Rehabilitar a quienes sufren

Por Fabio Pérez

Rehabilitar a quienes sufren es uno de los servicios sanitarios más importantes.

El sistema de salud se sostiene sobre cinco pilares.

Cuatro de ellos son de sobra conocidos: la promoción de los buenos hábitos, la prevención de enfermedades, el tratamiento de los males y los cuidados paliativos.

El restante, la rehabilitación, acapara menos reflectores a pesar de que su aporte al bienestar social es indiscutible.

Ayuda tanto a niños como adultos afectados por alguna afección, dolencia o discapacidad.

Suyo es el mérito de contribuir a que el paciente consiga la mayor independencia posible.

También permite estar en condiciones de llevar a cabo actividades educativas, laborales, recreativas.

A nivel mundial, el dato es de la Organización Mundial de la Salud, hay unos 2 mil 400 millones de personas cuyos padecimientos exigen rehabilitación.

Según proyecciones del organismo internacional, la necesidad de este pilar de la salud aumentará en las próximas décadas debido, principalmente, al envejecimiento poblacional.

El aumento de la esperanza de vida y una sociedad cada vez más avejentada dará lugar a una mayor incidencia de males crónicos y discapacidades.

En realidad, el presente ya plantea desafíos de consideración.

Se estima que en naciones de ingresos bajos y medianos, un 50 % de las personas que requiere rehabilitación no recibe esta ayuda profesional.

Además, con la pandemia de COVID-19, las opciones de acceder a esta asistencia clínica no han hecho sino reducirse.

¿QUÉ ES LA REHABILITACIÓN?

El conjunto de intervenciones dirigidas a optimizar la condición de personas que han sufrido algún padecimiento, o bien reducir los alcances de una discapacidad, cuando interactúan con su entorno.

Dicho de otro modo, contribuye a que los individuos no dependan de otros para hacer sus cosas.

¿En qué consiste? En tratar los síntomas de la afección, como el dolor, y mejorar el modo en que la persona se desenvuelve en su día a día.

Brinda apoyo al paciente para que supere las dificultades a las que se enfrenta.

Estas complicaciones se manifiestan, por ejemplo, a la hora de comunicarse y hacerse entender, cuando se necesita escuchar u observar, a la hora de alimentarse o de trasladarse de un punto a otro.

RECURSO A TENER EN CUENTA

Que un individuo no necesite rehabilitación hoy, no significa que no vaya a requerir de ella mañana.

Lo ideal es que este auxilio esté al alcance del aquejado cuando toque lidiar con las consecuencias de enfermedades, lesiones o intervenciones quirúrgicas.

También se utiliza para retrasar las limitantes en la movilidad y los efectos en la salud mental que acompañan a la vejez.

La rehabilitación agrupa una buena cantidad de recursos clínicos:

a) Ejercicios diseñados para mejorar la comunicación de quien ha sufrido una lesión cerebral.

b) Modificaciones en la vivienda de un adulto mayor con el fin de mantenerlo seguro, facilitar que se mueva de un lado a otro, o minimizar el riesgo de caídas.

c) En casos de cardiopatía, la rehabilitación incluye activar a la persona y fomentar un estilo de vida saludable.

Este pilar de la salud también abarca desde la fabricación y el ajuste de una prótesis hasta el adiestramiento para que el individuo que ha sufrido una amputación pueda utilizarla.

La ciencia médica ha desarrollado técnicas de posicionamiento y colocación de férulas para contribuir a la cicatrización de heridas, reducir inflamaciones y recuperar la movilidad tras una intervención quirúrgica producto de una quemadura.

Los laboratorios contribuyen con el desarrollo de medicamentos para rehabilitar a quienes sufren.

En este punto destacan, por ejemplo, las fórmulas que reducen la rigidez muscular en los niños con parálisis cerebral.

Cuando se trata de combatir males neuronales, como la depresión, la rehabilitación adquiere la forma de apoyo psicológico.

Para casos de pérdida de visión, una tarea prioritaria es enseñar al invidente a utilizar el bastón blanco.

UN AMPLIO MENÚ

El concepto de rehabilitación abarca infinidad de aspectos, de tareas, de necesidades.

Se centra mucho en el individuo, esto significa que las intervenciones y el enfoque elegidos varían en función de los objetivos y las preferencias del paciente.

Muchas de las acciones para rehabilitar a quienes sufren pueden desarrollarse en el hogar; otras, son exclusivas de entornos hospitalarios.

Hay un amplio catálogo de profesionales de la salud involucrados en este pilar de la salud.

Ergoterapeutas, fisiatras, logopedas, ortesistas y protesistas son algunos de ellos.

La baraja de opciones incluye a psicólogos clínicos, psicoterapeutas y enfermeras especializadas en rehabilitación.

EVIDENCIA A FAVOR

Está comprobado que rehabilitar a quienes sufren puede reducir de forma significativa los efectos de infinidad de problemas de salud.

Desde enfermedades tanto agudas como crónicas, hasta lesiones o traumatismos, ven disminuidos sus efectos en las personas por el trabajo de rehabilitación.

También complementa a intervenciones clínicas como la cirugía.

Su propósito en cualquier caso es conseguir el mejor resultado posible, pensando en la autonomía de los pacientes.

Es bastante común recurrir a ella cuando se lidia con lesiones de la médula, accidentes cerebrovasculares o fracturas.

Atenúa los efectos discapacitantes que producen males como la diabetes o el cáncer.

Aporta a los pacientes estrategias de autocuidado y conocimientos técnicos que les ayudan a lidiar con el dolor o las complicaciones de sus afecciones.

La rehabilitación también ahorra mucho dinero a pacientes y familias.

Suyo es el mérito de evitar hospitalizaciones costosas y reingresos por recaídas.

Cabe mencionar que sus recursos y estrategias no son solamente para quienes sufren trastornos de larga duración o deficiencias físicas.

Toda persona con un problema de salud, deficiencia o lesión que conlleve una limitantes para su vida es candidata a recibir este tipo de servicios.

No se trata de una terapia a probar cuando falla alguna otra intervención clínica, ni un lujo reservado para quienes pueden costearla.

Debe formar parte de la cobertura universal de salud.

Hoy día, sin embargo, se trata de otro frente del sistema sanitario mexicano que requiere arduo trabajo para abatir el rezago existente.

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