El reconocido escritor Vicente Alfonso es consciente de que en la época actual, el trabajo del escritor va mucho más allá de producir una obra, implica una serie de actividades periféricas, como reseñar libros de colegas, impartir charlas y talleres, buscar la interacción con públicos a través de clubes de lectura y, por supuesto, ferias de libros como la que lo trajo nuevamente a su tierra natal. Si bien reconoce que se trata de dinámicas impuestas por el modelo económico, ha optado por centrarse en sus bondades.
“Sí tienen que ver, y hay que decirlo, con un capitalismo salvaje que nos exige que seamos muchos trabajadores en uno, esa es una realidad innegable, pero prefiero darle al mal tiempo buena cara, no podemos combatir contra esa inercia, podemos presentar una serie de pequeñas resistencias que tienen que ver con las éticas de trabajo, pero también podemos decir que, junto a eso hay efectos colaterales que nos benefician”.
Según su visión, “no hay por qué ser del todo pesimistas”, pues la era digital viene con la posibilidad de ampliar la circulación de archivos en PDF o la posibilidad de estar al día de las novedades y discusiones literarias.
“Cuando estábamos chavos no había manera de difundir los contenidos más allá. Me acuerdo que publicábamos una plaquette que traía un cuento de Misael Alvarado, un poema de Daniel Maldonado y un texto mío y entonces nos salíamos a la Plaza de Armas y andábamos regalándola ahí a la gente que pasaba. Ahora puedes colgarlo en un blog y tienes más descargas. Yo creo que hay que estar abierto a esos asuntos, porque luego rebotan de maneras muy interesantes. También uno anda descargando cosas que nunca en su vida esperó. Si tienes un debate literario, ya no tienes que esperarte a que salga tu columna y luego que salga la columna del otro la semana posterior, ya mejor se dan un tiro derecho en Facebook”.
El optimismo con que Vicente Alfonso ha asumido los retos de la época viene, por un lado, de su propia experiencia como periodista, pero también de su análisis de la vida y obra de algunos de sus escritores favoritos, como Mark Twain y Gabriel García Márquez.
“La primera vez que yo fui a un periódico, el papel todavía se armaba sobre papel encerado, yo entregaba mis primeros textos escritos en máquina de escribir y me aterrorizaba la idea de tener que ser editor, corrector, fotógrafo y todo lo demás al mismo tiempo, pero son realidades a las que uno se va acostumbrando. Creo que pasa lo mismo con los escritores. No sabemos si es verdad, pero se ha dicho que a Mark Twain le gustaba decir que fue el primer escritor que escribió en máquina de escribir; era un obseso de la tecnología. García Márquez también. Entonces yo, a partir de que he investigado a mis autores favoritos, digo, ¿por qué no entrarle con entusiasmo a este asunto de las nuevas tecnologías?”.
El autor de A la orilla de la carretera: crónicas desde Chilpancingo (UANL, 2021) participó en dos actividades de la Feria Internacional del Libro de Coahuila (FILC) Región Laguna.
La primera fue la conferencia “Por los caminos de la crónica”, dirigida principalmente a estudiantes de comunicación de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Coahuila. La segunda actividad en que participó Vicente Alfonso fue la charla «Militancia literaria», un homenaje a Saúl Rosales, maestro de escritores en La Laguna. Juntos relataron la historia del taller literario que durante muchos años significó la puerta de entrada al mundo de las letras para los aspirantes a escritores en Torreón.
Frente a los jóvenes hizo un recorrido por el género y sus máximos exponentes, así como las complejidades de su definición, mismas que, contó, propiciaron largos debates entre él y Federico Campbell.
Con su exposición puso de manifiesto el papel de la crónica como terreno fértil para la exploración periodística y creativa.
La presente conversación tuvo lugar justo al término de la conferencia que impartió frente a los alumnos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales la mañana del miércoles 21 de mayo.
Destacó la importancia de que, ante la ausencia de una facultad de Letras en la región, la FILC haya incluido este encuentro con jóvenes.
“Yo creo que la FILC es una gran iniciativa, es decir, tener nuestra propia feria del libro nos ayuda de muchas maneras (…) Ya es un inicio hacer cosas como estas y propiciar espacios donde los muchachos, algunos, no todos, se vayan interesando en la literatura o el periodismo. A mí me llamaba la atención que Gabriel García Márquez terminó en el último tramo de su vida dando talleres muy pequeños de máximo 12 participantes. ¿Cómo es que un autor que tenía la posibilidad de organizar encuentros masivos, en donde probablemente hubieran sido cinco mil o 15 mil las personas asistentes, prefería eso? Bueno, es que en esos espacios, y él lo decía así, recreaban el ambiente íntimo de los cafés donde él aprendió el oficio, sólo en esos espacios en cortito se puede transmitir las herramientas del oficio”.
Cabe señalar que es la primera vez que la FILC programa una edición en Torreón, eventos como este nos hacen notar la avidez de opciones de profesionalización para los aspirantes a escritores en esta ciudad que, pese a tener gran interés en la literatura y haber dado al país prestigiosas plumas, como el propio Vicente Alfonso, no cuenta con una facultad de Letras.
“Qué bueno que lo digas, porque es verdad, es decir, una feria del libro no sustituye a una facultad de Letras. Lo hemos dicho un montón de veces, somos orgullosamente industriales, ganaderos, etcétera, pero eso no tendría por qué quitarnos la posibilidad de concretar algo que de manera informal ya está ocurriendo, que es un gran interés en la literatura, gran interés en géneros como la crónica. El argumento de quienes toman estas decisiones es: ¿Pero eso qué aporta? Y estamos hablando del derecho que tienen los pueblos de construir su propia memoria, entonces yo creo que ahí hay un vacío tremendo. Nuestra ciudad, sin una facultad de Letras, sin espacios de profesionalización, más allá de los talleres literarios, se está perdiendo la posibilidad de contarse a sí misma su propia historia. ¿Cuándo vamos a empezar a valorar eso? ¿Cuando tengamos 500 años? A lo mejor no nos da la historia pa’ tanto, ¿no? A lo mejor nos extinguimos como civilización antes. Yo creo que no está mal invertir en esa identidad fuerte, es decir, somos tierra de dinosaurios, pero también somos tierra de poetas, (por ejemplo) doña Enriqueta Ochoa”.
La región lagunera ofrece también la posibilidad de contar historias que pueden ser atractivas para un público amplio de todo el país, pero que quienes vivimos aquí no valoramos. Como ejemplo puso a Enrique Serna, quien tiene dos cuentos que ocurren en La Laguna, así como la novela Tu lengua en mi boca (Random House, 2022) de Laura Reyes Retana.
“Yo creo que quizá los menos interesados en la Comarca Lagunera, y ahí sí generalizo, somos los mismos laguneros, porque afuera se ve con mucho interés. Lo voy a decir rápido y mal, pero ser de Torreón, o de la Comarca Lagunera, nos da una identidad que quizá no estamos apreciando lo suficiente, desde afuera nos ven con interés y yo creo que sí, quizá eso tiene que ver con esta ausencia de espacios de profesionalización que de pronto como que se ha socializado esta idea de ‘no, pues aquí no hay nada qué contar, para qué queremos grandes escritores si nunca pasa nada’”.
Vicente Alfonso, salió de La Laguna hace años impulsado por su vocación. Una parte fundamental de su formación lo constituye su paso por la Fundación para las Letras Mexicanas, en la Ciudad de México. También ha realizado estancias literarias en Estados Unidos y Argentina. Tanto por su trabajo como por el de su esposa, la escritora e investigadora Iliana Olmedo, ha vivido y estudiado en diferentes ciudades y si bien recalca que eso no anula la posibilidad de haber hecho su carrera aquí en Torreón, reconoce la importancia de tomar perspectiva.
“Tiene que ver con esto mismo de la posibilidad de encontrar historias o no. Mira, lo ponemos incluso con algo más sencillo, con el tema del calor. Sabemos que aquí en la Comarca las temperaturas son muy altas, siempre estamos en el infierno, pero uno necesita vivir en otro lado para darse cuenta de que sí, efectivamente, tenemos un clima extremoso, lo mismo ocurre con estos asuntos artísticos, literarios y periodísticos, es decir, sólo hasta que uno tiene la posibilidad de contrastar lo que vivió de chavo con otras cosas encuentra dónde podría aportar, dónde podríamos todos aportar. Siempre lo digo, mi maestro Federico Campbell, hizo mucho por mí, yo le agradezco a su memoria. Cuando conocí su manual de periodismo, jamás pensé que fuera un señor que vivía en la Condesa y que se levantaba y se preparaba un café y que luego se preocupaba porque se le olvidaba pagar la luz y se la cortaban por distraído, entonces, el hecho de que ese gran teórico del periodismo, se humanizara ante mí, como un tipo que también tiene problemas e inquietudes, me ayudó mucho a pensar que el escritor no es una figura fuera del mundo, sino que está inserta él, creo que para eso ayuda la experiencia como la de la Fundación de las Letras Mexicanas, pero hay muchas, creo que una recomendación, más allá de que se instalara aquí una facultad, sí sería propiciar que los muchachos que tengan inquietudes también puedan irse un rato fuera de la región o del país y regresaran con algo que aportar”.




