La pobreza como enfermedad

A la pobreza le vendría bien recibir el trato de enfermedad.

Asociada a frases como “mal pandémico” o “amenaza para la vida” seguro recibiría más atención.

En lugar de eso, suele ir acompañada de adjetivos como “extrema” o “multidimensional”.

También es englobada en términos como “condiciones vulnerables”, “con carencia de recursos” o similares.

En realidad, la pobreza es carestía, es ser un desposeído, es situarse en el extremo pauperizado de una sociedad.

Desde un punto de vista estrictamente sensorial, resulta mucho mejor llamar al conjunto de individuos sumidos en la precariedad “población en situación de pobreza”.

¿Quién quiere ser llamado “pobre” a secas”?.

Hace tiempo que las autoridades dejan volar a la imaginación para emplear términos amables al oído.

Por ejemplo, cuando la economía se va a pique, en lugar de “crisis”, la versión oficial dicta que hay una “desaceleración”.

La explotación laboral se embosca detrás de fórmulas como “condiciones críticas de ocupación”.

El desempleado no está sin empleo, simplemente es un “desocupado”.

Basta con imaginar una nota ajena a esa ingeniería del lenguaje y con apego a la narrativa de la salud para brindar una dimensión más humana del problema:

Entre 2018 y 2020 cerca de 3.8 millones de mexicanos se contagiaron con el virus de la pobreza, según el Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social).

No existe una cifra oficial de muertos a causa de este virus.

Sus víctimas mortales suelen engrosar las tasas de mortalidad de afecciones cardiovasculares, cánceres o envenenamientos por plomo o con arma blanca, entre otros conceptos.

Síntomas

Síntomas frecuentes son malnutrición (tanto desnutrición como obesidad), deserción escolar, aislamiento, mala salud (física, mental, espiritual y cívica), violencia doméstica, adicciones, asociación delictiva, embarazos adolescentes y más, mucho más.

Las autoridades federales, estatales y municipales han adoptado medidas de contingencia, llamadas programas sociales, para combatir esta amenaza para el bienestar de las personas.

Básicamente se reparten dinero en efectivo (a través de préstamos personales o becas) y apoyos en especie (como despensas o materiales de construcción).

Sin embargo, la epidemia de pobreza no conoce freno.

¿Cuándo buscar ayuda?

Las autoridades recomiendan buscar ayuda:

  • Si siente debilidad o ha perdido el sentido del olfato, y del gusto, porque ha pasado más de un día sin poner alimentos en su mesa.
  • Si padece constantes dolores de cabeza por tanto pensar en cómo hará para vestir, calzar, educar, cuidar a sus hijos, tanto deseados como no planificados.
  • Si se siente enfermo con frecuencia dentro de un hogar donde el servicio de agua potable es quincenal, el drenaje no funciona y el piso es de tierra.
  • Si ha pensado en delinquir para dejar de sentirse oprimido las 24 horas del día.

¿A dónde acudir?

En esas situaciones, y en más, muchas más condiciones de precariedad, se recomienda acudir a las oficinas de desarrollo social de los tres niveles de gobierno.

Para solicitar los apoyos es indispensable mostrar un documento de identificación y paciencia.

Los servicios asistenciales, declaran fuentes oficiales, están un tanto saturados debido a que, en territorio mexicano, hay 55.7 millones de casos positivos en activo.

Foto de portada: Pobreza en las calles (recorte) 
Por Liliana Saeb
Vía Wikimedia Commons
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