La futilidad del megaproyecto

Presa Hoover
Presa Hoover. Foto: Egorshitikov vía Pixabay

Francisco Valdés Perezgasga

El lago Mead es un cuerpo de agua creado con las aguas del Río Colorado y por obra y gracia de la presa Hoover.

De ahí toman agua más de veinte millones de personas de los estados de California, Nevada y Arizona y una parte de México.

Genera también electricidad para esos tres estados de los Estados Unidos.

Se diseñó, se calculó y su agua se distribuyó sobre la base de lo que había llovido en un período inusualmente húmedo.

Es decir, nunca tomó en cuenta la manera cíclica en que se presentan los períodos de sequía y abundancia en el oeste de los Estados Unidos.

El lago Mead, desde 1983 nunca ha contenido el máximo de su capacidad y los expertos creen que jamás volverá a tener el agua para la que fue diseñado.

Este 2022 alcanzó su mínimo histórico, cuyo anterior récord es apenas de 2016.

Estos números se aprecian fríos, pero no olvidemos que el lago Mead ha sido el motor del desenfrenado crecimiento de Las Vegas y que más de veinte millones de personas sufrirían si se deseca, incluyendo la gente que vive en Mexicali, Baja California y en San Luis Río Colorado, Sonora.

Cuando el nivel del agua caiga por debajo de las compuertas de salida de la presa Hoover, aquello se convertirá en un charco que se evaporará rápidamente bajo el sol de justicia del suroeste americano. Suena catastrófico porque lo es.

Desde hace décadas se sabe que la presa Hoover y el reparto del agua que almacena y de la energía que produce, fueron hechos con cuentas alegres y fallidas.

Que el crecimiento económico de esa parte del mundo tenía pies de lodo. Se sabía que la cosa no acabaría bien, pero, como en el Titanic, la orquesta siguió tocando.

Hoy en día, el lago Mead empieza a revelar sus secretos más negros: un tambo con un cadáver por aquí, una embarcación de desembarco hundida en tiempos de la Segunda Guerra Mundial por allá.

En La Laguna estamos a punto de cometer un error garrafal con nuestra agua, es decir, con nuestro futuro.

Agua Saludable para La Laguna pondrá nuestro destino en manos de las caprichosas lluvias.

Sus números se basan en estadísticas de un tiempo que ya nunca volverá. El calentamiento global nos traerá menos lluvias y eventos meteorológicos —como las sequías, por ejemplo— más severos, más frecuentes y más prolongados.

Hoy mismo, terminando julio, la presa Lázaro Cárdenas, de la que depende la vida económica de La Laguna, y de la que dependerá Agua Saludable, es decir la salud y la vida de sus habitantes, se encuentra a un 26% de su capacidad.

Quienes hemos objetado el megaproyecto Agua Saludable para La Laguna nunca creímos que la realidad nos fuera a dar la razón en tan poco tiempo.

Ya hoy, cuando no se ha potabilizado ni una gota del agua del Nazas, quedó demostrada la inutilidad de esta faraónica obra.

Aún estamos a tiempo de no seguir cavando nuestra sepultura. Seguir alegremente con adjudicaciones, tubos y ladrillos será tirar dinero bueno al malo.

Lo que debemos hacer ya, es limitar la sobreexplotación del acuífero, es decir, el robo descarado del agua a manos de los intereses ganaderos, y que el Nazas vuelva a correr por su cauce recargando los castigados acuíferos que a la larga son nuestra red protectora para el mundo incierto que ya nos llegó.

Sólo con un manejo ordenado y sustentable de nuestros ríos podremos seguir pensando en un futuro.

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