Radicales, extremistas

Escarabajos soldado Chauliognathus erratus Francisco Valdés Perezgasga
Escarabajos soldado Chauliognathus erratus. Foto: Francisco Valdés Perezgasga

Francisco Valdés Perezgasga

Desde hace décadas que oigo estos calificativos, lanzados a manera de epítetos, contra quienes defienden la naturaleza. Como si la conservación fuera una actividad irracional e innecesaria.

Quienes así se expresan en el fondo defienden el status quo aun cuando el camino que hemos seguido ya no sirve más.

Voy más lejos. Quien abogue porque sigamos por el camino actual es en realidad quien propone algo verdaderamente radical, extremista e irracional pues es el camino que está destruyendo el tejido de la vida misma y con esta destrucción, acabando también con el tejido social.

Los humanos somos parte de la naturaleza. Ese es el mensaje tranquilo, razonable y amoroso que nos negamos a escuchar. Si la naturaleza sufre, inevitablemente sufriremos con ella.

Escarabajo barrenador, Lampetis dilaticollis. Foto: Francisco Valdés Perezgasga

Alguien proponía ir al departamento de ciencias sociales de cualquier gran universidad y pedir a sus más eminentes profesores una lista de las diez sociedades más inestables e ingobernables del planeta y luego ir al Departamento de Ecología y pedir una lista, pero ahora de los diez países con mayor devastación ambiental y las listas coincidirían, serían las mismas.

Nuestro bienestar ―y por lo tanto nuestra paz― descansa sobre la base material que es nuestra naturaleza. No podemos tener sociedades sanas con ambientes enfermos.

Si gusta verlo a un nivel más local y actual: no puede haber agua saludable con un río enfermo.

Por ello es necesario ya voltear la tortilla. Abrir los ojos. Darnos cuenta de que los radicales, los intransigentes, los extremistas son aquellos que están dispuestos a sacrificar la vida del planeta a cambio de sus ganancias.

Que los dementes son los que hoy proponen represar ríos, construir refinerías, talar selvas.

No basta con hacer las paces con la atmósfera y los mares. No basta con acercarnos a apreciar la naturaleza que nos rodea. Hace falta todo eso, sí, sin duda.

Pero también hace falta salirle al paso a los verdaderos radicales, extremistas e irracionales.

Hace falta, en suma, construir ya la mayoría de personas preocupadas, racionales y amorosas.

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