“Camino a oscuras por mi casa. / hago lo mismo en esta página; / un recinto blanco por el que deambulo”, son los primeros versos de Bajo el mármol lunar de la poeta saltillense Claudia Berrueto (Saltillo, 1978). El libro salió a la luz recientemente bajo el sello editorial de la Universidad Autónoma de Nuevo León, y cuenta con ilustraciones de la talentosa artista Verónica Bujeiro.
Casi diez años después de Sesgo (2015), el último libro de la también autora de Costilla flotante, las páginas de este nuevo poemario se escribieron durante la pandemia gracias a la beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte.
La experiencia transversal del proyecto consistió en explorar la oscuridad desde las alteraciones biológicas que suscitó el confinamiento y el trabajo remoto. Berrueto se propuso despojarse de sí para volverse una con la oscuridad; palpó la superficie de la luna durante la vigilia que se apoderó de ella durante un par de años.
“Cada vez menos asiduo al sol, / sabes que es la noche quien se ha prolongado en ti”, reza así uno de los versos que manifiesta la dilución de las fronteras entre la materia humana y la noche, entre la piel y la luna.
En entrevista, la escritora confesó que durante el confinamiento el ciclo de sueño se le descarriló: “amanecía y yo me iba a dormir. Sólo unas horas, porque después atendía asuntos del trabajo, pues en ese entonces hacía home office”. La experiencia vital de la noche es el insumo principal de Bajo el mármol lunar. “Para mí la noche es uno de los grandes sucesos de los que puede ser testigo el ser humano”.
Una de las promesas literarias más inquietantes del libro es la transfiguración: el tránsito a un estado ascético, ruta que, al mismo tiempo, permite elaborar duelos, los propios y los del cosmos. “¿Por qué de pronto nos descubrimos en la naturaleza? ¿Por qué de pronto nos comportamos como otro ser de otra índole?”, se preguntó Berrueto en entrevista. “Bajo esta luna verde / me aferro a mis amuletos de cimarrona”, dicen sus versos en este tenor.
“Me encanta el silencio, esa oscuridad, ese estado de gracia en el que entramos muchos humanos en este espacio del tiempo”, confesó la autora, quien destinó una parte del libro a su madre. “En la parte final están los poemas que dedico a mi madre, quien falleció hace 11 años. Lo que me representó hacer una revisión de la maternidad. Volviendo a ella también revisé mi propia situación emocional como madre”.
Verse en la madre, resistir a la madre, convertirse en madre se compendia en el apartado “Mármol negro”. Así lo expresan estos versos: “Entro a tu cocina / y veo el viejo directorio que escribiste con todo tu esmero; soy el papel herido por tu pulso / me atoro en mi propia garganta / como yo en la tuya cuando era tu piedra sin brillo”.

Además de la noticia del libro, Claudia Berrueto fue elegida para realizar la Estancia Literaria “Octavio Paz” 2024 en Poesía, por lo que a lo largo de este mes de mayo y durante junio desarrollará el proyecto Frente frío en la mítica Casa del Poeta Ramón López Velarde, en la Ciudad de México. La estancia literaria fue convocada por el Colegio de San Ildefonso, la Cátedra Extraordinaria Octavio Paz y la Fundación para las Letras Mexicanas, y sólo es concedida a un creador en el género.
La poeta detalló que mandó una muestra de 13 poemas con un tópico central que refiere al estado de indefensión que supone la experiencia de un frente frío. “Quienes vivimos en el norte los frentes fríos significan mucho: esa dificultad de que algo inesperado viene, primero el choque de una ola de calor, después una ola fría y sus consecuencias, como heladas, nieve, bajas temperaturas… Son esas cosas que de pronto son repentinas: llegan, cambian nuestros planes. Y es un poco llevarlo a la escritura: poemas que hablan del desamparo. Soy una persona friolenta y los frentes fríos me hacen sentir desamparada, una dificultad por la que hay que atravesar”, subrayó Berrueto.
La escritora, quien ha dedicado su vida a la poesía y el trabajo editorial, considera que ha sido muy privilegiada, ya que publicar y escribir poesía en México es muy complicado. Durante la residencia compartirá espacio con dos beneficiarios, uno en el género de ensayo literario sobre artes visuales y otro en ensayo literario sobre literatura infantil.
“Para mí es vivir el sueño. Ya quisiera estar escribiendo en la casa, visitar las bibliotecas: la de Salvador Novo, quien tiene mucha relación con Torreón, y la de Efraín Huerta, quien también es un referente importante para los poetas”, recalcó la autora, quien actualmente se encuentra de permiso de trabajo como editora de literatura de la Dirección General de Difusión y Patrimonio Cultural de la Universidad Autónoma de Coahuila.
“Tuve que pedir una licencia para poder realizar la estancia. Yo tengo un compromiso, pero creo que el trabajo bajo presión es una buena manera de trabajar. Quienes somos madres lo entendemos bien. Sabemos que podemos hacerlo, sólo es cuestión de organizarlo todo”.




