‘Regresar del silencio’ de Lucila Navarrete: la escritura desde el otro y para el otro

Por Alfredo Loera

Vivimos el tiempo de la crítica. Quizás ahora la crítica sea aún más importante que en el pasado, pues, por múltiples factores, como el de la autoconsciencia, una tradición literaria o artística no está completa sin ella. En un mundo en el cual todos escriben, pero nadie lee, la labor del crítico se hace aún más relevante. ¿Quién va a recibir todos esos textos, todas esas producciones artísticas? ¿Quién va a darles un orden, una interpretación, pero sobre todo una memoria?

El trabajo del crítico, por otra parte, no es nada sencillo. En general, es muy ingrato. Requiere de una predisposición mental distinta. El crítico se parece más a una sombra, a alguien que acompaña en segundo grado de importancia. De ahí su relación con el diálogo. Hacer buena crítica se equipara al buen arte de la conversación. Para ello es necesario saber escuchar y poseer la agilidad para ver entrelíneas, leer el subtexto y el intertexto. El buen crítico relaciona, y en ese aspecto la crítica también alberga la lucidez de la metáfora: yo es otro y viceversa.

En una sociedad ensimismada y narcisista como la nuestra, el crítico se vuelve el último reducto de la coherencia. Mucha de la decadencia contemporánea se debe a ese carácter acrítico que ha permeado en muchos ámbitos de la vida. La principal cualidad de esa decadencia es la desmemoria. Una obra de arte ya sea literaria o plástica, puede nombrarse como tal en tanto se coloca dentro del dominio de la memoria de la tradición. Sólo en tanto dialoga con el pasado y con el futuro —campos de la memoria— la obra adquiere su realidad, su verdadera presencia y altura. Precisamente, ese es el trabajo del crítico: recordarnos el pasado y el futuro para así ver con perspectiva el presente.

Lucila Navarrete Turrent, en Regresar del silencio, cumple con las tareas mencionadas líneas arriba. Su libro se inscribe dentro del ámbito crítico y en ese sentido el volumen muestra una naturaleza irónica, pues, a pesar de ser un libro escrito por Lucila Navarrete, en él no encontramos a la autora hablando de sí misma ni sus opiniones sobre ciertos temas directamente. Mejor dicho, tendría que corregirme: sucede que como en el libro no hay una afirmación directa de la autora, sino que más bien es el registro de toda una gama de intereses respecto a otros escritores y artistas, llegamos a conocer sus inquietudes de un modo vicario. En otras palabras, entendemos más sobre las posturas e ideas de Lucila por los temas abordados, y por el modo en que estos son abordados, de un modo más genuino, que si ella los desarrollara de forma inmediata.

La naturaleza del libro tiene su origen en el espíritu indagador de su creadora. Lucila no está aquí para darnos un juicio, no es devota de los veredictos, sino más bien intenta comprender, entablar relaciones, buscar respuestas y, en el mejor de los casos, preservar la memoria y poner en primer plano las voces ignoradas por nuestra sociedad, las más de las veces hipócrita. Cabe mencionar que lo más interesante del libro no es en sí el comentario sobre alguna obra literaria o artística, sino cómo dichas obras le dan pie para inquirir sobre diferentes acontecimientos sociales o disyuntivas estéticas.

Ejemplos de lo anterior son textos como “Antígonas laguneras”, “Testimonio y literatura. Algunas reflexiones”, “Palabras para la presentación de Relatos del exilio. Escritores argentinos en México”, “Marta Ferrer y su relato del cardenche”, “Los cardencheros olvidados de La Flor de Jimulco”, “Septiembre negro 19/S” y “La noche más larga. Tres sobrevivientes laguneros de la matanza de Tlatelolco”.

En todos estos textos, incluidos en el volumen, más allá de la glosa crítica, existe la intención de resguardar la memoria. No es mero registro. Lucila Navarrete interpreta, pero en especial dialoga con aquellos relegados al margen por resultar indeseados para el funcionamiento eficiente de las estructuras de poder y represión de nuestro presente. Mucho del trabajo ha implicado actualizar el pasado. Navarrate Turrent ha echado mano de la arqueología simbólica para rescatar estas realidades con el objetivo de proyectarlas al futuro. Así nuestra autora busca un sentido dentro del caos contemporáneo, donde uno de nuestros valores culturales más importantes y originales, como lo es el canto cardenche, se encuentra abandonado, donde las injusticias y la represión se sostienen a pesar de las luchas como las ocurridas en el ’68, una realidad donde las madres se han visto obligadas a buscar a sus hijas y sus hijos desaparecidos con aparente complicidad de las autoridades.

En Regresar del silencio, además de lo ya mencionado, también se encuentran textos donde se pone a discusión las obras de escritores, poetas, teóricos, dramaturgos y artistas, como los son Claudia Berrueto, Carmen Ávila Jáquez, Vicente Alfonso, Virgilio Piñera, Ángel Rama, Eliseo Alberto, Carlos Amorales, Hasam Díaz, Gilberto Alanís, Spalding Grey, Elizabeth Le Compte, entre otros, como Alonso Licerio, Saúl Rosales y Tomás Ledesma. Es un libro de crítica que, sin embargo, desborda su género, pues en él hay denuncia, historia, y al mismo tiempo periodismo.

Ahora bien, no quiero dejar de reiterar la importancia de la mirada social de la autora. Por ello insisto en la relevancia de textos como “Antígonas laguneras”. En dicho apartado se toma como metáfora a la heroína griega, quien se vio obligada a confrontar al poder para dar sepultura a su hermano Polinices. El símil contemporáneo es bastante claro: gran número de mujeres hoy en día se ha visto igualmente forzado a confrontar a las autoridades para que sus muertos sean encontrados y sepultados. El texto, aunque corto, no es menor; en él Navarrete logra hacer un registro de las voces de estas mujeres, además de que con su mirada nos permite comprender mejor sus circunstancias, sus experiencias, su confusión y dolor, la forma en que habitan el mundo. Sabemos de su lucha y quizás de esta manera nos hagamos sus cómplices o al menos sus simpatizantes. 

Por lo tanto, es de llamar la atención cómo en pocas páginas toda una problemática social es transmitida al lector sin dejar de lado sus complejidades. En el caso de “Antígonas laguneras”, rescato la mención de Simone de Beauvoir y su concepto de “ser para otros” y la función que el patriarcado da a la mujer. Navarrete, con base en el contexto regional, va más allá pues desarrolla la idea de “ser para el ausente”. La capacidad de síntesis de la autora de Regresar del silencio resulta acertada para lograr su cometido: comunicar al lector y denunciar ante el poder un hecho acallado, minimizado y por lo tanto incomprendido. 

Lucila nos da la oportunidad de vislumbrar. Para lograrlo incluye los testimonios directos en forma de citas. El método no sólo es empleado en “Antígonas laguneras” sino en la generalidad de los apartados. No sólo la escuchamos a ella, sino a los protagonistas, a aquellos y aquellas que luchan en las diferentes trincheras, desde los más desprotegidos, como lo son las madres de los desaparecidos, hasta los más privilegiados, como lo son artistas consagrados en la pugna con la creación y la hoja en blanco. En ambos casos la humildad y generosidad de Lucila es evidente. Su oído y su pluma están al servicio del otro. Es aquí donde se pone de manifiesto lo señalado con anterioridad. En la escritura de Navarrete se cumple la metáfora rimbaudeana: yo es otro. La escritura de Lucila se convierte en la escritura del otro. Si recordamos a autores como Kafka, Blanchot y el mismo Rimbaud, se advierte una intencionalidad que en muchos aspectos fortalece el trabajo de nuestra autora. Al parecer en ella la escritura no es ensimismamiento; todo lo contrario, es salida, erradicación del ego, apertura a los demás. Si lo pensamos bien, la forma de la escritura de Lucila va a contracorriente de la tendencia contemporánea, donde los escritores por lo común utilizan la pluma como un modo ad nauseam de la reafirmación del yo. En Lucila esto es diferente y de ahí su originalidad, su calidad y, desde mi punto de vista, la característica que la vuelve necesaria.

No es de extrañar esta postura ideológica y estética de Lucila Navarrete. En el interior de las páginas de Regresar del silencio se encuentra su clave de lectura. En especial, el volumen se observa a sí mismo en el texto “Testimonio y literatura. Algunas reflexiones”. Ahí se cita al escritor argentino Rodolfo Walsh, donde explica que llegará un momento en el cual el arte se apreciará no tanto por su invención, sino por “la elaboración del testimonio o el documento”, pues “evidentemente en el montaje, la compaginación, la selección, en el trabajo de investigación se abren inmensas posibilidades artísticas”. En palabras de Lucila: “Rodolfo Walsh pensaba en términos de un arte político, un arte crítico de la noción higiénica de las ‘bellas artes’, que las desvincula de su realidad social”. Lucila concluye: 

“Y es que ésta, tal y como se nos presenta, es convulsa, desbordada, profundamente desigual y violenta. ¿Será, entonces, que la literatura puede quedar al margen del grito, siempre sofocado, de las víctimas de un sistema feroz y descarnado? Walsh sostenía que no, que los géneros literarios estaban siendo impactados, lo que los volvía inclasificables”.

Pues bien: Lucila Navarrete en este libro suscribe las palabras de Walsh. Para ella, la literatura no puede quedar al margen del grito siempre sofocado. De ahí que en su escritura el yo sea el otro. También por esta razón los textos incluidos en Regresar del silencio sean difíciles de clasificar. Son ensayos, testimonio, nota periodística, crónica. En todo caso son híbridos, y eso les permite navegar por múltiples voces, espacios y temáticas. En otro sentido, la escritura para nuestra autora también es un intento por restablecer la cordura, la coherencia en la falta del Estado de derecho. Pues su escritura interpela al poder en sus incongruencias y omisiones. Su escritura es un espacio discursivo incómodo, pero necesario. Es en esta capacidad de reconstruir la verdad desde la voz de las víctimas donde reside su poder ético y estético. Regresar del silencio está escribo bajo dicho principio. Por tal motivo, se vuelve un libro necesario. Son pocos los libros de crítica publicados al año y son aún más escasos aquellos que albergan la cohesión y la coherencia teórica de libro de Lucila. No es menor el alcance de su obra. Sin duda será un referente para generaciones futuras.