Rareza de la pandemia

Por Fabio Pérez

Las víctimas del Síndrome Inflamatorio Multisistémico Pediátrico (SIMP), rareza de la pandemia, son una proporción escasa de los contagiados de la Covid-19.

Sin embargo, como se trata de una afección tan novedosa como grave, conviene prestarle atención, por aquello de la detección oportuna.

Su nombre ya indica que afecta a los niños; el primer párrafo, deja en claro que ataca a infantes que engrosan las estadísticas de la pandemia.

Conviene empezar con el contexto.

La mayor parte de los pequeños que se contagian con el virus muestran signos leves de malestar.

En algunos casos el SIMP hace acto de presencia.

Causa que órganos y tejidos se inflamen. Llega a poner en riesgo la vida del paciente.

Puede afectar corazón y pulmones, aparato digestivo y riñones, vasos sanguíneos y cerebro. Piel y ojos tampoco están exentos de su influjo.

Su sintomatología depende de las partes del cuerpo afectadas.

Es un síndrome porque reúne un conjunto de signos y síntomas, no se trata de un mal específico.

DE ORIGEN DESCONOCIDO

Se desconoce mucho sobre el SIMP, empezando por su causa y los factores de riesgo.

De momento, se le define como una respuesta inmunitaria excesiva relacionada con la presencia de la COVID-19 en el organismo.

No hay evidencia de que sea contagioso.

Para saber más sobre él, falta identificar un mayor número de casos y estudiarlos en busca de puntos comunes, marcadores genéticos o factores inmunológicos, por ejemplo.

Rara vez se presenta en adultos contagiados y, por lo general, lo hace en individuos asintomáticos.

Lo más común es que se haga notar semanas después de la infección.

No es inusual que por causa de esta rareza de la pandemia los padres descubran que sus hijos portaban el virus.

Confirmar o desmentir que se trata de inflamación multisistémica exige una prueba de anticuerpos en busca de rastros del agente pandémico.

Si el análisis sale positivo, significa que el sistema inmune del menor desarrolló defensas que combatieron a la enfermedad respiratoria.

ATENCIÓN A LOS SÍNTOMAS

La mayoría de los diagnósticos de SIMP son de pequeños entre los tres y los doce años de edad; suele respetar a bebés y adolescentes.

La condición de muchas de sus víctimas mejora tras recibir la atención médica pertinente.

En algunos casos, los pequeños pacientes empeoran rápidamente, tanto que su vida se ve en peligro.

Por ello, hay que acudir en busca de atención clínica en cuanto se perciban indicios del síndrome.

La lista de síntomas incluye: fiebre que dura más de un día, vómitos, diarrea, dolor estomacal, sarpullido, sensación de cansancio, ritmo cardíaco elevado y respiración acelerada.

También ojos rojos, labios o lengua enrojecidos o hinchados, inflamación de manos o de pies, cefáleas, mareos, ganglios linfáticos más grandes de lo normal y sensación de aturdimiento.

Signos que ameritan asistencia de emergencia son: fuerte dolor de estómago; problemas para respirar; coloración pálida, o grisácea, de piel o labios (esto depende del tono normal de la epidermis); sentirse confuso; incapacidad para despertar o para mantenerse consciente.

Conviene ir a consulta aunque las señales de SIMP sean leves.

El tratamiento adecuado permite lidiar con los síntomas y recuperar la salud sin lidiar con complicaciones.

Es posible que el médico ordene al aquejado a practicarse análisis de sangre o pruebas por imágenes de pecho, corazón o abdomen con el fin de comprobar si alguna zona del cuerpo está inflamada.

Esas pruebas también permiten advertir alguna otra manifestación de esta rareza de la pandemia.

La detección temprana significa adoptar un tratamiento adecuado antes de que surjan problemas de consideración en órganos vitales, como el corazón o los pulmones.

A la fecha, han sido escasos los casos en que acarrea daños permanentes o la defunción del paciente.

ATENCIÓN OBLIGADA

El mejor modo de prevenir el SIMP es evitar que el niño se contagie de coronavirus.

De ahí que las recomendaciones generales sean lavarse las manos con frecuencia, evitar aglomeraciones, guardar la sana distancia, utilizar cubrebocas.

Si el médico sospecha que un infante padece inflamación multisistémica, primero debe descartar que sea un caso activo de Covid-19 o que su malestar se deba a otros males inflamatorios, como la septicemia o la enfermedad de Kawasaki.

Casi todos los menores con SIMP requieren ingreso hospitalario.

En ocasiones resulta ineludible que los acoja la unidad de cuidados intensivos pediátricos.

Los menos afectados exhiben síntomas leves (dolor de garganta, tos, fiebre) que pueden tratarse en casa con líquidos y medicamentos como paracetamol.

En el caso de los ingresados, los profesionales de la salud toman medidas dirigidas a reducir la hinchazón de los órganos afectados, esto para proteger al paciente de daños permanentes.

Si perciben deshidratación, administran líquidos; si hay dificultad para respirar, suministran oxígeno.

Tratar la inflamación multisistémica puede exigir el uso de antibióticos, terapia con esteroides o aplicar inmunoglobulina intravenosa (inyectar anticuerpos de sangre donada en una vena del paciente).

Otro método consiste en emplear recursos dirigidos a reducir los niveles de citocinas (proteínas) que pueden causar hinchazón.

Hay que prestar atención a esta rareza inflamatoria de la pandemia.

Si bien no afecta a todos los contagiados de coronavirus es capaz de poner en riesgo la vida de los infantes cuando los padres ya han bajado la guardia pensando que han vencido al virus y sus secuelas.

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