Una raza de hipertensos

Por Fabio Pérez

Somos una raza de hipertensos.

Estudios al respecto muestran que alrededor del mundo el número de individuos entre los 30 y 79 años de edad con esa condición prácticamente se duplicó en las pasadas tres últimas décadas.

Pasó de un estimado de 650 millones de personas a 1 mil 280 millones.

Según la investigación del Imperial College de Londres y la Organización Mundial de la Salud casi la mitad de esos individuos ignoraba que su presión estaba alta.

La afección arterial está íntimamente asociada al diagnóstico de enfermedades cerebrales, renales y del corazón.

Detectarla es sumamente sencillo.

No es necesario acudir a un centro de salud para ello y se trata con medicamentos sumamente accesibles.

Prestarle atención a tiempo equivale a alzar la guardia frente a un factor determinante de muchas enfermedades y defunciones.

Si bien hubo pocos cambios en la tasa general de diagnósticos desde 1990 hasta 2019, el grueso de aquejados se ha desplazado desde las naciones ricas hacia destinos más humildes.

En el último año abarcado por los investigadores, más de mil millones de casos, el 82 por ciento del total, vivían en naciones de ingresos bajos y medianos.

Alrededor de 580 millones de personas no sabían que son hipertensos y cerca de 720 millones no habían recibido tratamiento.

La proporción de sujetos medicados contra la afección era de menos de una cada cuatro mujeres y apenas uno de cada cinco varones.

Para la comunidad médica esto equivale a un fracaso de la salud pública.

La OMS recomienda a los gobiernos que combatir la presión alta sea una prioridad.

DEFINICIÓN Y MEDICIONES

Tensión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias, grandes vasos dentro del organismo por los que circula la sangre.

La hipertensión es una tensión arterial demasiado elevada.

Es detectada a través de la medición de dos valores:

a) la tensión sistólica, el momento en que el corazón se contrae o late, y

b) la tensión distólica, que es la presión ejercida sobre los vasos cuando el corazón se relaja entre latidos.

Establecer el diagnóstico exige tomar mediciones de los dos indicadores en días distintos.

La tensión sistólica ha de ser superior o igual a 140 mmHg y la distólica superior o igual a 90 mmHg.

¿Qué significa mmHg? Milímetros de mercurio. Es una medida de presión de líquidos contenidos en recipientes cerrados.

FACTORES DE RIESGO

Los factores de riesgo de hipertensión se distribuyen en dos categorías.

Una incluye variables que el sujeto puede modificar.

Hablamos de dietas poco saludables, consumir sal, grasas saturadas y grasas trans en exceso, no comer frutas y verduras, el sedentarismo, beber alcohol, fumar, padecer sobrepeso u obesidad.

La segunda abarca conceptos no modificables.

Antecedentes familiares, tener más de 65 años de edad o la concurrencia de otros males, como diabetes o nefropatías (trastornos renales).

Mucha gente ignora que pertenece al grupo hipertenso porque la enfermedad no siempre muestra síntomas o signos de alerta.

De ahí que reciba el mote de asesino silencioso.

Medir la tensión arterial de forma regular adquiere suma importancia.

SIGNOS DE ALERTA

La sintomatología incluye cefaleas matutinas, hemorragia nasal, ritmo cardiaco irregular, alteraciones visuales y acúfenos (ruidos de la cabeza).

Otros signos de su presencia son cansancio, náuseas, vómito y confusión.

También puede causar ansiedad, dolor torácico y temblores musculares.

Existen aparatos automáticos muy sencillos de utilizar que permiten medir la presión en casa.

Sin embargo, es importante que un profesional clínico valore las mediciones efectuadas, detecte el riesgo existente y la posible presencia de trastornos asociados.

La presión alta puede ocasionar daños graves al corazón.

Esto porque endurece las arterias y reduce el flujo de sangre y oxígeno que alcanza al corazón.

Angina de pecho, infarto de miocardio, insuficiencia cardiaca y ritmo cardiaco irregular son consecuencias graves de la hipertensión.

Además, al obstruir o romper arterias abre la puerta a sufrir accidentes cerebrovasculares.

Incluso llega a generar insuficiencia renal.

¿QUÉ HACER?

Como somos una raza de hipertensos, combatir esta afección debe ser una prioridad.

Dos cambios hacen gran diferencia: reducir la ingesta de sal a menos de cinco gramos diarios y comer más frutas y verduras.

Ejercitarse, dejar de fumar y beber, y limitar la ingesta de grasas saturadas y grasas trans son otras recomendaciones de cajón.

Cuando alguien es diagnosticado con presión elevada, se aconsejan tres cosas:

  1. Trabajar el control del estrés.
  2. Medir con frecuencia la tensión arterial.
  3. Tratar la condición con medicamentos.

El margen de mejora, tanto a nivel individual como colectivo, es muy amplio.

Tan sólo en el continente americano cada año ocurren 1.6 millones de muertes por enfermedades cardiovasculares.

Alrededor de medio millón de esos finados son personas menores de 70 años.

Esas defunciones, tan prematuras como evitables, son producto de una raza de hipertensos.

PANORAMA MEXICANO

Se estima que uno de cada cuatro mexicanos tienen problemas con la alta presión.

Sin embargo, en suelo nacional, el 40 por ciento de quienes padecen presión elevada desconoce que carga con esta afección.

45 de cada 100 diagnosticados adoptan medidas para controlarla.

Dicho indicador sitúa a México por debajo de naciones como Cuba (85.8 por ciento), Estados Unidos (65.4 por ciento) y Chile (56.8).

La alianza entre hipertensión y obesidad está ampliamente documentada.

Ambas forman parte de esa pandemia llamada síndrome metabólico, conjunto de condiciones que pone en riesgo la salud de las personas.

Como somos una raza de hipertensos, es indispensable que nos informemos sobre esta condición.

Así podemos adquirir conciencia sobre la importancia de controlarla.

La alternativa bien puede terminar con nosotros.

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