Taquicardias que rompen vidas: señales de alerta

Por Fabio Pérez

Taquicardias que rompen vidas. ¿Eso existe siquiera?

La respuesta es “sí”.

Antes de abundar sobre ellas, conviene mencionar algunos aspectos técnicos.

Cuando está en reposo, el corazón produce entre 60 y 100 latidos por minuto; la taquicardia irrumpe cuando el pulso se acelera y la frecuencia cardíaca rebasa la centena de latidos por minuto.

Como ya se avanzó desde el título, la aceleración del motor de la vida no siempre es sinónimo de problema.

Ejercitarse o ser víctima de grandes cantidades estrés pueden provocar el vértigo cardíaco.

Las arritmias, es decir, los ritmos cardíacos irregulares, son otra razón del latir vertiginoso.

¿Dónde está el problema? Si el corazón late con demasiada fuerza, no bombea sangre suficiente al resto del cuerpo, esto significa que órganos y tejidos no reciben oxígeno en las cantidades que requieren para funcionar correctamente.

¿Cómo se manifiesta? Además del latir acelerado, hay dolor en el pecho y una sensación de golpeteo en él (palpitaciones), desmayos y una sensación de aturdimiento.

Hay quienes padecen taquicardia, pero son pacientes asintomáticos. Se dan cuenta de su condición cuando se practican, por alguna otra razón, pruebas cardíacas o físicas.

DIVISIÓN

Las taquicardias que rompen vidas son, pues, parte de la vida de muchas personas.

El tipo más común, la sinusal, se ubica del lado no tan perjudicial del espectro y es la que se presenta cuando un individuo hace ejercicio o está sometido a una carga considerable de estrés.

Las del lado negativo, se agrupan según la parte del corazón responsable del latir vertiginoso.

En la fibrilación auricular ocurren señales eléctricas irregulares en la aurícula (cavidades superiores del corazón) que generan el pulso desbocado. Se trata, por lo general, de una taquicardia temporal; sólo cuando no desaparece hay que buscar consejo médico y tratamiento.

El aleteo auricular es similar a la condición anterior; una diferencia es que el ritmo cardíaco está más organizado. Puede desaparecer sin que uno haga nada o demandar asistencia clínica. Quienes lo padecen suelen alternar sus episodios con los de la fibrilación auricular.

La taquicardia ventricular comienza en los ventrículos, las cavidades inferiores del corazón. En ella, la frecuencia cardíaca impide que estas cavidades se llenen y compriman de modo que puedan bombear sangre suficiente a todo el cuerpo. Suele durar un par de segundos y retirarse sin causar perjuicio alguno; los eventos que duran más llegan a representar un riesgo para la vida.

Un tipo más, la taquicardia supraventricular, abarca a las arritmias que comienzan por encima de los ventrículos. Aquí se produce un fuerte latir que comienza y termina de forma abrupta.

Finalmente, la fibrilación ventricular, que se caracteriza porque señales eléctricas, caóticas y rápidas, provocan que los ventrículos tiemblen en lugar de contraerse de forma coordinada. Se trata de un serio problema, puede derivar en un resultado fatal si el ritmo cardíaco no se normaliza en cuestión de minutos. Quienes padecen esta clase de taquicardia padecen un mal cardíaco subyacente o han sufrido un traumatismo grave.

¿QUÉ HACER?

Que el corazón se acelere no siempre conduce a consulta.

Solicitar la intervención médica es recomendable cuando se sienta debilidad, falta de aire, mareos, sensación de aturdimiento, dolor y molestia en el pecho, o se sufra un desmayo. Esas señales alertan de la presencia de taquicardias que rompen vidas.

Cabe mencionar que la fibrilación ventricular puede acarrear una drástica disminución de la presión arterial. Esto significa que el afectado puede colapsar en apenas unos segundos. Respiración y pulso simplemente se detienen.

Ante un caso así, hay que pedir ayuda de inmediato.

En lo que llega el auxilio clínico, debe administrarse reanimación cardiopulmonar, esto para mantener el flujo sanguíneo hacia los órganos hasta que se pueda administrar la desfibrilación, es decir, una descarga eléctrica.

Cuando no se domina la respiración de rescate (boca a boca o boca a nariz), debe intentarse la reanimación cardiopulmonar con las manos. Hay que presionar el centro del pecho con firmeza y rapidez, a un ritmo de 100 a 120 compresiones por minuto hasta que llegue el servicio médico.

En caso de tener a mano un desfibrilador externo automático, basta con seguir las instrucciones que acompañan al dispositivo para usarlo de forma eficiente. El propósito de la descarga es reiniciar los latidos del corazón.

A CONSIDERAR

La siguiente es una lista de factores que suelen estar detrás de un gran número de taquicardias:

Fiebre

Consumir alcohol en exceso o pasar por un periodo de abstinencia

Altos niveles de cafeína en el organismo

Presión arterial alta o baja

Un desequilibrio de electrolitos (potasio, sodio, calcio, magnesio) en la sangre

Efectos secundarios de medicamentos

Hipertiroidismo

Un bajo volumen de glóbulos rojos (anemia)

Fumar

Consumo de cocaína o metanfetamina

Cabe mencionar que, en ocasiones, no es posible determinar la causa exacta de la taquicardia.

TRATARLA SÍ O SÍ

El pulso acelerado puede provocar complicaciones de salud como insuficiencia cardíaca o accidentes cerebrovasculares y hasta la muerte.

Hay varios recursos disponibles para disminuir el un ritmo cardíaco alterado:

Maniobras como toser, o agacharse como si uno fuera a evacuar, o colocarse una compresa fría sobre la cara, afectan al nervio vago (uno de los principales del sistema nervioso) y ayudan a normalizar los latidos.

Fármacos que restablecen el ritmo normal del motor del organismo.

Envío de descargas eléctricas al corazón a través de sensores colocados en el pecho (cardioversión).

La cirugía también está en la lista.

Quienes batallan con las taquicardias que rompen vidas corren más riesgo de desarrollar un coágulo sanguíneo, el cual puede detonar un accidente cerebrovascular o un ataque cardíaco.

Adoptar cambios en el estilo de vida y seguir las recomendaciones médicas son decisiones que disminuyen el riesgo de que un corazón desbocado ponga en riesgo tanto la calidad de vida como la vida misma del paciente.

Una dieta saludable, evitar el sedentarismo, combatir el sobrepeso o la obesidad, cuidar la presión arterial y los niveles de colesterol, dejar el cigarro, beber con medida, no ingerir drogas ilícitas, bajarle a la cafeína y aprender técnicas para manejar el estrés, son acciones que el motor de la vida corazón recompensa con bienestar.