La pandemia más peligrosa

Santos contra Xolos

Dos años de pandemia en México, conmemoramos la fecha con una serie de ingratos sinsabores.

El 16 de marzo de 2020, el estadio Corona fue testigo del primer partido sin público en el TSM; no fue cuestión de veto o indisciplina, sino de contingencia sanitaria.

Dos años después, una pandemia aún más peligrosa estalla a más de 600 kilómetros de La Laguna: la pandemia de la intolerancia.

Aficionados de dos barras que “se odian” se enfrentan a golpes, bajo el cobijo de autoridades que se desentienden del problema.

Veintitrés heridos reportan en cifras oficiales, aunque las sangrientas imágenes dejan claro que lo que se vivió en La Corregidora fue una auténtica guerra a golpes, tal como se pronostica la cuarta guerra mundial.

Pronto, fotografías y videos de hombres desnudos y golpeados hasta la inconciencia en un estadio del futbol mexicano le dan la vuelta al mundo; ¿en qué se ha convertido este deporte? Por supuesto, tal barbarie debe traer consecuencias; “esto no se puede quedar así”.

El día de la trágica escena, la vida siguió en otros estadios del país, como si no hubiera pasado nada.

En sus transmisiones por televisión, poco se reflejó la furia y alcance de las barras, pero en las redes, el material resultó abundante, grotesco, evidente y estrujante. Imposible ignorarlo.

Se dicen muchas cosas de lo que pasó el 5 de marzo en el estadio de Querétaro y, aunque las imágenes eran por demás reveladoras, no se admitió cifra de víctimas mortales. Caso “casi” cerrado.

Faltaba aún el castigo para el club que no pudo prevenir, ni mucho menos combatir la violencia.

Adiós a los directivos incapaces; vengan de regreso unos “viejos amigos”. Adiós a las barras por unos años; venga identificación de “grupos de animación”. Multa para Gallos y aquí no ha pasado nada; el show debe continuar.

En La Laguna, bajo el mando de Orlegi Deportes, Santos manda a sus aficionados un mensaje claro: no habrá asistente al Corona si no es plenamente identificado, datos, fotos y el denominado Fan ID (todo en modo ‘online’, incluso la compra del boleto).

Se esperaba un verdadero caos, como siempre que se implementa una novedad en el estadio.

Una hora antes del encuentro de la jornada 10, entre Santos y Tijuana, las vías de acceso al Coloso de la Torreón–San Pedro lucen semidesiertas.

A cuentagotas, hacen su arribo los aficionados (en su gran mayoría del club local, aunque por ahí se logra apreciar una que otra playera colorada).

Los primeros en llegar no tienen problemas para ingresar e ir ocupando sus asientos. El problema es para los que dejan “todo para al último”.

Sí, en cierto momento, se hizo el “atolladero” en los accesos; todos quieren entrar de última hora, pero falta revisar que el ID coincida con quien acude a apoyar al “equipo de sus amores”.

Hay quien reporta “demasiada revisión” por parte de la seguridad privada, mientras que los miembros de la seguridad pública ya ocupan sus puestos.

Hay militares en puntos estratégicos, atentos a lo que pueda pasar.

Elementos de la Policía Municipal rodean el recinto al tiempo que un comisionado de la Liga MX toma evidencia en cada una de las puertas en que ingresan las personas; el protocolo sanitario está vigente.

Es la nueva era del futbol en nuestro país; todavía no logramos superar al COVID-19 y ya se nos juntó otra pandemia.

Hace dos años, extrañábamos los gritos de los aficionados en el estadio. Luego, extrañamos ir al estadio.

Ahora, recordamos a quienes ocupaban algunos de los asientos que hoy están vacíos y, por si fuera poco, debemos preocuparnos por salir por nuestro pie de los “templos” del futbol. Aunque un seguidor de Xolos venga y diga que “el futbol se vive en paz”.

Al final de la jornada, 9 mil 895 aficionados disfrutaron de la goleada del equipo de casa en completa y “santa” paz.

Su entrenador, un veracruzano de nombre Eduardo Fentanes, asegura que lo que se vivió unas semanas atrás, en el bajío mexicano, “no se trata de futbol”, esa fiesta que recién se dejó sentir en la cancha del Corona.

“Pensando no en violencia, sino en unión y respeto”, dijo el hombre que viajó desde Tijuana para ver a su equipo en un patio ajeno. “Muy padre el ambiente en Torreón, gracias por recibirme”.

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