Escena de Another Round DrukMad Mikkelsen bebiendo al aire libre rodeado de gente

‘Another Round’: la última y… no nos vamos

En una cena, Martin (Mads Mikkelsen) escucha a sus amigos debatir sobre la teoría de que mantener 0.05 grados de alcohol en la sangre te hace una persona relajada y creativa. Lleva tiempo sintiéndose desmotivado y ajeno, ¿será esa la solución? Así inicia Otra ronda (Another Round).

Igual que sus amigos, Martin es maestro en una preparatoria danesa, donde la aparente apatía de los jóvenes y la brecha generacional le han colmado de tedio. Desde su asiento, con voz apenas audible entre el alboroto juvenil, da su clase de historia y pierde el hilo cada tanto.

Su desinterés es más que evidente y lo pondrá en la mira de la directora y padres de familia. Al sentirse presionado sólo le quedará ofrecer corregir sus fallas o dejar su puesto a alguien más competente. Pero su verdadero problema no es el trabajo, sino su crisis matrimonial.

En casa su presencia les da igual a sus dos hijos adolescentes, pero mucho más a su esposa Anika (Maria Bonnevie), quien trabaja por las noches y a su regreso hace todo lo posible por no coincidir ni cruzar palabra con Martin.

Como un acto desesperado decidirá probar aquello del alcohol y obtendrá resultados mayormente favorables. Tras compartir su experiencia con sus colegas y amigos ellos se le unirán motivados por un supuesto interés científico porque, claro, cruz, cruz el alcoholismo.

Establecerán ciertas reglas en cuanto a los horarios de consumo y los niveles de alcohol y acordarán registrarlo todo en un ensayo. La investigación les hará vivir sus emociones al máximo: la alegría, el ímpetu y el deseo serán frenéticos. Por lo tanto, querrán más.

Pero en los momentos oscuros, la tristeza y el vacío amenazan con tornarse cada vez más agobiantes. El fin del experimento deviene cuando los efectos sociales adversos se vuelven insoslayables. Tal vez no sea demasiado tarde. ¿O sí?

Another Round es la maravillosa película mediante la que Thomas Vinterberg explora la depresión, la angustia existencial y la necesidad de buscar un sentido de la vida realmente auténtico, más allá de convencionalismos sociales, prejuicios y recetas de la felicidad.

Lo hace por medio del humor y del drama y tomando como punto de partida el tabú en torno al alcohol, la hipocresía con que es visto y al mismo tiempo consumido. A conveniencia, es el enemigo número uno, pero también un relajante y catalizador social por excelencia.

¿Cuál es la línea que divide a un alcohólico de un bebedor social? ¿Existe tal? ¿Debería de existir? Son algunas de las preguntas que me surgieron al observar el comportamiento de cada uno de los personajes con respecto a la bebida.

El alcohol sirve para justificar el propio comportamiento y para descalificar a otros, de alguna forma lo usamos todos, aunque unos no beban.

Pero que la sustancia esté de por medio termina siendo irrelevante cuando buscamos las razones para aferrarnos a la vida y celebrarla. O no.

No nos confundamos, el alcohol es sólo un pretexto, la visión del director al respecto no es apologética ni moralina. Su verdadero tema es más profundo y la genial y luminosa actuación de Mads Mikkelsen lo transmite a la perfección.

Además del guion, la dirección y el elenco, otros atributos del filme son la música y la fotografía. Pero es la secuencia final lo que eleva la experiencia cinematográfica hasta el frenesí. Es de lo más tierno, emotivo y conmovedor que he visto en cine. Háganse un favor y véanla.

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