La Colón y el alcalde

Francisco Valdés Perezgasga

Tras una larga lucha, que data de 2013, los colectivos ciclistas de Torreón logramos que se construyera la primera ciclovía bien hecha: la Ciclovida de la Colón.

Un espacio modesto y pequeño en el que los ciclistas nos podemos mover con seguridad y no ser los aprendices de suicida que nos obligan a ser en el resto de las calles torreonenses.

Como suele suceder, esto nunca cayó bien entre quienes se mueven en coche por nuestra ciudad. Nada nuevo. Desde 1819 se ha intentado limitar y reprimir a quienes nos movemos en dos ruedas.

Desde sus inicios y hasta nuestros días la bicicleta ha despertado sentimientos de indignación y de pánico moral.

También, cómo no, sentimientos clasistas en una ciudad que parece diseñada y operada para quienes se mueven en vehículo de motor.

El alcalde Román Alberto Cepeda anunció, apenas accedió al poder, que retiraría la Ciclovida por estar mal hecha y ser un estorbo.

La reacción a nivel local y nacional lo llevaron a recular y anunciar una encuesta sobre la pertinencia de la Ciclovida.

Hoy, finalmente, el gobierno municipal ha revelado sus intenciones de “reformar” la Colón mandando a las bicis al carril izquierdo, reduciendo la velocidad de los coches a 30 kilómetros por hora y reintroduciendo el aparcamiento de coches. Un pésimo plan en varios niveles.

Las mejores prácticas en diseño de ciclovías indican que deben estar del lado derecho y en el sentido de la circulación, tal y como ya está la Ciclovida. Esto lo sabemos quienes diariamente la usamos para transportarnos.

La Ciclovida, donde está, permite las vueltas a la derecha de manera segura y el acceso rápido a los negocios y viviendas que estén sobre la calzada.

Por otra parte, asegura el director de Obras Públicas, que el regreso del estacionamiento es una demanda de los comerciantes de la Colón, lo que al parecer no es cierto según… los dueños de negocios en la Colón.

Recordemos la resistencia del comercio contra la peatonalización de la calle Madero en México y el beneplácito actual de los mismos comerciantes.

Tener a cientos de miles de peatones multiplicó los clientes y mejoró sus ventas. Una persona a velocidad de pies o bici se vuelve un comprador instantáneo, pues no necesita buscar dónde estacionar su auto.

Aún cuando tengas uno o dos sitios de aparcamiento afuera de tu negocio, nada te garantiza que estos no serán ocupados por muchas horas por quienes no son tus clientes.

En ingeniería existe una máxima: “si no se ha descompuesto, no lo compongas”. Esto debe aplicarse a la Colón. Pero el director de Obras Públicas se ha dedicado a vender la idea del alcalde de una manera tan intensa como poco honesta. Ya empieza una reunión con empresarios y vecinos de la calzada con la frase “la Colón no funciona”, inventando una realidad paralela, ya le dice al Consejo de Medio Ambiente que no hay proyecto, que es tan solo una idea para literalmente al día siguiente ir a los medios a anunciar con bombo y platillo la inminencia de los cambios en la Colón.

Un proyecto de aire que, de hecho, no existe más allá del discreto engaño de unos cuantos renders.

Un dibujo arquitectónico no sustituye a un proyecto basado en estudios con encuestas, referencias, contrastes, opiniones de expertos y recuento de experiencias en otras ciudades. La mentira mañosa y el madruguete jamás podrán ser herramientas para definir la ciudad en la que vivimos.

El Ayuntamiento de Torreón debe empezar a dar muestras de ser lo republicano que proclama su título. Dejar de lado las acciones autoritarias al margen de las ciudadanas y los ciudadanos. Torreón se lo merece. Nosotras y nosotros nos lo merecemos.

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