El dolor de ciática

Por Fabio Pérez

El dolor de ciática no respeta, ni sexo ni edad; se extiende por el nervio en cuestión; su área de influencia abarca desde la parte baja de la espalda, pasando por caderas y glúteos, hasta alcanzar las piernas.

Detrás de esta dolencia suelen hallarse razones como las siguientes:

a) Una hernia de disco en la columna vertebral.

b) El crecimiento de un hueso que ejerce presión sobre una parte del nervio (pinzamiento del nervio ciático).

En algunos casos, su origen se encuentra en un tumor que presiona ese conducto nervioso.

Males con capacidad para dañar los nervios, como la diabetes, también pueden detonar la ciática.

Dolor, inflamación y entumecimiento son las señas características de su presencia. Suele manifestarse de forma intensa.

En la mayoría de los casos desaparece al cabo de unas pocas semanas siempre que sea tratada de forma adecuada.

Pacientes que presentan esta dolencia en un grado grave, una debilidad significativa en las piernas, o cambios en el intestino o en la vejiga (entendido esto último como una disminución del control que tenemos sobre ellos), llegan a pasar por el quirófano.

¿CÓMO SE MANIFIESTA?

El dolor de ciática puede aparecer en casi cualquier punto del nervio.

Cuando se manifiesta, lo hace siguiendo un recorrido que va, por lo general, desde la región lumbar hasta los glúteos y hacia la parte posterior de muslos y pantorrillas.

En ocasiones produce una molestia leve; en otros, una dolencia aguda, que escuece. Algunos pacientes describen su aparición como si recibieran una descarga eléctrica o una sacudida fuerte.

Dado que se ubica en la raíz de la columna vertebral, el malestar puede empeorar a partir de algo tan simple como estornudar o toser.

Lo más común es que este malestar sólo afecte un lado del cuerpo.

Además de debilidad y entumecimiento, otros signos frecuentes son los siguientes:

a) Hormigueo en la pierna o en el pie.

b) Una parte de la pierna duele mientras que otra área está afectada por una pérdida de sensibilidad que llega a ser alarmante.

¿CUÁNDO VER AL MÉDICO?

En casos leves, la molestia desaparece con el tiempo. Unos pocos cuidados personales, como abstenerse de cargar objetos pesados o no doblar la espalda, bastan para que la dolencia se vaya.

Cuando se toman medidas, pero el dolor no desaparece o dicho de otro modo, cuando el dolor persiste por más de una semana, o incluso empeora, es hora de sacar cita con el médico.

Ir a consulta es obligado si se sufre un dolor tan repentino como intenso en la parte inferior de la espalda o en la pierna, además de entumecimiento y debilidad en alguna de las extremidades inferiores.

Otro escenario en el que debe consultarse al médico de cabecera es cuando se padece de la ciática tras sufrir un evento traumático, por ejemplo, un accidente de tráfico.

FACTORES

Uno de los factores de riesgo es la edad.

Con el paso de los años se presentan cambios en la columna, lo que puede provocar las causas más frecuentes de este problema: espolones óseos o hernias de disco.

Otro importante promotor de este dolor de nervio es el exceso de peso, especialmente la obesidad, porque aumenta la tensión sobre la columna.

Trabajos que exigen doblar la espalda, encorvarse, mover cargas pesadas o conducir un automotor durante mucho tiempo también pueden influyen en que uno padezca el dolor de ciática.

Estar sentado por mucho tiempo, o el sedentarismo a secas, hace a las personas más propensas a desarrollar esta molesta sensación, comparadas con quienes sí reservan parte de su tiempo a activarse.

La diabetes, al afectar la forma en que el cuerpo procesa la glucosa, incrementa el riesgo de que los nervios presenten daños.

Un aspecto positivo de este mal es que la mayoría de las personas que lo padecen se recupera sin secuelas que lamentar, incluso cuando no reciben tratamiento.

LA REGLA ES CUIDARSE

No existe una fórmula cien por ciento eficaz para prevenir el dolor de ciática.

Además, una vez que se ha padecido, puede regresar en algún momento.

¿Qué podemos hacer contra él?

Adoptar medidas para cuidarnos las espaldas.

Una es adquirir el hábito de hacer ejercicio, porque ayuda a que la espalda se fortalezca.

Introducir en la rutina ejercicios para trabajar el torso es importante a ese efecto.

Los músculos del abdomen y de la parte baja de la espalda juegan un papel destacado para mantener una buena vertical y estar bien alineados.

También hay que cuidar la postura cuando uno está sentado y fijarse bien en donde se sienta uno.

Debemos procurar elegir un asiento que ofrezca un buen respaldo para la zona lumbar, que tenga donde descansar los brazos y, preferiblemente, una base giratoria.

Ya puestos a brindar un apoyo eficaz a la parte baja de la espalda, no viene mal colocar una almohadilla para acomodar el coxis y mantener la curvatura normal del hueso. Además, mantener las rodillas al nivel de la cadera es una buena idea.

SOBRE ESTAR DE PIE Y CARGAR

Si toca estar de pie durante mucho tiempo, debe tomarse en cuenta que el cuerpo exige cambiar nuestra postura; descansar un pie sobre una caja pequeña o un escalón de cuando en cuando.

Hay que acostumbrarse a lidiar de mejor manera con tareas como cargar objetos pesados. La técnica ideal consiste en dejar que las piernas ejerzan la fuerza. Para ello, se coloca el objeto cerca del cuerpo y hay que evitar girar al tiempo que se levanta el motivo del esfuerzo.

En caso de topar con cargas complicadas (muy pesadas o difíciles de manipular) lo sensato es buscar quien nos ayude con ellas.

Una combinación de dolor y pérdida de sensibilidad en una extremidad inferior no es algo para tomar a la ligera si pasan los días y la molestia no remite.

Además, debe tomarse en cuenta que el dolor de ciática siempre puede volver.

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