El miedo a la autoridad

Collage represión policial
Collage represión policial

Por Iván Benítez

Tengo buenos motivos, y no creo ser el único, para temerle a la autoridad.

No me refiero a cualquier autoridad. En mis años de reportero disfrutaba enormemente de meter en aprietos a gobernadores, secretarios (especialmente a los de Gobierno y Seguridad) y, en menor medida, a alcaldes. Soltar la pregunta y escucharlos resoplar tratando de ordenar sus ideas para no declarar un sinsentido o, peor aún, la verdad, era mi golosina favorita.

Las autoridades a las que temo son más numerosas, cercanas y, desde mi óptica, temibles: los agentes de seguridad municipal.

La guerra contra el narco, y corríjanme si me equivoco, detonó la cooptación, el control y hasta la depuración de las corporaciones policiacas a manos del crimen organizado (y en algunos lados no hubo subordinación de aquellas a este sino una asociación entre pares). Lo más probable es que nunca sepamos ni los verdaderos alcances ni los frutos más logrados de su trabajo en equipo.

Medidas como los controles de confianza, las mejoras salariales y de prestaciones, así como el impulso al servicio profesional de carrera policial no mejoraron el panorama, no lo suficiente como para dedicar una mirada optimista al asunto.

En el caso de una fuerza municipal, un alcalde, por muchas veces que se reelija, difícilmente va a conseguir que las cosas cambien.

Un alcalde poco puede hacer más allá de declarar que su administración trabaja, que el esfuerzo institucional es enorme, que la ciudad se mantiene segura. Del dicho a la auténtica seguridad hay un trecho muy amplio. (No sé ustedes, pero tengo la impresión de que es la delincuencia organizada, y no los gobiernos locales, cualquiera que sea su origen partidista, la que decide si un territorio es seguro o no).

El contexto de ese tipo de declaraciones, por más que formen parte de un guion repetido hasta la saciedad desde hace casi veinte años, es importante. En este caso, se trata del homicidio de un civil a manos de un agente municipal de Torreón (ocurrido el pasado 7 de abril).

Este hecho, a su vez, se inscribe en un contexto mayor, uno que, en fechas recientes, incluye una manifestación de elementos municipales que denunciaron la corrupción (cobro de cuotas, acoso sexual y hostigamiento) de sus jefes y acusaciones de civiles que denunciaron la corrupción (cobro de sobornos, extorsión y abuso sexual) de elementos municipales. Casi una década atrás se encuentra la recomendación 15/2016, terrorífico documento aún disponible, aunque en una versión censurada, en el portal de la CNDH.

No dudo que haya buenas personas, incluso buenos elementos, portando el uniforme municipal. Sin embargo, por experiencias personales con las fuerzas del orden, desde hace tiempo, prefiero verlas de lejos. Tal es mi temor a la autoridad que representan, una que se toma con demasiada frecuencia atribuciones extralegales, por decirlo de un modo amable.
Si no ven propuestas de solución en estas líneas es porque no alcanzo a ver ninguna. Si alguien tiene respuestas, me gustaría conocerlas y me encantaría verlas aplicadas. Quiero pensar que, si los integrantes de las fuerzas policiacas, en general, y los miembros de la corporación torreonense, en particular, pudieran elegir, decidirían llevar un modo honesto de vida.