Secuelas pulmonares del virus

Por Fabio Pérez

¿Secuelas pulmonares del virus de nuestros tiempos? ¿Eso existe? Sí, está demostrado que la infección por coronavirus puede aumentar el riesgo de sufrir problemas de salud a largo plazo.

No hablamos sólo de covid persistente, es decir, los síntomas que se experimentan tras recuperarse del mal, incluso cuando la afectación ha sido leve.

La propia enfermedad y las respuestas del organismo (sus procesos inflamatorios, por ejemplo) llegan a causar secuelas pulmonares temporales o permanentes.

Adultos mayores y quienes sufren condiciones médicas son los grupos más sensibles a los efectos residuales.

Cabe mencionar que las secuelas respiratorias también se originan a partir de infecciones intrahospitalarias, complicaciones del virus (como infartos), problemas nutricionales y metabólicos.

Ciertos medicamentos y el tratamiento recibido en áreas de terapia intensiva (la ventilación mecánica, por ejemplo) son más raíces del problema.

El abanico de afecciones que pueden desarrollarse a consecuencia del contagio incluye tos crónica, fibrosis pulmonar, bronquiectasias y trombosis pulmonar.

¿CÓMO LIDIAR CON LAS SECUELAS?

Lo normal es que los infectados no presenten secuelas pulmonares del virus.

¿Por qué se registran? La comunidad médica apunta a factores como la persistencia del virus en la sangre, la reinfección, reacciones inflamatorias o inmunes y factores psicológicos.

Algunos contagiados padecen molestias temporales y estas se resuelven de dos a seis semanas después del periodo agudo de la enfermedad.

El médico suele prescribir medicamentos para lidiar con esos síntomas.

Sin embargo, hay signos del agente infeccioso que perduran, como la dificultad para respirar, niveles bajos de saturación de oxígeno, dolor en pecho, espalda o articulaciones, mareos, desmayos y fatiga..

Efectos mayores demandan una evaluación especializada; cuando son severos, exigen un servicio de emergencia, realizar pruebas y tratar los hallazgos.

Una minoría de los contagiados, por lo general pacientes que desarrollaron un cuadro grave de COVID-19, desarrolla fibrosis pulmonar, enfermedad que se caracteriza por la formación de tejido cicatricial en los pulmones.

Ese tejido es duro y carece de la elasticidad que los órganos respiratorios necesitan para funcionar correctamente.

Las víctimas de fibrosis sufren algún grado de discapacidad, una que puede ser temporal o definitiva. Unos pacientes requieren soporte de oxígeno; otros, acaban con sus actividades diarias bastante limitadas o bien con la necesidad de recibir cuidados médicos continuos.

Esta afección se previene con medicamentos antiinflamatorios como los corticoides.

Conviene destacar la importancia del tratamiento oportuno para evitar que los síntomas empeoren.

DAÑO DE LARGO ALIENTO

Existen numerosos indicios de que las neumonías por coronavirus son la raíz de una gran cantidad de secuelas pulmonares.

Hablamos de individuos que se recuperan de la infección y que, meses después, muestran, síntomas, anormalidades radiológicas y compromiso en la función respiratoria.

Secuela pulmonares de virus son el engrosamiento intersticial, que causa inflamación o cicatrización de los pulmones, y las bronquiectasias, daño a las vías respiratorias que acarrea infecciones frecuentes.

Existe un antecedente a este respecto: individuos que han padecido el Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS), o bien del Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS), y presentan secuelas funcionales respiratorias hasta 15 años después.

Estos males exigen pruebas para determinar el daño causado.

Unas apuntan a evaluar la mecánica pulmonar, es decir, los mecanismos para que el aire entre y salga a través de las vías respiratorias, y los volúmenes pulmonares.

Son métodos como la espirometría, la oscilometría o las presiones respiratorias máximas.

Otras miden el intercambio de gases, como la gasometría, la oximetría o la difusión pulmonar de óxido nítrico.

Un tercer grupo de exámenes mide el funcionamiento de los mecanismos de respuesta ventilatoria a situaciones de hipoxemia (bajos niveles de oxígeno) o hipercapnia (reducción de la ventilación alveolar).

Si en condición de reposo no se logra un diagnóstico funcional respiratorio, el paciente es sometido a situaciones de estrés, donde se revisan estos mismos parámetros.

Consisten en ejercicio cardiorrespiratorio, o bien de reto bronquial.

Las mediciones ayudan a determinar procedimientos para la correcta evaluación y seguimiento de las condiciones identificadas.

Los profesionales clínicos buscan anormalidades en la mecánica respiratoria como disminución en la capacidad vital forzada y en la capacidad pulmonar total.

ESTAR ATENTOS

Algunos pacientes que han sufrido complicaciones durante su hospitalización, luego muestran secuelas como hipertensión pulmonar y limitación al esfuerzo.

El virus de nuestros días ha sido asociado a un incremento de fenómenos tromboembólicos, es decir, de oclusión o taponamiento de una parte del territorio arterial pulmonar a causa de un émbolo o trombo que procede de otra parte del cuerpo.

Estos fenómenos afectan la calidad de vida. Demandan seguimiento y manejo terapéutico especializado.

Las actividades de rehabilitación contribuyen a disminuir los síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Durante el seguimiento de los aquejados con secuelas vasculares pulmonares se recomienda acudir a valoración médica de uno a tres meses después del evento agudo producido por el coronavirus.

Si los síntomas persisten más allá de los tres meses, el aquejado debe practicarse estudios para valorar el intersticio pulmonar y el probable compromiso vascular.

Es aconsejable que quienes padecieron neumonía grave o requirieron terapia intensiva a consecuencia de la COVID-19 se sometan a valoraciones de seguimiento.

Las secuelas pulmonares del virus están a la orden del día. De nosotros depende que no se conviertan en una rutina de malestar.

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