Quemado por el trabajo

Por Fabio Pérez

Quemado por el trabajo, así puede definirse al “burnout”, también conocido como síndrome de desgaste ocupacional.

Al tratarse de un mal neuronal no genera respuesta inmunológica del organismo.

Sus efectos, tanto a nivel físico como mental, pueden ser demoledores.

En los entornos laborales se ubican sus víctimas: individuos estresados, extenuados, desmotivados, irritables, y un largo etcétera.

El lector puede objetar que el trabajo hace infelices a muchas personas, eso es evidente.

Sin embargo, el desgaste ocupacional no afecta a quienes preferirían evitar la fatiga, sino a aquellos con ganas de destacarse, gente propensa a desarrollar adicción al trabajo.

“Burnout” puede traducirse como “quemado” o “consumido”, los dos términos resumen la cuestión de excelente manera.

Se produce como respuesta a factores estresantes de tipo emocional e interpersonal que tienen su raíz en el puesto laboral.

El estrés, constante e intenso, origina la pérdida progresiva de energía y propósito.

Cuando alguien es “quemado” por el trabajo se adentra en una condición de agotamiento emocional, ligado a una drástica disminución del sentido de realización personal, con manifestaciones físicas.

La Organización Mundial de la Salud ha incluido al “burnout”dentro de las afecciones relacionadas con el desgaste profesional.

NO SE CURA CON UN DESCANSO

Pensar que este síndrome es una fatiga que puede curarse con unos días de descanso sería equivocarse y, en un momento dado, abrir la puerta al colapso.

El desgaste ocupacional es algo más que el cansancio regular producto de las jornadas laborales.

A partir de él surgen padecimientos psicológicos y físicos; también se generan consecuencias sociales y una postura negativa hacia el centro de trabajo.

Los individuos afectados caen en depresión y en actitudes cínicas, sufren ansiedad, se irritan con facilidad y batallan para concentrarse.

Se generan problemas conductuales que escalan hacia escenarios de alto riesgo, como recurrir al consumo de alcohol o drogas, o una tendencia a arriesgar la propia salud. o conductas orientadas al suicidio.

Los síntomas frecuentes están bien identificados:

Insomnio

Deterioro cardiovascular

Úlceras

Pérdida de peso

Dolor muscular

Migraña

Problemas de sueño

También se llegan a sufrir desórdenes gastrointestinales, alergias, asma, fatiga crónica, daños a nivel cerebral y enfermedades psicosomáticas

En el caso de las mujeres afectadas por “burnout” se ha observado que llegan a sufrir desajustes en su periodo.

Al interior de la unidad laboral, los trabajadores consumidos ingresan en un tobogán que conduce hacia una merma considerable en la calidad de los servicios que prestan.

Adoptan una actitud negativa hacia clientes y compañeros.

Empiezan a faltar al trabajo.

Disminuye de forma drástica su tolerancia hacia las presiones laborales y hacia cualquier tipo de conflcto al interior del centro laboral.

TRABAJOS QUE CONSUMEN

Investigaciones al respecto han encontrado que los trabajadores que atienden clientes son más propensos a terminar “quemados” por el trabajo.

Hablamos, por ejemplo, de los integrantes del sector salud (médicos y enfermeras) y de gente que labora en áreas de consultoría, trabajo social, docencia o ventas.

El «burnout» se gesta a partir de circunstancias como horarios de trabajo demasiado largos o niveles de exigencia que superan ampliamente las capacidades del empleado.

Cuando las jornadas extenuantes y las metas inalcanzables se convierten en hábito, el asalariado simplemente acaba consumido.

El síndrome de desgaste ocupacional puede surgir porque se ha debilitado demasiado la tolerancia al estrés, o por la carencia de técnicas para lidiar con la frustración.

Fallas en la organización productiva, como una deficiente definición del puesto y un ambiente laboral difícil, también aportan su granito de arena al deterioro.

FASES LLENAS DE ESTRÉS

Se han distinguido tres fases de este mal neuronal:

1.- Estrés: en esta etapa se observa un desajuste entre las demandas de la unidad productiva y los recursos a disposición del empleado.

2.- Agotamiento: tensión, preocupación, fatiga y ansiedad se convierten en señas de identidad de la persona.

3.- Agotamiento defensivo: el afectado adopta una conducta cínica.

Son muchas las maneras de terminar “quemado” por el trabajo.

La desvalorización del puesto (o de la labor que se realiza) así como la confusión entre expectativas y prioridades al interior de la empresa son más leña en el fuego que consume al individuo.

En ese resultado influyen cuestiones como la carencia de seguridad laboral o un exceso de compromiso por parte del empleado hacia sus responsabilidades.

CONDICIONES LABORALES

Las empresas pues, juegan un papel destacado en la aparición de este síndrome al someter a sus empleados a condiciones como las siguientes:

a) Una ausencia sostenida de recursos que el trabajador necesita para cumplir con su labor.

b) La escasa correspondencia entre los objetivos y los valores de una compañía con los de su personal.

c) La exigencia de metas inalcanzables, toda vez que producen sentimientos de fracaso en la persona que pueden favorecer el desarrollo del síndrome.

d) Planear expectativas (mejora salarial, subida de puesto, estímulos y demás) que se revelan como falsas y que elevan los niveles de estrés y frustración del individuo.

¿DÓNDE ESTÁ LA SALIDA?

Es normal que las personas sufran desgaste por causa del estrés laboral y las complicaciones que éste acarrea.

En el “burnout”, sin embargo, a la tensión propia de un empleo y a la fatiga por el exceso de trabajo, hay que añadir el factor de una escasa, o nula, revalorización del puesto.

Quien es consumido por su fuente de ingresos pierde autonomía, se muestra ansioso, sufre pérdida de control, padece baja autoestima, está cansado, confuso e irritable.

El empleado pone distancia con respecto a la función que le produce estrés; activa procesos de despersonalización, es incapaz de empatizar con sus clientes o con los compañeros.

Percibe el mundo laborar a través del filtro de la frustración.

El individuo “quemado” por el trabajo debe considerar bien sus opciones.

Un consejo elemental es no permitir que un trabajo demasiado exigente y poco gratificante perjudique su salud.

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