qué agredirnos, estamos tranquilas’ y las polis me empujaron y me tenían contra el carro con el escudo y con las macanas. Yo sólo sentía cómo me agarraban de los brazos y de todos lados”, recordó B.

Como pudo B salió de ahí y vio que una de las policías intentaba meterse al automóvil, pero una de las compañeras impidió que lo hiciera, quien al instante fue sometida por más elementos. Atrás de la línea de carros B vio que habían tirado en el piso a otra compañera y la tenían rodeada. Corrió hacia ella para ayudarla, se hizo espacio entre las policías para tratar de levantarla.

“Sentí un montón de personas sobre mí, igual con sus escudos, y mi compañera solamente me abrazó y yo escuchaba a los polis que decían: ‘Llévatela. Llévatela o…’, como medio amenaza”.

Más chicas llegaron a ayudar, entonces B pudo levantar a su compañera y juntas se apartaron de esa área.

“Nosotras no nos portábamos violentas porque nuestra intención no es esa, no somos un bloque negro, somos solamente chavas tratando de cuidar a las que están marchando. Nunca provocamos a la Policía. Se hizo más presente eso de ‘la poli no me cuida, me cuidan mis amigas’, se mostró claramente, por qué”, consideró B.

Después de ese segundo incidente, la marcha se encaminó hacia Torreón. Ahí elementos de seguridad de los gobiernos municipal y estatal esperaban al contingente para rodearlo.

“Nos fueron ‘acompañando’ desde que entramos hasta la Plaza Mayor, eso solamente me puso mucho más nerviosa porque había policías casi dentro de los contingentes y yo no sabía si iban a hacer algo en algún momento”, contó B.

Manifestación confinada

Sin saber que todo eso ha ocurrido en Gómez Palacio yo hago cálculos y estimo que la marcha debe estar por llegar a la Plaza Mayor. Aprieto el paso y pronto llego a la calle Ramón Corona, logro ver el edificio de la Presidencia Municipal, iluminado de morado, pero en lugar de la concurrencia y pancartas que esperaba ver, encuentro una explanada desierta, atravesada a la altura de la Matamoros por dos vallas separadas por un breve espacio que se fue llenando gradualmente de elementos policíacos femeninos, algunas visten el uniforme de la Dirección de Seguridad Pública, otras traen playera de la Fiscalía General del Estado de Coahuila.

FOTO: Jessica Ayala Barbosa

Pienso en que tendré que rodear para lograr llegar al otro lado, donde ya comienzan a llegar los contingentes, pero logro detectar un hueco por donde las policías están dejando pasar a algunas chicas.

En pocos minutos la parte de la explanada que está libre se llena, pues las autoridades habían puesto otra valla del lado de la Plazuela Juárez: “Ya no cabemos en Plaza Mayor, hay dos cuadras todavía de contingente por llegar. Vamos a apretarnos lo más que podamos”, dicen por altavoz las organizadoras.

Nos acomodamos en semicírculo tratando de dejar un espacio vacío en el centro a petición de las organizadoras.

Hasta adelante, muy pegados a la valla, quedan las niñas y niños que acompañan a sus mamás. Apenas si pueden hacerse espacio para mostrar sus pancartas o lonas, muchas de ellas con el rostro de mujeres víctimas de feminicidio o desaparecidas.

Trato de encontrar un lugar junto a la bocina para no perder detalle del pronunciamiento que tradicionalmente se lee al final de la marcha. Reconozco entre las manifestantes que están cerca a la señora Silvia Ortiz de Sánchez Viesca, mamá de Fany y fundadora del Grupo Víctimas por nuestros Desaparecido en Acción (VIDA), sostiene una lona con la imagen de la virgen de Guadalupe y su hija.

FOTO: Jessica Ayala Barbosa

“¡No somos una, no somos diez, pinche Gobierno, cuéntanos bien!”, corean las manifestantes mientras siguen acomodándose en el cada vez más insuficiente área. Unas pequeñas que están a mi lado dudan si pronunciar la mala palabra. Su mamá las alienta: “Fuerte, griten fuerte”.

Estábamos muy molestas porque nos quitaron el derecho de uso de un espacio público, que también es de nosotras, un espacio que también se construye con nuestros impuestos. ¿Por qué para exhibiciones, para conciertos gratuitos, despilfarrando recursos con bombo y platillo, está abierta, pero para escuchar a las mujeres no? Pero el edificio sí muy morado y las mujeres policías que enviaron con su moño morado”, comentó C, integrante de las colectivas organizadoras, a le tocó recibir al contingente en Torreón.

Pronunciamiento de la marcha del #8M2024 en Torreón

“Nos hemos reunido en este mismo lugar, viendo que cada vez el alcalde en turno nos tiene miedo”, dice Aleida Salazar al tomar el micrófono.

Su discurso comienza dejando claras las exigencias que unen a las mujeres que han salido a marchar:

  • Garantía tangible de protección a nuestros derechos humanos
  • Atención real para la prevención de las violencias
  • Acceso a la justicia y reparación del daño para todas las víctimas

“Este 2024 se nos ha dicho hasta el cansancio que es el tiempo de las mujeres, que estamos en el mejor momento, que ahora peleamos por tener más derechos que los hombres, que lo que exigimos ya no es libertad sino libertinaje, porque todo está bien, que ya lo tenemos todo. Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿Por qué si todo está bien siguen asesinando a once mujeres al día? ¿Por qué el gobernador de Coahuila presume la seguridad o la eficiencia de las instituciones si continúa siendo un calvario para las mujeres acceder a la justicia?”.

Además de enunciar las problemáticas locales y nacionales, el pronunciamiento hace alusión al ámbito internacional y manifiesta su solidaridad con las mujeres e infantes de Palestina y Ucrania.

Asimismo reconoce los logros de las mujeres, peleados arduamente de forma colectiva, sin embargo, recalca que ser mujer sigue siendo una batalla constante:

“No olvidamos que en pleno siglo XXI las escuelas y las universidades, tanto públicas como privadas continúan sin ser espacios seguros para niñas, adolescentes y mujeres al encubrir acosadores, y violentadores, pese a las protestas de las estudiantes”.

Señala también el hostigamiento y represión de las manifestaciones ejercido por el alcalde de Torreón Román Alberto Cepeda, tanto el año pasado como este 2024, por medio de las policías municipales y estatales.

“Así como nosotras no olvidamos, deseamos que todas tengan memoria, aunque nos quieran callar o intimidar, las calles son nuestras. Prefirieron una exhibición de carros a escucharnos…”.

“Pinche gobierno puto”, la inconformidad ante el esapacio tan acotado que dejaron las autoridades comienza a subir de tono.

El pronunciamiento se acerca a su cierre con exhortos específicos a los tres niveles de gobierno para que cese la criminalización de las activistas por los derechos de las mujeres; a los gobiernos estatales de Coahuila y Durango para que garanticen el acceso a la justicia sin simulaciones y capaciten de forma real y transparente al funcionariado; a los medios de comunicación para que dejen de revictimizar mediante sus contenidos y a la sociedad en general para que rompa el pacto patriarcal y deje de juzgar y culpar a las mujeres que deciden sobre sus cuerpos o denuncian violencia.

“A ti que nos acompañas este año, ya sea por primera vez o que ya no lleves la cuenta de las veces que has asistido: ¡Gracias, las necesitábamos para continuar en esta lucha que es por y para todas!”.

‘¡Hay que tirar las vallas!’; mujeres reclaman su derecho al espacio público

“¡Hay que tirar las vallas, hay que tirar las vallas!”, interrumpen en coro las asistentes entre brincos y ahogan las últimas líneas del discurso. El hueco que había quedado al centro se puebla de las chicas que quieren tirar la valla. Las madres que han acudido con sus hijas o hijos comienzan a buscar desesperadamente una forma de salir.

“Cuidado con las infancias, abran paso para que pasen los niños”, grita por el altavoz una de las organizadoras.

“Que la tiren, que la tiren”, insisten entre gritos cada vez más decididos muchas asistentes, mientras otras buscan una salida.

De pronto las asistentes se percatan de que hay una chica del otro lado de la valla a la que están maltratando las agentes, por lo que algunas se abalanzan para intentar entrar, las policías que la custodian se aferran a la valla y sueltan golpes a diestra y siniestra, jalan del cabello de quien esté a su alcance, rocían gas pimienta sin miramientos, desoyendo los gritos desesperados de quienes piden consideración por los infantes.

“Se notó demasiado que no tenían ningún protocolo, usaban gas pimienta sin que ellas tuvieran protección. Creo que la mayor parte del gas les caía a las policías porque lo aventaban desde atrás y les caía a las de enfrente sin que tuvieran ningún tipo de protección o máscara. ¡Se estaban lastimando entre ellas! Fue muy evidente que no tenían la preparación para lo que estaba pasando”, dijo B.

Después del forcejeo la valla queda abierta por unos segundos. El desconcierto y el temor se mezclan en los rostros de las policías y de las asistentes, éstas no se atreven a pasar y las policías cierran de inmediato la cerca.

Los ánimos quedan encendidos tras ese encontronazo. “¡La que no brinque es poli!”, gritan las asistentes. Algunas policías que han recuperado un poco la compostura intentan bromear.

“Yo también quiero estar con ustedes, pero tengo que trabajar”, ironiza una de ellas saltando un par de veces.

Los forcejeos se repiten un par de veces más y en cada uno las asistentes logran abrir de nuevo la valla, pero nunca se atreven a pasar. Sin embargo la molestia ante la reacción policíaca, tanto física como verbal, se va recrudeciendo y las asistentes comienzan a lanzar agua y otros objetos.

“El espacio es nuestro”, escucho a una de las asistentes increpar a una de las agentes. “Pues hoy no”, le respondió ésta burlonamente.

“Había mucha confrontación hacia las participantes y siento que en gran parte eso hizo que se pelearan mucho más con las polis”, consideró B.

“Creo que la intención fue impedir la manifestación, nos tuvieron contenidas en un espacio muy pequeño y a mí lo que me enoja es que había mujeres de la tercera edad que ya estaban cansadas y mamás con bebés en carriolas en un espacio pequeñísimo, es muy estresante, muy acalorante, muy claustrofóbico”, describió C.

Antes de la marcha, las organizadoras estudian cada área del recorrido y delinean un plan para cuidar la seguridad de todas las asistentes, especialmente de las más vulnerables.

“Con toda esta ocupación repentina de la plaza se nos frustró y a mí lo que me enoja es que no pude mantener el grado de seguridad que quería para mamás, para criaturas y para personas mayores. De eso culpo plenamente al Ayuntamiento de Torreón, que puso en riesgo a estas personas también”, señaló C.

Burda provocación

Las tres personas entrevistadas para esta crónica insisten en que se trataba de una marcha pacífica y coinciden en señalar que las acciones de las autoridades no fueron más que provocaciones que terminaron desatando incidentes que no habían tenido lugar en ninguna de las ediciones anteriores de la marcha.

“Nunca había sucedido ningún tipo de problema y creo que el hecho de que haya sucedido este año fue porque cerraron Plaza Mayor. Es muy lógico: los años pasados dejaron toda la plaza para nosotras y este año que la cerraron casi en su totalidad, obviamente, las chavas quisieron ocupar el espacio que nos habían quitado”, recalcó B.

“En Torreón el altercado en las vallas no fue de oquis, no fue de la nada, fue porque se llevaron a una chica que ni siquiera se quería meter, como pasó en Gómez Palacio. Quisieron llevarse y las asistentes enojadas querían recuperarla”, resaltó A sobre las razones de la multitud para traspasar la línea custodiada y las confrontaciones.

“Fue una estrategia totalmente errónea y equivocada por parte de los gobiernos Torreón y de Coahuila haber cercado porque éramos aproximadamente entre 12 mil a 15 mil mujeres y, obviamente, por no tener el espacio suficiente hubo percances, que ellos generaron para estresar al contingente. Su presencia era para provocar, no cuidar, en ningún momento, jamás”, añadió A.

“Es para matar varios pájaros de un tiro: seguir ejerciendo este modelo patriarcal de que nos provoquen, y si nos defendemos, pues miren cómo son estas feministas atacando mujeres que hacen su trabajo. No ma… o sea, es el brazo armado del Estado, quienes verdaderamente nos están agrediendo son ellas. Te digo, matan muchos pájaros de un tiro, ahí en el momento tratan de reprimir la protesta y para efectos posteriores tratan de demeritar nuestra lucha”, dijo C.

FOTO: Jessica Ayala Barbosa

En efecto, algunos medios captaron las imágenes de las agresiones a las policías y en las redes sociales no se hicieron esperar comentarios sumamente violentos en contra de las manifestantes y del feminismo en general.

“No se crean todo lo que ven en Internet, todo lo que ven en medios está dibujado, está romantizado para ganar votantes, recuerden que estamos en temporada de elecciones y lo que quieren los políticos es quedar como los buenos. Creo que la gente no es tonta y sabe que el contingente ha crecido de casi cuatro mil a casi el triple o el cuádruple. Es de personas con un poquito de cerebro entender que si está creciendo no es porque seamos unas niñas revoltosas, sino porque realmente hay injusticias que nos duelen”, dijo A sobre la animadversión hacia las marchas.

Crece la cultura de la protesta en Torreón

Es difícil contabilizar con precisión la cifra exacta de asistencia a la marcha. Las organizadoras señalan que este año hubo alrededor de 15 mil mujeres, el año anterior las autoridades informaron de 8 mil. En 2020, el primer año de convocatoria masiva, se dijo que marchamos alrededor de 3 mil.

Para tratar de hacernos una idea más certera consulté la página Map Checking, herramienta que calcula la cantidad de personas que pueden concentrarse en un área.

De acuerdo con esta aplicación, el perímetro que dejaron despejado las autoridades torreonenses caben alrededor de 20 mil personas apretadas (estimando cuatro personas por metro cuadrado).

Pero independientemente de que no precisemos una cifra exacta, es evidente es que la convocatoria ha crecido año con año y, si nos basamos en el desproporcionado y torpe despliegue de seguridad de este año, podríamos inferir que las autoridades temen la fuerza del movimiento feminista, sólo de esa forma se explicaría la urgencia de reprimir con violencia y desacreditar mediante la criminalización de las manifestantes.

A mí me encantaría que cuando se hacen los destrozos por un campeonato futbolístico se pusieran igual de recios. Ya vimos cómo se pone la afición, que llega incluso a cometer delitos. Que se pongan verdaderamente recios con eso, que no anden encubriendo. Me encantaría también que así como hacen un despliegue de medios para el 8M y gastan recurso en eso, lo gasten verdaderamente con la delincuencia organizada. Me encantaría que todas estas corporaciones tan prontas y expeditas que se vieron en la marcha atiendan los llamados de emergencia de mujeres que están viviendo violencia en sus casas. Yo pienso que ahí sí deberían estar dirigidos los recursos”, opinó C.

“Fue muy duro ver a las infancias sufrir por gobiernos incompetentes, ver a las infancias sufrir por el gas pimienta o que se hayan perdido por gobiernos incompetentes. Sí fue duro ver cómo nos llegaron por atrás, cómo nos vieron como el enemigo, cuando nosotros somos el enemigo, nosotras queremos que puedas caminar a las 3:00 de la mañana sola y que no tengas miedo, nosotras queremos que a tus hijas, que a tus bebés no les pasa absolutamente nada, que un hombre que no tiene ni siquiera un pelo de sentido común se le ocurra tocar a tus hijas, por eso estamos marchando y por eso cada vez somos más”, dijo A.

“Me da mucho gusto que la cultura de la protesta en la Comarca Lagunera esté creciendo y creo que la estamos haciendo crecer las mujeres. Me parece muy valioso lanzar un mensaje a la comunidad de que la policía no me cuida, la policía me amedrenta cuando estoy gritando por mis derechos. No va a quedar de otra más que seguir con la preparación y capacitación para el cuidado colectivo en la protesta porque no le vamos a parar”, concluyó C.

*En vista de la represión sufrida decidimos mantener los nombres de las entrevistadas en el anonimato e identificar sus testimonios con las tres primeras letras del abecedario para distinguirlos entre sí.

Lo más reciente
ECLIPSE TOTAL DESDE FRANCISCO I MADERO
La danza de los astros en Francisco I. Madero Coahuila