Síndrome metabólico: pandemia silenciosa

Por Fabio Pérez

Con muchos menos reflectores que la Covid-19, el síndrome metabólico (SM) es la pandemia silenciosa que recorre el mundo.

Lidiar con él se ha vuelto costumbre para los médicos familiares y generales. Advertimos de forma insistente, tanto a pacientes como a sociedad, sobre la necesidad de adoptar una alimentación basada en criterios clínicos.

La dieta adecuada es fundamental para la buena marcha de los asuntos biológicos.

El síndrome está muy esparcido. Sus elementos inciden directamente en el accionar de los mecanismos defensivos del organismo frente a amenazas infecciosas.

Podemos definirlo como un conjunto de trastornos que coinciden en un individuo:

  • Presión alta.
  • Azúcar elevada.
  • Obesidad.
  • Trigliceridos descontrolados.
  • Bajos niveles de colesterol bueno.

Cada uno por su lado es un mal indicador; en conjunto, aumentan el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares o diabetes tipo 2.

Padecer a un solo integrante del quinteto metabólico no significa que tienes el síndrome. No obstante, implica un mayor riesgo de contraer alguna afección grave.

Salvo la desaparición de la cintura, la pandemia silenciosa (el síndrome metabólico) no maneja signos o síntomas evidentes.

LOS DOS REQUISITOS

Suele presentarse en personas que reúnen dos condiciones: escasa actividad física y resistencia a la insulina.

Traducir la primera es sencillo: abunda el sedentarismo. En cuanto a la segunda, se trata de un proceso:

La insulina es una hormona que libera el páncreas.

Una vez que el sistema digestivo descompone las viandas y las transforma en azúcar, la insulina ayuda a que el dulce sea, a nivel celular, combustible para nuestras actividades.

Por un lado, la resistencia a la hormona dificulta obtener el energético, por el otro, aumenta los niveles de glucemia (azúcar en la sangre).

Un exceso de carga acaramelada en el torrente escarlata ocasiona:

  • Daño a los nervios.
  • Problemas renales.
  • Males del corazón.
  • Accidentes cerebrovasculares.

Colesterol alto e hipertensión arterial pueden contribuir a una acumulación de plaquetas en las arterias.

Cuando estas células, que contribuyen a la coagulación de la sangre, se estrechan, los vasos sanguíneos se endurecen.

Esto conduce a fallos en los órganos que dispensan latidos o pensamientos.

EL REMEDIO ESTÁ EN LA ALACENA

Alimentos que acostumbramos consumir, fritos o aceitosos o muy dulces o muy salados, se sitúan en el extremo opuesto a una dieta adecuada.

Mal comer, entendido como llevarse a la boca comestibles de baja o nula calidad nutricional, allana el camino de la enfermedad.

En combinación con uno o varios integrantes del síndrome, empeora la condición de las personas.

Resulta indispensable interesarnos en el contenido de los productos de uso regular y no caer en los engaños de la publicidad.

¿Cómo funcionan esos engaños?

Sucede, por ejemplo, con los cereales que se anuncian como opciones saludables.

Sus anuncios suelen vender el trigo o el aporte vitamínico del producto, pero no mencionan su carga azucarada.

La calidad nutricional es la capacidad de los comestibles para satisfacer las necesidades del organismo en términos de energía y nutrientes.

Dar satisfacción a esas necesidades, se refleja en la salud.

Cuidar lo que se come representa alzar escudos contra los riesgos sanitarios.

Lo contrario representa exponerse en demasía a terminar en unidades de cuidados intensivos.

¿ES UN ALIMENTO?

En sus pasillos y anaqueles, las tiendas exhiben tanto comida de verdad como productos que aparentan ser comida.

Hortalizas, carne, pollo, pescado, huevos, productos lácteos y grasos pertenecen a la primera categoría.

Tentempiés o platos fuertes con altos contenidos de grasa, azúcar o sal, cosas como bebidas dulces, botanas y la comida rápida conforman el segundo grupo.

No es inusual que se adquieran productos cuyos principales atractivos son el precio y el sabor sintético. En esos casos, llevamos a la mesa simulaciones de alimentos verdaderos.

Invertir en comida de calidad vale la pena y se paga solo. Representa ahorrar en idas al médico, tratamientos y tiempos de recuperación.

A veces, basta con leer el empaque de un producto para darse cuenta de que un comestible no es un comestible sino un producto de laboratorio con sabor y textura artificial.

Formar el hábito de la nutrición inteligente fortalece el sistema inmunológico.

PRECISIÓN NUTRICIONAL

No todo lo natural es saludable. Un jugo de la fruta favorita, por ejemplo, puede disparar los niveles de azúcar en la sangre.

Siempre será mejor dar cuenta de los caramelos de la naturaleza en su forma original que beberlos.

Tomar conciencia de lo que das a tu cuerpo exige informarse.

Recibir asesoría en temas de salud y nutrición adquiere el carácter de indispensable.

El organismo sabe cómo producir el azúcar que necesita y cómo vivir sin comer carbohidratos.

No hay necesidad de recargarlo con aquella o con estos.

De un modo velado a nuestra razón, el cuerpo sabe que comer dulce todo el tiempo conduce al consultorio.

Además, debe considerarse que la alimentación afecta tanto la química cerebral como el comportamiento.

La gente sabe que debe alimentarse bien, pero prefiere otras opciones, las fritas o bañadas en sacarosa so que han sido procesadas.

Una conciencia que fomenta la salud desde las citas con la mesa arroja beneficios mayúsculos.

Quizá los más atractivos sean retrasar la inevitable despedida y permitir que la vida se desarrolle sin dolores, ni complicaciones.

INSEGURIDAD ALIMENTARIA Y DE SALUD

Más allá de los hospitales, la pandemia de Covid-19 ha ocasionado dificultades laborales, sociales, económicas.

Demasiada gente ha caído en la inseguridad alimentaria o bien la han visto reforzarse.

Así llegamos a una realidad donde los mexicanos pobres presentan, al mismo tiempo, cuadros de desnutrición y una alta prevalencia de sobrepeso y obesidad.

7 de cada 10 adultos en el país llevan kilos de mal, una de las condiciones del síndrome metabólico, la pandemia silenciosa.

Garantizar el acceso a viandas saludables es un pendiente que la amenaza del coronavirus, de un modo retorcido si se quiere, invita a resolver.

Mientras la constante sea mantener a mano productos con baja o nula calidad nutricional, el síndrome metabólico, la Covid-19 y cualquier agente nocivo en el porvenir, nos hallarán con la guardia baja, listos a recibir el golpe del nocaut.

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