Escenas laguneras

Pipa falta de agua torreon

Francisco Valdés Perezgasga

Haga conmigo el viaje al Torreón de hace cien años. Una casa en la esquina de la Ramón Corona y la Morelos, por ejemplo. Ahí vivía un niño que después sería mi padre.

Nacido en las afueras de Tangancícuaro, Michoacán. Huérfano de su madre Elvira e hijo de Adolfo, modesto agricultor, había llegado a La Laguna a vivir y criarse con sus abuelos maternos, don Francisco Anaya y doña Isabel Pérez, comerciantes michoacanos asentados acá.

Quienes trataron a mi bisabuelo Francisco, fallecido en 1948, cinco años antes de que yo naciera, dicen que era un hombre justo y generoso. Mi nombre se lo debo a él, lo que me honra.

Platicando hace meses con mi tío Ricardo Anaya —en una conversación que siempre lamentaré no haber prolongado— le pregunté cómo era aquella casa; su ubicación, su tamaño, la disposición de los cuartos y los patios, etcétera.

Un dato me brincó de inmediato: en el patio del fondo estaba el pozo que abastecía de agua a la casa.

El agua estaba a unos cuantos metros de la superficie. Con un simple malacate, se sacaba el agua dulce, potable, depositada bajo la tierra a lo largo de milenios por el paciente paso del Nazas por este valle.

Simas, o su equivalente, no era ni siquiera el brillo en los ojos de algún político venal. Eso vendría décadas después. El sistema de agua potable era democrático, autogestivo y descentralizado.

A medida que los mantos acuíferos descendían este sistema entró en crisis. Mikael Wolfe, en su libro sobre el agua en La Laguna (Watering the revolution, Duke University Press, 2017) cita a Paul Waitz, ingeniero de origen austríaco que trabajaba para la Comisión Nacional de Irrigación.

Waitz, en 1930 (¡En 1930!) advertía: “la extracción de agua del subsuelo con bombas de gran diámetro ha aumentado tanto que los agricultores están sacando grandes cantidades de agua a niveles muy profundos”.

Uno de sus colegas, que también fue su discípulo, Gonzalo Vivar, decía en un estudio de 1934: “es deseable que, en el caso de las perforaciones en el valle de La Laguna buscando agua, haya regulaciones adecuadas por el bien de todos. Hasta ahora, reina la anarquía en la explotación de las aguas subterráneas: no existe una dirección técnica sobre la distribución de las perforaciones ni de la extracción de agua en cada pozo”.

Desde entonces, diría el clásico, el resto es historia. No hicimos caso a la voz de los conocedores y decidimos seguir el canto de las sirenas de la avaricia, es decir, del desastre.

Entonces Simas tenía que aparecer a fortiori como un sistema centralizado, de comando y control y en las manos de la clase política.

La sobreexplotación de nuestros acuíferos continuó poniendo la mesa para la crisis de agua que hoy vivimos.

Mi familia se mudó a la Ampliación Los Ángeles en 1960. La casa de la familia estuvo habitada hasta hace pocos años.

Yo me mudé a la misma colonia en 1994. En 62 años de residencia continua —mía y de mi familia— nunca faltó el agua. Hasta ahora.

Recuerdo cuando, al construir mi casa, el arquitecto me sugirió construir una cisterna. Me pareció una extravagancia. Corría 1993, no hace tanto.

Le dije que no era necesario que aquí nunca faltaba el agua. Al final accedimos a la construcción de la cisterna.

Hoy, menos de 30 años después, en esta primavera de 2022, ya vamos por nuestra tercera pipa de agua a precios exorbitantes.

Cuando salga a la calle, ponga atención. Verá que por las calles de la ciudad se mueven docenas de pipas de muchos tamaños transportando agua. Trailers de 46 mil litros, camioncitos de 10 mil. Depósitos cúbicos de plástico encerrados en un tramado metálico en las cajas de pick-ups. Toda la fauna del trajín de agua frente a nuestros ojos.

Ponga atención y también verá camionetas, coches y taxis acarreando tinacos para almacenar agua.

Ante este escenario de catástrofe ninguna autoridad, ninguna, se atreve a señalar la causa de la crisis. Todos le sacan la vuelta, se quedan callados, voltean hacia otro lado.

El alcalde de Torreón, Román Alberto Cepeda, dio un discurso —rodeado de mercadológico misterio para causar expectación— sobre la crisis que atravesamos.

Ni una palabra sobre la sobreexplotación literalmente criminal de miembros distinguidos de su misma clase social.

Las medidas anunciadas (¿12?¿15?) fueron los ridículos ratones paridos por los montes. “Torreón tiene agua” dijo. Vamos a perforar más pozos.

Si Torreón pasa por una crisis inédita de agua es por la sobreexplotación advertida hace 92 años. La solución no puede ser más de lo mismo, o sea, perforar más pozos. La lógica del alcalde es increíble, por decir lo menos.

Mientras sigamos evadiendo el problema, continuaremos transitando en el camino que ya demostró que nos lleva a un abismo tan cierto como cercano.

La ceguera de los sobreexplotadores, de nuestros gobernantes y de nosotros mismos es el ingrediente para el colapso que vendrá.

Ya sea por la falta de agua, ya sea por el estallido social incontrolable de furiosos y sedientos ciudadanos laguneros.

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