Casi el 30 por ciento de los locales que se encuentran en este paseo se encuentran cerrados con la posibilidad de venderse o rentarse. / Foto: Mayra Franco Rosales

Paseo Morelos: lo que no fue

Me tocó vivir la planeación y construcción del Paseo Morelos como comerciante, ubicado específicamente entre las calles Leona Vicario e Ildefonso Fuentes, a cuadra y media de La Plaza Mayor, en El Astillero Librería. 

En 2012, en el marco de la iniciativa Moreleando, de vuelta al centro, un grupo de amigos participábamos mes tras mes con una pequeña mesa, sobre la calle Degollado, vendíamos algunos libros y fanzines que nosotros mismos producíamos. 

Así surgió la idea de vender libros en un puesto fijo. Esto se concretó en 2014. Rentamos un local hacia el poniente de la Morelos. En aquel entonces las rentas en las calles próximas a la Colón ya eran más costosas, pero aquellos precios no se comparaban con el aumento que registraron en los últimos años.

Cuando las autoridades hicieron las primeras juntas con locatarios, comerciantes e integrantes de colectivos, como Moreleando, para compartir la iniciativa de cerrar a la circulación vehicular los dos sentidos de la avenida Morelos y volverla una vía peatonal, el proyecto brillaba de ambicioso: abarcaría 16 cuadras, de la calle González Ortega a la Zaragoza. Era, básicamente, la regeneración del Centro de Torreón.

Se pretendía que marcas grandes de cafeterías, restaurantes y tiendas de ropa se avecindaran en el Paseo Morelos, al tiempo que se hacía de él un corredor cultural, donde artesanos y artistas locales tuvieran un espacio para presentar sus obras. También iban a instalarse fuentes, sombras, áreas verdes y zonas de descanso para los peatones.

El proyecto parecía prometedor; significaba la reactivación comercial del Centro, después de los años de cruda violencia, producto de la llamada “guerra contra el narco”. En la zona, cabe recordar, hubo tiroteos, atentados contra periódicos y elementos de la Policía Federal, levantones y asesinatos. Tan intensa actividad criminal ahuyentó a todos de la zona. A la hora de pensar en este sector, la violencia es un estigma que prevalece.

El Paseo Morelos era, en teoría, el punto culminante en que, por medio de la organización, la sociedad civil ejercía presión hacia los gobernantes para ser atendidos. En el evento mensual de Moreleando, la respuesta popular era considerable, tanto que llamó la atención de medios y de las mismas autoridades.

Una vez anunciado el proyecto, el entusiasmo duró poco. Locatarios y comerciantes fuimos los primeros en manifestar nuestras inquietudes: no estaba claro cuánto tiempo demoraría la construcción de cada etapa del Paseo Morelos, y si se daría el mismo tratamiento a todos los negocios a lo largo del área a intervenir. También hubo quien se opuso al cierre total de las calles, punto que su servidor no suscribió.

Entonces el proyecto cambió. Se reconsideró el cierre de los dos sentidos y se dejó en un proyecto semipeatonal. El corredor peatonal sólo abarcó un carril, se conservó la circulación vehicular en el que va de oriente a poniente, y fueron colocados bolardos móviles en cada una de las bocacalles…

Como suele suceder en materia de obra pública, los tiempos de ejecución del Paseo Morelos no cuadraron con la realidad. Se aplazaron y se aplazaron hasta alcanzar extremos ridículos, como sucede ahora con el Metrobús, que está próximo a cumplir seis años desde que inició la obra y no se ha concretado.

Comerciantes y locatarios terminamos llenos, sí, pero de incertidumbre.

El proyecto tuvo una inversión de 295 millones de pesos. Uno pensaría que es dinero suficiente para reactivar el centro de una ciudad con las características de Torreón (ni tan grande ni tan chica), pero no ha sido así.

A lo largo del Paseo Morelos se destacan los locales vacíos, el deterioro de bolardos y banquetas, los locales vacíos, la opaca imagen de sus semáforos y sus calladas fuentes, más locales vacíos, en fin, el que iba ser un corredor cultural no invita a nadie a recorrerlo

Tampoco ayuda el sol ingrato, quita las ganas de salir a la calle. El Paseo Morelos es especialmente afectado porque el sol se refleja con más intensidad sobre la plancha de concreto en que se convirtió el área peatonal; se echa de menos alguna sombrita, pues las palmas son inútiles para aliviar el calor.

Además, hay automovilistas que circulan por el carril peatonal (aparentemente personas despistadas). Y qué decir de la basura que se aprecia en cada esquina del paseo.

El único atractivo que tiene la Morelos es la vida nocturna que se genera alrededor de dos calles. Nada más. Eso no es suficiente para calificar al proyecto de exitoso. Es más, en vista del resultado, no hay material suficiente como para considerar que era un proyecto necesario.

Al principio, la idea del Paseo Morelos nos entusiasmó a todos, nuestra conclusión era que al fin las autoridades habían escuchado. Lo que no sabíamos era que escuchaban lo que les convenía; escucharon en los términos que quisieron.

La próxima semana hablaré de lo que sí fue el Paseo Muerelos, de a quiénes benefició realmente y a quiénes nos puso en una situación complicada.

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