Héroe de la pandemia, boleto al olvido

PERSONAL MEDICO PANDEMIA

Por Fabio Pérez

La etiqueta “héroe de la pandemia” es un boleto directo al olvido.

Dar muestras de gratitud hacia el personal sanitario (y publicitarlas) fue primordial en los primeros 18 meses de la crisis.

Ese homenajear el trabajo del personal clínico era mejor que prestar atención al llamado de la Organización Mundial de la Salud: «cuidar de quien nos cuida».

La OMS pidió insistentemente a los gobiernos hacer algo para proteger la integridad física y mental de los trabajadores de hábitos blancos.

Con pandemia o sin ella, aliviar el sufrimiento de las personas y salvar vidas, tareas que realizan los integrantes del ramo clínico, son razones que justifican invertir en el personal.

“Ningún país, hospital o centro de salud puede mantener a salvo a sus pacientes a menos que preserve la seguridad de sus trabajadores de la salud”, sentenció el organismo internacional.

¿Cómo proteger al personal?

Hay que mejorar las condiciones laborales, brindar mayor capacitación y una remuneración acorde con su labor (y el riesgo que conlleva) y dedicarle un trato respetuoso.

Antes de la irrupción del coronavirus, esos pendientes ya formaban parte de la cotidianidad.

Todo apunta a que otros virus vendrán y esos déficits seguirán presentes.

En obras de ficción, un tema recurrente es que pasaría si una persona o un grupo poblacional desapareciera de este mundo.

Movimientos sociales y protestas políticas han llevado esa idea a la práctica para dar a la sociedad un día sin mujeres, un día sin maestros y demás.

¿Quién se atreve a imaginar un mundo sin héroes que atiendan a las víctimas de las pandemias de este mundo?

Cuidar de quien nos cuida también exige:

  • Protegerlo de la inseguridad
  • Proporcionarle apoyo psicológico
  • Dotarlo con equipo que mantenga a raya a los agentes infecciosos
  • Diseñar y ejecutar programas de seguridad durante el desempeño de sus funciones

Minoría en peligro

La Covid-19 puso a toda la familia del sector salud en sitios tan peligrosos que cualquier descuido podía acarrear un desenlace fatal.

Durante los pasados dos años, la proporción de sanitarios infectados fue mucho mayor a la de cualquier otro grupo poblacional o de la sociedad en general.

En países de ingresos bajos y medios, como México, los héroes de hábitos blancos representan menos del 2 por ciento de la población.

La minoría clínica acumuló alrededor del 14 por ciento de los casos de coronavirus que esas naciones reportaron a la OMS.

Se ignora cuántos de esos trabajadores se infectaron en sus puestos y cuántos contrajeron el virus en casa o en la calle.

El hecho ineludible es que miles de ellos perdieron la batalla contra la Covid-19.

Héroes estresados

Cabe señalar que el contexto pandémico depositó un extraordinario estrés psicológico sobre los “héroes”.

Cumplieron largas jornadas en salas saturadas de infectados y vivieron largos meses con el temor a contagiarse, uno que los llevó a apartarse de sus familias.

Diversos estudios señalaron que, a raíz de la pandemia, uno de cada cuatro miembros del ejército clínico sufrió depresión y ansiedad, y uno de cada tres padeció insomnio.

La OMS documentó que la COVID-19 también significó un aumento en el número de profesionales sanitarios que denunciaron acosos verbales, discriminación y violencia física.

En algunos casos, fueron objeto de muestras de repudio en la vía pública.

Tareas

La pandemia ofreció a los gobiernos de países como México la oportunidad de vincular de una buena vez conceptos como atención de la salud, seguridad en el trabajo, cuidado del paciente y programas de control de infecciones.

La oferta fue declinada.

Se requiere actualizar las normas nacionales de salubridad y seguridad en el centro laboral para que la protección de los agentes salutíferos esté garantizada.

Otras acciones inexorables son poner en marcha tanto políticas como mecanismos dirigidos a prevenir y erradicar la violencia en el sector clínico.

También ayudaría desarrollar sistemas de indicadores que velen por la salvaguarda física y mental de enfermos y profesionales sanitarios.

Ningún doctor o enfermera le haría gestos a políticas que garanticen una duración apropiada y justa de la asignación a determinadas labores y los descansos.

Ya entrados en gastos podría aligerarse la carga administrativa que se pone sobre sus hombros.

El beneficio de la duda

En septiembre del 2020, Amnistía Internacional difundió un informe en el que consignaba que 7 mil trabajadores del sector salud habían muerto luego de contraer el coronavirus.

México iba a la punta del conteo mundial, con 1 mil 320 defunciones, y ya no dejó ese sitio.

Según AI, el hecho de que 7 mil personas murieran mientras trataban de salvar a otras constituía “una crisis de una escala asombrosa”.

Más que un postulado lindo de pronunciar, “cuidar de quien nos cuida” garantiza que el buque de la sociedad no se hundirá tras chocar con el iceberg de una enfermedad sumamente dañina.

Sin embargo, resulta más sencillo entregar a los «héroes de la pandemia, un boleto directo al olvido.

Lo más reciente
La inteligencia de los virus