El transporte público es un infiernito de pólvora

En especial en Gómez Palacio, Durango. Resulta que a principios de año me mudé a Gómez. Dejé el centro de Torreón, Coahuila, barrio que habité desde que era niño y donde todos los lugares de mi interés me quedaban a pie: el trabajo a dos cuadras, mi cantina favorita a cuatro, mi cantina no favorita a una, el mercado también a una y la birria a la vuelta de mi depa, y seguro pensarás de mí, qué tonto, para qué te cambias de casa si tenías todo cerca, a lo que contestaré: al día de hoy dejé de llorar porque ya se me $alió una renta del ojo.

Haciendo cuentas, lo que gasto ahora de gasolina y de pasajes de camión es poco más de la mitad de lo que pagaba de renta, pero ese ahorro, aunque significativo, deviene en otra fuerte inversión más costosa: el tiempo. ¿Y es que qué es el tiempo sino otra forma de angustia? La angustia de que el Torreón-Gómez-Lerdo, verde, con la nomenclatura Núcleo, para ser preciso, haga su último recorrido de Torreón a Gómez a las 7:30 de la noche, pues siguen las restricciones del horario por la pandemia; o que pase en tiempos irregulares, bien puedes esperar quince minutos, en un buen día, o más de media hora, en un día más común que excepcional; o quizá la angustia de que haga una parada en alguna gasolinera de la ruta, esperando a subir más pasaje, por más de diez minutos, entretanto el sol intenta hacer que te rindas de una vez por todas, pues te cuece en medio de una estructura metálica con llantas que giran desde 1992 por las calles de La Laguna… El infierno es infinito.

Y si digo que el infierno es infinito, es porque aún no menciono la manera tan insolente de conducir de la mayoría de choferes, ni la música a todo lo que da, porque claro, a quién le importa un viaje tranquilo cuando puede ir escuchando a Calibre 50 ft. Mc Davo cantar su dolor porque una muchacha los rechazó; tampoco he mencionado los baches ni los bordos ni las ventanas que no se abren, o los otros usuarios, que tienen a la mano una buenísima selección de churritos en cada parada y están dispuestos a dejar su basura en el camión o bien, sembrarla en las calles durante el viaje.

Aún con todo esto, debo decir que gozo de ciertos privilegios con mis horarios, pues en mi trabajo, si bien debo cumplir un horario, me puedo permitir ciertos retardos, que ojo, no por eso dejo de angustiarme cada vez que consulto la hora en mi celular y el camión no pasa o avanza lento. No quiero pensar en la angustia de las personas que tienen que estar en cierto lugar a una hora precisa, por ejemplo, llegar a una cita médica o a su trabajo, y se ven obligados a tomar un taxi y desembolsar más dinero.

¿Y qué decir de los taxis?, hay una legión de tsurus del 2001 dispuestos a cobrarte entre $90 y $120 para cruzarte desde el centro de Gómez hasta el primer cuadro de Torreón, porque no se atreven a ir más allá de la Plaza Mayor, ¿es abusivo el precio?, es abusivo el precio, considerando que el pasaje de los camiones sigue en $11 (que hasta eso, el pasaje se ha mantenido desde el 2018 dos pesos más barato que en Torreón).  

Viajar en taxi es mucho más rápido, pero más costoso, y pareciera que los taxistas de Gómez tienen como principal objetivo emular a los war boys de Mad Max, ¿a cuántos de ustedes, peatones, ciclistas o conductores, no se les ha atravesado un taxista buscando ser atestiguado? Y lo peor, los taxistas de Torreón están desterrados de Gómez, lo que quiere decir que de allá para acá no te cobran los $90 o $120, sino que de plano no aceptan traerte.

¿Qué nos queda a quienes venimos de Torreón a Gómez en la madrugada, medio borrachos? Sólo tres opciones: 1) buscar hospedaje en Torreón, 2) cruzar el vado a pie, 3) pedir un Uber o un Didi. Las primeras dos son opciones inviables, y la tercera, aunque pareciera más encaminada a ser la mejor, es muy angustiante. En varias ocasiones, como lo vine haciendo desde hace unos meses, los miércoles son los días que asisto a la cantina. Termino entre las 12 y la 1 de la mañana, dependiendo del humor del mesero, y después, toca esperar en una esquina a ver cuál de los dos servicios no me cancela el viaje.

¿Por qué Uber y Didi cancelan los viajes en la madrugada a Gómez?, es simple, en La Laguna de Durango el servicio es menos solicitado que en Torreón, y al parecer, los viajes son más baratos solicitados en distancias mayores, lo que se traduce en menos ganancia para los choferes. Y claro que comprendo por qué cancelan los viajes en la madrugada y que en ocasiones haya tardado hasta cuarenta y cinco minutos en conseguir un servicio de esas plataformas, pero lo que no logro comprender es que tampoco, durante el día, el servicio de las plataformas en Gómez sea tan escaso. Si hubiera más gente dispuesta a volverse usuario de esas plataformas, entre 15 y 20 por ciento más baratas que un viaje en taxi normal, supongo que desplazarse por la ciudad no sería tan angustiante.

Viajar en bicicleta, en mi caso, aún no es viable, el verano se encarga de desanimarme. No quiero llegar a mi trabajo bañado en sudor, además de que en estos momentos de mi vida carezco de condición física, lo cual ya comencé a resolver corriendo por las noches, y como es más probable moverme en bicicleta que conseguir un coche, de momento me resignaré a esperar a que el Núcleo pase en horarios intermitentes y armonice mi viaje con alguna canción de banda que no conozco.

Imagen de cabecera por @torreongacho

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