HOMBRE SOSTIENE CARTEL QUE DICE AXESINOS
FOTO: Miriam Canales

Berenice y Miguel Ángel: una ceremonia fúnebre

Por Miriam Canales

Esta incipiente primavera se tiñe una vez más de sangre ante un par de jóvenes periodistas y melómanos que en la búsqueda de una cobertura y un momento de esparcimiento en un festival, terminan produciendo un inesperado cataclismo en la praxis de la industria musical mexicana.

¡”AXEsinos!, ¡“Nadie merece morir haciendo lo que ama”! “¡El show no debió continuar”! 

Tras el desasosiego que ha dejado el siniestro capítulo de Teuchitlán, Jalisco, a solo un mes de distancia, a México se le suma otra de sus tantas calamidades juveniles. 

Esta vez, en un contexto más refinado, profesional y aparentemente inofensivo, dos jóvenes perecieron por traumatismo craneoencefálico, ocasionado por la caída de una grúa de tijera de siete metros y cinco toneladas: Berenice Giles Rivera y Miguel Ángel Rojas Hernández, quienes formaban parte del equipo de Mr. Indie, un medio de comunicación independiente especializado en rock y espectáculos. 

Ella de solo 26 años de edad, oriunda de Aguascalientes, alumna del diplomado en Desarrollo, Creatividad e Innovación de Negocios; próxima a titularse en Comunicación y Periodismo. Él contaba con 28, ejercía también como fotógrafo. Ambos estudiantes de la UNAM.

Berenice se desenvolvía en la fuente musical. Había egresado de la Facultad de Estudios Superiores de Aragón. Su cuenta de Instagram es un portafolio en el que desfilan por igual, bajo un talento y óptica notables, estrellas como Iggy Pop, Rosalía, Paul Mc Cartney o Kali Uchis, en su paso por festivales como Emblema o Corona Capital. 

Este año se acreditó junto con su compañero en el Ceremonia, que promueve artistas de rock, pop y reguetón hispanos y anglosajones para satisfacer a un público con diferencia generacional, y que de igual modo ha albergado a Björk, Rosalía, C. Tangana, Beck, Kendrick Lamar, Julieta Venegas, Junior H, Nathanael Cano, entre otros. 

Se trata de un festival producido por iniciativa de Diego Jiménez Labora y su empresa Eco Live, cuyo nombre, registrado en 2013, proviene de la canción Ceremony de Joy Division. Posteriormente, en 2023 se asoció a una marca internacional de desodorantes que le dio su nombre y patrocinio.

En menos de una década, la prosperidad le ascendió como un referente en América Latina y a nivel internacional y tuvo un paso itinerante por Toluca, el Campo Marte en la Ciudad de México y el Parque Bicentenario, antes Refinería 18 de marzo, última sede, ubicado entre la alcaldía Azcapotzalco y Miguel Hidalgo, al norponiente de la capital. 

Ceremonia ya había propiciado otro escándalo en 2017 en el Foro Pegaso de Toluca, cuando en uno de sus escenarios colapsó una estructura por una ráfaga de viento, sin víctimas colaterales, pero que llevó a cancelar a MIA y Beach House. 

Por otro lado, el Parque Bicentenario, en su propia cola que le pisen, se enlutó en julio de 2023, cuando un asistente español, y también fotógrafo, de nombre Alberto Clavijo, acudió a un concierto de RBD y pisó un falso platón que no estaba señalizado. 

El domingo 6 de abril de este 2025 se esperaba la llegada del rapero Tyler the Creator, la cantante inglesa FKA Twigs y agrupaciones como Massive Attack (que al menos sí se pronunció por los occisos en su cuenta de Instagram). 

Semanas atrás, algunos treintañeros y cuarentones se disputaban con fiereza sus boletos en redes sociales… hasta que la noticia de las dos jóvenes víctimas fue revelada extraoficialmente mediante las redes. 

El Sol de México mostró un video fortuito de ese sábado a las 5:30 de la tarde mientras entrevistaban a unas asistentes… sin que el evento se detuviera el resto de la noche. 

Todo parecía indicar que la tarde siguiente se celebraría, de no ser por la presión social y de las autoridades que finalmente clausuraron. Las rejas del Parque Bicentenario ya no daban la bienvenida a la gran fiesta,  ahora eran las de un cementerio; permanecían en resguardo por elementos policiacos mixtos bajo sellos de suspensión gubernamentales. 

FOTO: Miriam Canales
Ambición, ‘FOMO’ y precariedad laboral

La algarabía y las luces de la noche anterior se apagaron, fueron las veladoras las que iluminaron el funeral improvisado, sin cuerpos presentes, no solo para exigir justicia por los fotógrafos, sino también para protestar contra la precariedad laboral dentro del medio periodístico.

Vía redes sociales se lanzó la convocatoria ipso facto para una congregación civil por colectivos independientes como Ellas Resuenan, y otros que tomaron la palabra, como Asamblea Tenemos que Hablar, que promueven el respeto por los derechos laborales en los medios. 

Una centena de chicos, en su mayoría menores de 30, atendieron el llamado, amigos y compañeros de Berenice y Miguel Ángel, estudiantes y practicantes que en pos de una acreditación o con tal de realizar una cobertura o escuchar a su banda favorita, ejercen sin honorarios ni seguridad social alguna. 

Si bien estas malas prácticas son añejas, las nuevas generaciones las viven con mayor intensidad dada la sobre oferta de cuentas de redes sociales de prensa e influencers y el creciente acecho del crimen organizado sobre el gremio.

Esta vez, las víctimas cayeron no por las balas, sino a raíz de una negligencia en un festival mal planeado y ambicioso que se vale del síndrome FOMO (Fear of missing out) que provoca ansia por asistir, para que los asistentes desembolsen el pago desmesurado de todas las costosas fases de boletaje sin que los altos costos garanticen la seguridad o se prevean detalles de logística con mayor precisión.

FOTO: Miriam Canales
¡No puede ser que podamos perder a una amiga!

“¡¿Qué chingados hacíamos aquí ayer?! ¡Estamos en un evento que no tiene respeto por la vida humana! Se muere alguien y no lo cuentan bien, lo cuentan hasta el siguiente día, tratando de alargar las cosas, me imagino que porque querían a huevo dar el evento de hoy, porque, de alguna u otra forma, querían deshacerse de la gente, hacer esa pendejadita de que las llevan al hospital y que es negligencia ya de parte del hospital, y deshacerse de la responsabilidad”, fue el reclamo de un asistente, registrado en un video que apareció en la cuenta de Instagram de @andrecraviotto

“Más allá de la pérdida de compañeros y fotógrafos, son hijas, hijos, amigos, son nuestra familia, son más que sólo fotógrafos… y este tipo de eventos de mierda, que son hechos de blancos y para blancos, que ponen cinco fases y las pagamos y pagamos el “plus” (…) y si nos están metiendo la verga con todo, con el precio, con los productos, no puede ser que esto pase. ¡No puede ser que ni pagando todo lo que tengamos que pagar podamos perder a una amiga, podamos perder a nuestra familia aquí! (…) El próximo año, a esta madre le van a cambiar el nombre, pero lo van a volver a poner (…) van a cambiar la razón social, van a hacer lo que tengan que hacer para librarse de todas las consecuencias legales! El problema es: ¡¿vamos a ir?!”. 

Quien escribe estas líneas depositó un ramo de gardenias junto con los demás arreglos florales, semejante al de Teuchitlán en el zócalo capitalino hace apenas un mes. México se vistió de luto nuevamente a falta de buenas oportunidades para su mano de obra juvenil. Hoy fueron ellos, ¿mañana quiénes? 

Esos fueron los clamores de los presentes ante la impotencia de no tener garantizada la vida en un evento recreativo ostentoso en un país cada vez más convulso y, por tanto, ávido de distracciones.

FOTO: Miriam Canales
Turbulencias de la escena musical mexicana

Aunque a lo largo de su historia la escena musical mexicana ha ganado múltiples batallas y expertise para la organización de conciertos a nivel nacional, desde sus ex “hoyos fonqui” y bajo las riendas de empresas como Ocesa y Ticketmaster desde 1991, aún posee una serie de turbulencias que pretende pasar como peccata minuta. Los millones en pesos y dólares invertidos, apabullantes carteles y precios demenciales de boletos para el desequilibrado nivel económico y Producto Interno Bruto del país, no son garantía de seguridad aun así. 

Verbigracia, en octubre de 2010, el Corona Capital gozaba de uno de los debuts más brillantes: por la irrisoria cantidad de 650 pesos, ofrecieron a Interpol, The Pixies, Echo and the Bunnymen, James y Regina Spektor. La prensa de ese entonces lo cubrimos muy temerariamente sin saber en el monstruo de mil cabezas que se convertiría al poco tiempo. Cuatro años más tarde, su línea en ascenso se entorpeció con una tormenta que acabó inundando la curva cuatro del Autódromo Hermanos Rodríguez, su sede, afectando así toda la logística y ganándole el apodo de “Corona Lodazal”. A pesar de ello, en la actualidad mantiene su liderazgo y opulencia como uno de los más caros del mundo.

Cabe mencionar que en el otoño de 2008 falleció un antecesor suyo: Motorokr,  organizado por una extinta línea de teléfonos celulares en el entonces Foro Sol, el cual acogió a una raquítica asistencia a pesar de sus asequibles 400 pesos y de presentar a The Kooks, The Flaming Lips, Stone Temple Pilots y a Nine Inch Nails como acto principal. 

Otros que tampoco prosperaron fueron el llamado Manifest, con una vida activa de 2004 a 2007, y el MX Beat en Naucalpan hasta 2009, raíz directa de Ceremonia.

Por otra parte, el Plaza Condesa, foro de conciertos dentro de la colonia homónima, escribió otro lóbrego episodio en septiembre de 2017: el inesperado terremoto de esas fechas afectó toda la estructura del edificio que lo alojaba. A pesar de los intentos de conservación y que Ocesa quiso minimizar los daños, las quejas y preocupaciones de los vecinos no desistieron hasta que la pandemia de Covid 19 terminó por darle el tiro de gracia en 2020. El otrora inmueble ubicado entre las esquinas de Tamaulipas y Nuevo León quedó demolido en 2023. Ecos de bandas como Kraftwerk, Caifanes, Public Image LTD, Dead can Dance, Morrissey y otras entregas de premios musicales, se disiparon como recuerdos de mejores épocas. Justo en los albores de esa emergencia sanitaria, la larga impronta del Vive Latino se ensombrecía por celebrarse a pesar de que en el resto del mundo ya se advertían de los enormes riesgos del virus al congregar multitudes mientras que algunas de sus bandas extranjeras cancelaban una por una. Y poco antes, en febrero de 2019, un veinteañero, cuyo nombre no se dio a conocer, se ahogó en Las Estacas, Morelos dentro del Festival Bahidorá, que hasta la fecha se organiza por esas fechas. 

Otros grandes foros como el Palacio de los Deportes han sido también escenario de accidentes recientes con funestas consecuencias. En febrero de 2023, Sofía y Esmeralda Sánchez Canchola, dos hermanas de entre 16 y 23 años, cayeron al fondo de una alcantarilla en las oscuras inmediaciones de la avenida Río Consulado, al salir de un concierto de Zoé.

Sin embargo, ningún otro evento como aquel donde ocurrió la madre de todas las calamidades: Colmena. En junio de 2008 un ambicioso e incipiente proyecto bajo la producción de 2 Abejas, de un tal Pablo Zacarías, un joven de 25 años de edad que había incursionado en la estación radiofónica de Ibero 90.9FM, quien creyó que sería muy fácil traer a Sigur Rós por primera vez a México en una sede inusual: el Jardín Sagrado de Tepoztlán, Morelos. 

Quienes acudimos hasta allí abordamos una serie de autobuses desde distintas latitudes del ex Distrito Federal y presenciamos un programa que incluía a Natalia Lafourcade, la banda de jazz Los Dorados, Andrew Bird y la agrupación islandesa encabezando el cartel. Por razones jamás aclaradas, el cantante Jonsi se disculpó ante el público, argumentando que el baterista Orri Páll Dýrason se sentía mal de salud y la banda paró a los 45 minutos.  

La multitud se dispersó en todas direcciones, sin señalamientos claros, en un campo completamente cubierto de basura —cuando se promovían las prácticas ecológicas— sin poder encontrar los autobuses a lo largo de la terracería y caminando kilómetros en penumbras con una muy limitada o nula señal telefónica, poniendo en riesgo la vida de decenas, incluyendo a quien escribe estas líneas, cuyo pie derecho estuvo a punto de ser aplastado por una llanta. El sombrío periplo culminó al encontrar los vehículos en medio de la nada. “¡Vuelve, Ocesa!”, gritaban algunos sarcásticamente. Para 2009, el siguiente plan consistía en contratar a la banda TV on the Radio, que canceló de último momento al conocer estas referencias. Zacarías pidió disculpas públicas, pero nunca devolvió el dinero. Nunca más se realizó el festival.

La despedida que no debió ser

A Miguel Ángel le gustaba Somebody else, canción de la banda inglesa The 1975, misma que fue programada a todo volumen en un celular de manera póstuma en la velada, como el soundtrack de una despedida que jamás debió ocurrir. Hoy, él y Berenice duermen en el sueño musical, no solo por sus pasiones en común, como la carrera de Comunicación, el trabajo y la fotografía. Esperan ahora ser conmemorados, no olvidados y que la justicia llegue pronto.