Por Karime Gámez Hernández
Mes a mes, A* se ausenta de la universidad debido a una punzada que le desgarra el útero y la mantiene en cama los primeros días de su menstruación, a veces acompañada de vómito y dolor de cabeza. Malestares que, según lxs médicxs que ha visto, son normales.
B* se siente insegura al salir a la calle porque de un tiempo para acá su cuerpo es mucho más grande y su cara tiene manchas y brotes de acné dolorosos. Los comentarios de los demás han ido afectando poco a poco su autoestima y cada vez le es más difícil verse en el espejo.
La búsqueda de ginecólogos no cesa para *C porque dos de los que ha visto le recetan bajar de peso a toda costa para recuperar su sangrado menstrual.
Historias como estas son tan comunes entre las mujeres y las molestias tan normalizadas, que muchas pueden llegar a odiar su ciclo sin siquiera tener la oportunidad de conocer sobre las causas o consecuencias en voz de lxs médicxs que las atienden, pues sobran explicaciones cuando un par de píldoras apagan esos síntomas que son tratados de manera aislada, como si no formaran parte de algo mucho más grande: el síndrome de ovario poliquístico (SOP).
SOP: síntomas y riesgos
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el síndrome de ovario poliquístico (SOP) es una afección hormonal que puede desencadenarse por factores genéticos, metabólicos, e incluso ambientales. Las mujeres que padecen este síndrome, presentan síntomas como menstruaciones abundantes, largas, intermitentes o imprevisibles o periodos sin menstruación; esterilidad; piel con acné, sobreproducción de grasa o vello en lugares como la zona del mentón; alopecia, aumento de peso, etcétera.
Según la información de la Secretaría de Salud en México el SOP afecta más del 20 por ciento de las mujeres mexicanas. Y de acuerdo con un estudio de América del Norte citado en la Revista Iberoamericana de Fertilidad y Reproducción Humana, se observó que las mujeres mexicoamericanas tenían una prevalencia del 12.8%, en comparación con mujeres blancas que respondieron con 4.8% de prevalencia, mientras que las mujeres afroamericanas mostraron un 8%.
Para cumplir con el diagnóstico deben presentarse dos de tres manifestaciones:
- Anovulación: incapacidad del óvulo para liberar ovocitos
- Hiperandrogenismo: sobreproducción de hormonas sexuales masculinas en la mujer
- Morfología de ovario poliquístico: folículos no desarrollados.
Aunque los síntomas de SOP incluyen cambios físicos como el acné, aumento o engrosamiento de vello e incremento de grasa visceral, también hay síntomas que comprometen la vida personal y social de las mujeres, como depresión, ansiedad, baja autoestima, deficiencia del funcionamiento cognitivo, baja libido e infertilidad, entre otros.
“Yo traía muy alto el cortisol. Lo que tengo entendido es que el SOP te desbalancea todas las hormonas —relata Evelyn Quiroz sobre su experiencia con SOP—. De repente subí diez kilos, comía con culpa… muy feo. Me salió acné y ya no me sentía a gusto. Todo el día andaba inflamada”.
Asimismo, consideró que los síntomas afectaron su estado anímico: “agudizó más mi ansiedad y la depresión (…) como que con todo eso, junto con lo de mi peso, traía las emociones muy alteradas”, añadió.
Desde su menarca los dolores incapacitantes eran rutina durante los primeros días de su ciclo, por lo que faltaba al trabajo y como consecuencia le descontaban de su nómina. Además de los cólicos y la merma económica que le representaban, se enfrentó a los juicios de sí misma y de los demás sobre su apariencia, de modo que eran recurrentes pensamientos como “No me siento con la autoestima para salir”, “No me siento a gusto” o “Ya subí de peso”.
A simple vista, parecería que el mayor problema para las mujeres que padecen SOP es la dificultad o la imposibilidad de tener hijos; sin embargo, la falta de un diagnóstico temprano o tratamiento, conlleva un peligro mayor, ya que el síndrome está asociado también con niveles altos de triglicéridos y colesterol LDL, hipertensión arterial y anomalías de las enzimas hepáticas, de acuerdo con al artículo “Síndrome de ovario poliquístico y resistencia a la insulina”, publicado en la Revista Mexicana de Industria y Salud de la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED) en octubre de 2019.
“Si está mal la insulina y la glucosa, esa paciente no va a estar menstruando o no va a estar ovulando”, explicó la ginecóloga María de la Paz Hernández Mañón, secretaria académica de la Facultad de Ciencias de la Salud (FACSA) de la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED),
En ese sentido, el SOP aumenta el riesgo de diabetes, trastornos metabólicos, hiperplasia endometrial, cáncer de endometrio, entre otras enfermedades.
Falta una visión integral
Por otra parte, mientras que la literatura científica de otros países latinoamericanos se expone la importancia de la ovulación, en México pocos artículos se centran en este procesos imprescindible para la salud de la mujer que se ve afectado con el SOP o por el consumo de los anticonceptivos hormonales que suelen recetar lxs médicos para su tratamiento.
La Revista Médica de Chile, por ejemplo, señala en un trabajo publicado en 2001 que la ovulación, uno de los tres marcadores imprescindibles en el diagnóstico de SOP, no debe omitirse al valorar la salud integral de la mujer, pues la anovulación implica riesgos de cáncer de endometrio, hiperplasia endometrial, carcinoma endometrial y cáncer de ovario. Mientras que en el artículo Manifestaciones clínicas del síndrome del ovario poliquístico de la publicación Acta Médica Costarricense (2006), se mencionan los mismos riesgos provocados por la anovulación crónica.
En cambio, los artículos científicos de México referentes a la anovulación no priorizan este marcador de salud para evaluar integralmente a las pacientes, lo que supone un hueco en la búsqueda de un tratamiento holístico.
Cuando se trata el SOP, se busca, principalmente, disminuir las probabilidades de que el síndrome llegue a sus últimas consecuencias, como el cáncer del revestimiento del útero, por ejemplo. Para esto, los especialistas suelen recetar anticonceptivos hormonales, que reducen los andrógenos y permiten una descamación regular del endometrio.
Visto por ese lado, los anticonceptivos alejan a las mujeres que padecen SOP del pronóstico menos afortunado a la vez que entorpecen la mejora de otros parámetros como la insulina o los triglicéridos.
“El inconveniente de los anticonceptivos orales es que pueden deteriorar la resistencia insulínica y aumentar la síntesis hepática de triglicéridos, lo que dependerá del tipo de progestina que contenga”, se explica en un artículo de la Revista Médica de la Clínica Las Condes (Chile, 2013).
Esta perspectiva no empata totalmente con la de la Secretaría de Salud de México, que en marzo de 2024 difundió en un boletín titulado “Síndrome de ovario poliquístico, común entre las mujeres mexicanas”, que los anticonceptivos hormonales deben ir de la mano del implemento de hábitos saludables para el tratamiento de SOP.
Asimismo, la Guía Práctica Clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social para el abordaje del Síndrome de Ovarios Poliquísticos (2010), señala que el tratamiento debe considerar una dieta hipocalórica baja en carbohidratos, ejercicio diario o al menos tres veces a la semana para mejorar la sensibilidad a la insulina junto a la metformina, y en caso de no desear embarazo, anticonceptivos orales.
No obstante, el sector salud suele priorizar el enfoque farmacológico en el tratamiento, en el que no se indica la implementación de hábitos saludables como alimentarse equilibradamente, gestionar el estrés, realizar actividad física, etcétera. De esta manera, los anticonceptivos contribuyen al alivio de los síntomas, pero no alcanzan a suplir el cambio que generaría un control más integral en la vida de las mujeres que padecen SOP.
“Me mandaron con un endocrinólogo y me dijo que debía bajar seis kilos por año. Él sí me recetó las pastillas anticonceptivas, pero mi gine me dijo que no me las tomara, que se me iban a controlar los síntomas, que iba a llevar un estilo de vida más saludable, que iba a bajar de peso, mi acné se iba a quitar, mi fertilidad iba a aumentar. Ese fue el pronóstico: que se puede vivir bien con eso. Tu estilo de vida tiene que ser más saludable y poner atención a eso”, contó Evelyn Quiroz, quien encontró un espacio seguro con su ginecóloga, la cual indagó en el impacto del SOP en su vida y propuso un seguimiento en el que incluía ejercicio de fuerza, dieta amigable y equilibrada, además de suplementos como el omega 3 y el inositol.
De acuerdo con el artículo Complicaciones provocadas por los anticonceptivos orales combinados. Eventos tromboembólicos, de Gustavo Gómez Tabares (2020), “la prescripción de anticonceptivos orales combinados aumentó el riesgo de trombosis, incluso cuatro veces. Todos los anticonceptivos orales combinados individuales aumentaron dos veces más el riesgo de trombosis comparados con las pacientes no usuarias de anticonceptivos”.
No obstante, los anticonceptivos orales son la primera línea de tratamiento en hospitales públicos y privados.
“Anticonceptivos orales combinados, es lo que dan. Eso es lo que yo he visto”, contó Valeria Corral, estudiante del décimo semestre de la carrera de medicina en la UJED.
Pacientes como Stephanie Cervantes, quien acudió a consulta porque tenía amenorreas de cinco a seis meses y había aumentado de peso rápidamente, confirman con su testimonio lo común de esta práctica: “lo primerito que me recetaron fueron anticonceptivos y otro medicamento hormonal, una inyección para que ya me bajara. No hubo otra opción de tratamiento, fue anticonceptivo de una”.
La experiencia de Stephanie fue un subibaja de emociones, pues su médico insistía en que bajar de peso resolvería el problema.
El SOP no es sólo vellos o acné, puede ser también resistencia a la insulina, obesidad, depresión, menstruaciones irregulares; por lo que un tratamiento parcial de anticonceptivos orales se queda corto respecto a la complejidad del síndrome y sus efectos.
Autoridades sanitarias ignoran al SOP como factor de riesgo de cáncer
Al menos en el departamento de Prevención y Promoción de la Salud de la Jurisdicción Sanitaria 06 correspondiente a Torreón, no se realizan campañas de prevención ni operan junto a otras instituciones para concientizar sobre el SOP.
El doctor Carlos Araujo Arche, responsable del Programa de Salud Reproductiva y Equidad de Género, dice que todos los esfuerzos para velar por la salud de las mujeres se concentran en cáncer de mama, fertilidad y nacimientos.
A pesar de que el SOP tiene implicación y relevancia en esos temas, el doctor considera a este síndrome como un padecimiento poco usual como para abordarlo junto a los demás factores.
La omisión radica en no tratar los padecimientos desde sus factores de riesgo, sino en el alivio de los síntomas.
Sin embargo, es difícil proponer otro enfoque sin actualizar el conocimiento médico que parecía ser el efectivo en generaciones anteriores.
Falta actualizar planes de estudios
Actualmente, la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Coahuila tiene un plan de estudios que no se ha actualizado desde 2013, según Paola Saldívar, médica que respondió en representación de la Secretaría Académica.
Por otra parte, la Facultad de Ciencias de la Salud de UJED está reformulando su plan de estudios, pues no se ha actualizado desde 2010, de acuerdo con la doctora María de la Paz Hernández, secretaria académica.
“Creo que tenemos un enfoque más de atacar el problema en vez de prevenirlo. Es así de ‘ah, ya te pasó, te lo quito’, pero no te damos herramientas para no llegar a (ello)”, consideró la ginecóloga Ruth Flores, del Hospital María del Carmen.
Contó que en el ámbito práctico, muchas de sus pacientes llegan a su consultorio y le platican que otrxs médicxs les invalidan su experiencia:
“Tengo el caso de una paciente muy joven. No tenía ni 40 años y me decía que duraba hasta un año sin bajarle. Me decía ‘yo tengo años sin menstruación. Ya le dije a mi médico, me dice que está bien’. Entonces cuando viene conmigo ya tiene complicaciones, y al momento que nosotros la empezamos a tratar, vemos la biopsia y tenía un cáncer de endometrio”.
Por su parte, el ginecólogo Alexis Sandoval, médico cirujano y ginecólogo egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Coahuila, señaló que había varios profesores que no tenían información reciente sobre la raíz del síndrome:
“Son aspectos que, revisando literatura de los años en los que fui estudiante, ya se conocían o se estaban investigando”, dijo.
Para 2017, la comunidad médica aún desconocía detalles sobre las alternativas al tratamiento del SOP, como la berberina o el inositol para mejorar la resistencia a la insulina; así lo evidencia Carlos Morán en una editorial para la publicación Ginecología y Obstetricia de México, titulada El papel de los inositoles para tratar el síndrome de ovario poliquístico: “falta mucho por conocer, como la dosis y la proporción más adecuada de mioinositol a D-chiro-inositol, y la verdadera indicación del tratamiento. Los inositoles para el tratamiento del síndrome de ovario poliquístico están en proceso y se vislumbran destellos interesantes en la aplicación clínica”.
Desde la perspectiva del ginecólogo Alexis Sandoval, la carrera de médico general no aborda todas las aristas del SOP porque no los preparan para ser especialistas, sino para derivar a las pacientes a otras ramas.
“Se dejan de lado aspectos importantes del síndrome, como la afectación en la psique de las mujeres que lo presentan, como autoestima baja, sensación de que algo dentro de su cuerpo está mal, así como alternativas al tratamiento médico farmacológico”.
La causa de un tratamiento desactualizado para mujeres con SOP podría ser el recién descubrimiento de aspectos importantes sobre el síndrome, señala la doctora María de la Paz, ginecóloga y secretaria académica de UJED.
“Antes no se conocía todo eso del SOP, tiene un par de años, no sé, a lo mejor cinco. Tiene poquito que nosotros, los médicos más grandes, estamos adquiriendo ese conocimiento. Los más jóvenes ya lo traen de formación en la especialidad, pero los más grandes nos estamos adentrando en ese tema en ese sentido”.
Agregó que en las juntas académicas se habla de perspectiva de género como tema fundamental para el deber médico, que sobre todo, busca ser holístico e integral.
“No todos quieren. Habemos médicos o maestros más grandes que otros, que tú sabes que toda la vida lo han hecho así. Hay como cierto temor, tal vez, a lo nuevo”.
“Cuando regresé a consulta solo me dijeron que tomara cualquier anticonceptivo que pudiera pagar, que hiciera más ejercicio y que cuidara mi alimentación. Nunca me hicieron un examen físico”, relató una de las mujeres encuestadas para este reportaje.
Si bien, algunxs médicxs atinan al diagnóstico con observar a las pacientes, es necesario indagar en las analíticas de cada mujer para individualizar el tratamiento, y prever posibles riesgos.
Una parte de lo que debemos conseguir es la actualización del personal médico, pero el trabajo no está completo si en los centros de salud no hay infraestructura y recursos que atiendan las exigencias de un diagnóstico y tratamiento dignos.
“Yo me formé en el IMSS. No tienes herramientas para trabajar. Por ejemplo, herramientas para manejar ovario poliquístico no hay. La única opción que tenemos son hormonales y metformina. Estudios no hay para hacerles”, responde Ruth Flores, ginecóloga del Hospital María del Carmen con cierta impotencia, pues le consta que pese a las carencias, lxs médicxs hacían lo mejor que podían con lo que tenían.
El sector público no cuenta aún con la completa actualización para diagnóstico y tratamiento de SOP.
Para el doctor Alexis Sandoval, podrían agilizar el proceso de diagnóstico que se ha vuelto lento por la demanda de pacientes; también propone integrar fórmulas nuevas a las farmacias.
“Hacen falta algunas opciones de tratamiento como alternativas o suplementos que mejoran los síntomas del síndrome de ovario poliquístico. Al tratarse de un hospital público no se cuenta con todas las opciones de tratamiento o herramientas de diagnóstico”.
La reestructuración del sistema médico es pertinente y necesaria en estos tiempos en los que la ciencia ha encontrado más respuestas en el área de la salud, en especial, del síndrome de ovario poliquístico. La oportunidad de obtener un diagnóstico temprano y de acceder a un tratamiento integral, debe ser un derecho indiscutible, no un privilegio.
*Testimonios conformados a partir de datos recopilados de una encuesta realizada por la autora a mujeres con diagnóstico de SOP.
Este reportaje fue producido como parte del curso de Periodismo de Investigación de la Licenciatura en Comunicación a cargo de la Doctora Lucila Navarrete Turrent, en colaboración con Plaza Pública de acuerdo al curso «Narrativas contra el poder. Plan de entrenamiento para aspirantes a periodistas», creado por este medio como parte del proyecto por el que recibió la beca Subvención para organizaciones del Border Hub (2022-2023).




