Recuerdos multimedia

Comité Lagunero de Solidaridad con el Pueblo de Vietnam MEDIADOS DE LOS SESENTA
Bulmaro Valdés Anaya FOTO: Cortesía de Francisco Valdés Perezgasga

Francisco Valdés Perezgasga

Un recuerdo es pasar de nuevo por el corazón. Volver a algo que fue importante y, en el caso que relataré, querido.

No recuerdo la edad que tenía, ni el año de secundaria que cursaba, pero hubo domingos que mi padre, Bulmaro Valdez Anaya, me invitaba a acompañarlo a un mítin. Esas reuniones dominicales, recuerdo una en el antiguo Cine Torreón y otro en el Nazas, llenos a reventar. Actos organizados por el Comité Lagunero de Solidaridad con el Pueblo de Vietnam.

Buena parte del público en aquellas reuniones eran campesinos y campesinas de la comarca. Mediando los años sesenta, el Partido Comunista actuaba en la clandestinidad pero tenía una gran influencia en diversas agrupaciones ejidales. Los mítines denunciaban la agresión artera de los Estados Unidos contra un país chiquito, de gente menuda pero valiente. Recuerdo los discursos de mi padre, didácticos y enérgicos, con la convicción de creer en una causa.

El gatillo que desató estos recuerdos quizá haya sido una serie de televisión que vi recientemente llamada El simpatizante (2024) que narra las vicisitudes de un espía norvietnamita infiltrado entre las fuerzas usamericanas. Aunque la serie se ubica varios años después de los mítines que relato, algunas de mis neuronas conspiraron con algunos de mis neurotransmisores para revivir estos recuerdos.

En la adolescencia suele uno tantear los caminos que se abren al futuro. Intenta uno palpar a oscuras los límites. Aunque en este caso, mi interés por la gesta vietnamita estaba entonada con los intereses de mi padre, era yo becario en el Colegio Americano de Torreón, donde estar del lado del pueblo agredido era en sí un pequeño acto de rebeldía.

En la clase de inglés en tercer año de secundaria teníamos que leer un libro, yo escogí Soul on Ice (1968), la autobiografía de Eldridge Cleaver, uno de los fundadores del Partido de las Panteras Negras, organización que desató el miedo histérico del poder y llevó al gobierno a extinguir este movimiento por la vía del asesinato y del encarcelamiento.

¿De dónde saqué yo ese libro? No lo recuerdo. ¿Comprendí lo que estaba leyendo? Probablemente la mitad. Pero dirigió mi precoz atención hacia este movimiento de hombres y mujeres orgullosos que se manifestaban armados en público con un discurso radical y revolucionario. Buscando mas información aprendí sobre Huey Newton y Bobby Seale y años después, sobre la bella filósofa Angela Davis.

Poster de Huey Newton FUENTE: Archivo Look and Learn

Una vez más, recientemente di con otra serie —The Big Cigar (2024)— que narra la manera en que Huey Newton, cofundador del Partido de las Panteras Negras, pudo huir a Cuba a pesar de una persecución feroz del FBI. Otro batir de la memoria. La foto de Newton empuñando un fusil y una lanza africana fue la estampa de este grupo que más que la revolución armada, llevaba a cabo extensos programas sociales entre la población negra —educación, alimentación, salud pública— y que empezaba a expandirse hacia poblaciones pobres blancas y chicanas.

La ferocidad del régimen usamericano contra estos valientes jóvenes fue brutal. Los equipos militarizados de la policía llamados SWAT fueron inventados originalmente para tomar los locales de las Panteras Negras a sangre y fuego. Huey Newton volvió a los Estados Unidos y fue asesinado. Eldridge Cleaver —el más radical de los Panteras— huyó a Argelia, eventualmente volvió a su país y se convirtió al mormonismo, así como en un político Republicano conservador.

Bobby Seale aún vive y continúa luchando por la justicia racial, es el personaje central de la canción Chicago de Graham Nash (1971) y su papel en los disturbios de la convención demócrata de 1968 está plasmado en la película El Juicio de los Siete de Chicago (2020). Fred Hampton fue asesinado por la policía de Chicago pero su historia se cuenta magistralmente en la película Judas y el Mesías Negro (2021).

Angela Davis, jovencísima filósofa marxista y comunista, cercana al Partido de las Panteras Negras, fue acusada de un crimen que no cometió que conllevaba la pena de muerte. Hubo una campaña global para lograr su exoneración y su liberación y yo repartí volantes pidiendo su libertad en mi salón de segundo de prepa. Cuando el profesor de filosofía entró y vio los volantes se puso furioso y recuerdo que tuvimos un intercambio más o menos en el sentido que él le llamaba asesina y yo le aclaraba los puntos que la exoneraban. En ese momento y ahora siento orgullo de haber participado en la campaña que le salvó la vida, leí hace un par de años su autobiografía.

Me queda claro que estamos hechos de recuerdos, que dentro de nosotros viven todos los que alguna vez fuimos. Qué bueno que estén los libros, la música, la tele y el cine para recordárnoslo.