La inteligencia de los virus

Por Fabio Pérez

La inteligencia de los virus quedó de manifiesto con la irrupción de la COVID-19 y sus variantes en nuestra cotidianidad.

Esa inteligencia parte de su genoma, la secuencia total de material genético que contiene:

a) información sobre las características del agente infeccioso, y

b) las instrucciones para multiplicarse.

Ahí se ubican datos como los de las especies puede infectar, el modo de contagio, la forma en que interactúa con los mecanismos de defensa celulares.

Cuando los genomas virales se replican llegan a registrarse errores, cambios, mutaciones que modifican el comportamiento de estos microorganismos.

En el mundo celular, si bien el ADN es el almacén de la información genética, las partículas víricas pueden recurrir a otro contenedor: la molécula de ARN.

Los virus causantes de la gripe, de la inmunodeficiencia adquirida, el ébola, y los coronavirus, agentes nocivos que comparten la seña de ser difíciles de controlar, contienen genomas de ARN.

Sus mutaciones demuestran la astucia de los virus.

Algunas de esas transformaciones les permiten no ser reconocidos por los anticuerpos que produce el sistema inmune como resultado de infecciones previas.

Otros cambios les ayudan a resistir la acción de los antivirales o a infectar más especies.

EVOLUCIÓN CONSTANTE

Desde su aparición, hace ya más de dos años, el virus SARS-CoV-2 ha evolucionado, proceso que no tiene nada de raro.

Sus variantes alfa, beta, gamma, delta y ómicron, por ejemplo, fueron calificadas por la Organización Mundial de la Salud como “preocupantes”.

Esta preocupación tenía su origen en razones como su capacidad de transmisión, la gravedad de la enfermedad o su habilidad para burlar la protección inmunitaria.

¿Qué nos depara la evolución del virus?

La respuesta a esa pregunta se introduce en el terreno de la conjetura.

Un escenario probable es que la selección natural favorezca las mutaciones más aptas para la multiplicación del parásito y su transmisión hacia los huéspedes humanos.

Esto no necesariamente será malo para la humanidad.

Puede ocurrir que se impongan las variedades menos agresivas, ya que una menor letalidad significa multiplicarse más tiempo en un organismo sin necesidad de buscar otro huésped.

Algo similar ocurre con las novedades en torno a la gripe.

Con el tiempo, sus variantes nuevas causan menos daño y se transforman en gripe estacional.

En ese caso, basta con tomar las medidas correspondientes para salir bien librados del contagio.

VARIEDADES Y RIESGOS

De las variantes de la COVID-19 mencionadas, la delta llamó la atención por ser casi dos veces más contagiosa que sus predecesoras y por su potencial para causar una enfermedad más grave.

La inteligencia de los virus puede disminuir la eficacia de algunos tratamientos y de la respuesta inmune generada por algunas vacunas.

Sobre estas últimas, algunas investigaciones sugirieron que su eficacia es levemente menor contra las versiones evolucionadas del agente vírico.

No obstante, sí consiguen controlar las formas graves del mal.

Los preparados biológicos han mostrado una eficacia hasta del 96% en la prevención de la enfermedad severa producida por coronavirus.

Para reforzar la protección, lo más conveniente es recurrir a dosis adicionales y de refuerzo.

SIN CONTROL

“En lugar de arrojar a nuestras sociedades al caos cada que surge una nueva variante, tenemos que reconocer que el virus aún no está bajo control”, expuso John Nkengasong, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, en un artículo publicado en The New York Times.

Esto debe traducirse como afinar las estrategias de contención frente a futuras olas.

Nkengasong y varios científicos coinciden en que el agente infeccioso seguirá cambiando, lo que significa que habrá nuevas variantes.

Los grupos de personas no vacunadas favorecen las mutaciones.

Son individuos que pueden contraer el virus con facilidad y servir de plataforma para que se replique y mute.

Por tanto, aplacar la circulación del virus reclama ampliar las campañas de vacunación.

Eso ayudará a limitar el surgimiento de variantes y a reducir los perjuicios causados a la gente.

Conviene tener en cuenta que las infecciones a largo plazo dan al virus la oportunidad de evolucionar con mayor libertad, es decir, de crear nuevas variantes.

“El mundo tuvo suerte con ómicron. Quién sabe qué habría sucedido si esta variante tan contagiosa hubiera provocado una enfermedad tan grave como la que causa la delta”, escribió Nkengasong.

Además de la inteligencia de los virus, el SARS-CoV-2 ha demostrado fortaleza.

Algunas investigaciones sugieren que los anticuerpos desarrollados por pacientes que superan el contagio no son tan resistentes como los generados para vencer al sarampión o la varicela.

ESCENARIO DE VIRUS

Según un estudio de la Universidad de Edimburgo, existen 219 especies de virus que pueden infectar a las personas.

Suponen algo más que un riesgo para la salud; representan una oportunidad para desarrollar, por ejemplo, herramientas en la lucha contra ciertas afecciones.

Puesto en otros términos, se han convertido en una fuente de información para la ciencia clínica.

Peter B. Medawar, Nobel de Medicina en 1960, describió a los virus como “una mala noticia envuelta en proteínas”.

La existencia de estos agentes nocivos sirvió para el desarrollo de la virología, una ciencia joven que, en sus principios estaba condicionada por la falta de condiciones para el cultivo de virus.

Dado que sólo pueden reproducirse cuando infectan células vivas, en sus inicios, los virólogos recurrieron a la experimentación con animales y plantas.

Hoy día, es posible cultivar estos microorganismos en células distintas a las de sus huéspedes naturales.

Investigar los mecanismos que desencadenan los agentes víricos ha permitido diseñar tratamientos y métodos de diagnóstico basados en ingeniería genética y biología molecular.

La técnica médica incluso ya atisba la posibilidad de “hackear” a los virus.

Es improbable que veamos ese escenario materializado en soluciones contra la COVID-19 y sus variantes. Sin embargo, la opción de aprovechar la inteligencia de los virus en beneficio de la salud de la humanidad ya no es una idea como para película de ciencia ficción.

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