La protección del zinc

Por Fabio Pérez

Si bien no suena como algo que pondrías de forma voluntaria en la canasta del mandado, lo cierto es que conviene llevar puesta la protección del zinc.

Este mineral ha cobrado relevancia en el ámbito médico en el último año.

La idea de incluirlo en la dieta es del todo acertada.

Antes de la pandemia, la protección del zinc ya gozaba de prestigio por sus servicios prestados en temporadas de resfriados y gripe.

En los dos años pasados, varios estudios arrojaron indicios de que ayudó a contrarrestar los efectos de la Covid-19.

Juega un papel destacado en la estructura de casi todas las células del organismo, es una sustancia multifuncional que colabora en muchos procesos biológicos.

Gracias a él, fabricamos proteínas y ADN.

Contribuye al crecimiento óseo y al mantenimiento de las células intestinales.

Ayuda a la cicatrización de heridas y a la buena condición de los sentidos del olfato y el gusto.

En cuanto al sistema inmune, actúa a nivel celular para detener la replicación de los virus.

También es un aliado en el ámbito de la salud mental, contra el estrés emocional, de ahí que se recomiende para lidiar con la depresión.

Como el organismo ni lo produce ni lo almacena, para satisfacer la necesidad de este mineral hay que ingerirlo todos los días.

ALIADO DE LA RECUPERACIÓN

El sulfato de zinc se ha empleado en combinación con la hidroxicloroquina y la azotromicina en el tratamiento de pacientes de coronavirus.

La comunidad médica ha observado que quienes reciben el mineral son dados de alta con más frecuencia y requieren menos ventilación mecánica durante su convalecencia.

Esto se ha traducido como un menor riesgo de mortalidad y una probabilidad más baja de necesitar cuidados intensivos por cortesía de la protección del zinc.

La ciencia clínica maneja la hipótesis de que los iones del mineral son capaces de inhibir la acción de alguna enzima que facilita la actividad viral de la Covid-19.

Esta conjetura no es una sorpresa.

Desde hace tiempo se considera que la ingesta frecuente de zinc, mediante el consumo de alimentos que lo tienen o de suplementos, ayuda a prevenir la neumonía y a reducir la gravedad de las bronquitis (en especial en niños).

Su carencia, en cambio, llega a afectar la respuesta inmune (en particular de los adultos mayores).

No obstante, la evidencia disponible está lejos de ser definitiva.

Es imposible afirmar de forma tajante que el mineral contribuye a prevenir infecciones virales.

¿DÓNDE ESTÁ?

Las ostras son una magnífica fuente de zinc.

Otras fuentes confiables son carne roja, carne de ave, algunos mariscos y cereales fortificados.

La absorción a partir de alimentos se concreta mejor cuando se trata de productos de origen animal.

Frijoles, frutos secos, cereales integrales y lácteos son otros comestibles que proporcionan el nutriente.

Casi todos los suplementos multivitamínicos/minerales lo incluyen para reforzar el efecto salutífero.

También se venden complementos en los que aparece en solitario o combinado con calcio y magnesio.

Más presentaciones son las pastillas o el jarabe. Se dice que estos preparados acortan la duración de un resfriado cuando se toman en las 24 horas siguientes a la aparición de signos y síntomas.

Para no perder mineral, debe considerarse que la fibra alimentaria, o dietética (fragmentos de vegetales que el cuerpo no puede digerir o absorber), y unas sustancias denominadas fitatos (que vienen en cereales, frutos secos y legumbres) se unen al zinc y reducen la asimilación del elemento.

Trastornos digestivos como la colitis ulcerativa pueden reducir la cantidad de zinc que procesa el cuerpo al estimular su pérdida a través de la orina.

El alcohol, el de las bebidas embriagantes, también castiga la absorción del mineral, contribuye a que sea desechado con rapidez.

La deficiencia de zinc puede causar pérdida de peso y reducir el nivel de concentración de una persona.

En niños, su carencia está asociada a un mayor riesgo de sufrir retraso del crecimiento, contraer enfermedades diarreicas y enfermar de las vías respiratorias.

El exceso también genera inconvenientes.

Grandes cantidades de zinc son tóxicas y pueden acarrear deficiencia de cobre y daño al sistema nervioso.

En forma de pastilla, llega a producir náuseas o mal gusto en la boca.

Cuando es parte de un régimen de suplementos a largo plazo llega a inhibir la absorción de otros nutrientes, como el hierro. Sin el ferroso elemento, viene la anemia.

PROTECCIÓN CELULAR

Falta una mayor comprensión del modo en que funciona la protección del zinc, cuando se administra junto con antibióticos, dentro del tratamiento de aquejados por infecciones agudas y graves de las vías respiratorias.

Es decir, aún no está claro cómo o qué hace el mineral para reducir el riesgo de ser víctima de afecciones severas del sistema pulmonar.

La ciencia clínica propone que ayuda a regular funciones inmunitarias como la protección de las células en caso de inflamaciones o lesiones de los órganos que participan del acto de respirar.

En cualquier caso, conviene plantearse el consumo habitual de este nutriente.

Sin embargo, antes de utilizarlo para prevenir un resfriado o reducir sus efectos, hay que pedir consejo al médico.

Recibir asesoría ayuda a definir dosis, forma de consumo y tiempo que durará el tratamiento conforme a las características y la condición de un individuo.

Dependencias de salud suelen manejar límites diarios de ingesta que van desde los cuatro miligramos en recién nacidos hasta los 40 miligramos en adultos.

La protección del zinc es indispensable para estar sano.

Por eso, conviene echarlo al carrito del súper cada que uno va por el mandado.

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