Agua

Francisco Valdés Perezgasga

Llevo décadas escribiendo sobre el agua. Muchas veces en torno al conflicto que se suscitan su escasez y su agandalle. El año que recién termina, fue el primero que tuve que comprar una pipa agua pues SIMAS no entregaba. El primero en sesenta y dos años desde que mi familia se mudó a esta parte de Torreón. Para muchos laguneros ya van siendo muchos años de escasez y de conflictos. Pero seguimos pretendiendo que no hay un elefante en la habitación.

El agua escasea no porque sea escasa sino porque nos la hacen escasa. Nuestra región está bendecida por la existencia de dos ríos que fueron creando vastos mares subterráneos de agua dulce. Pero no hay recurso que satisfaga la avaricia.

En cuanto le encontramos el valor monetario al agua hicimos presas, canales, perforaciones. Fue tan desmedidamente acelerado este proceso que en 1930

-¡Hace 93 años!-ya había voces advirtiendo que nos podíamos acabar los acuíferos. No hicimos caso. Hoy tenemos enfrente la crisis. El agua escasea en nuestros hogares porque nadie le ha puesto ni coto ni freno a los agricultores.

Debe ser feo ver el agua sólo como un recurso. Como algo monetizable. Como una mercancía. Una vez que adoptamos esta visión miope del agua, todos sus demás valores empiezan a sufrir.

La gloria que es la vida en la tierra. Las rosas y las mariposas. Las águilas y los rinocerontes. Los hongos y las arañas. Las bacterias y los virus. Todo, absolutamente todo, existe porque nuestro planeta tiene agua. pero más que el agua, tiene el ciclo del agua. Es decir, el agua no está quieta, cambia de lugar y de estado todo el tiempo.

El agua llueve y el agua nieva. El agua se evapora y las nubes tapan al sol. El agua se mueve desde los manantiales de montaña hasta los valles y las costas. El agua circula en grandes corrientes marinas que regulan el clima de los continentes. Interrumpir este ciclo, interferirlo, significa atentar contra la vida. Las presas, los canales, los pozos profundos son parte del poderoso arsenal humano en su guerra contra la vida. La vida de donde surgimos y a la que pertenecemos. Por eso tan a menudo usamos el suicidio como metáfora de nuestro “progreso económico”.

Mis posturas no surgen de una ideologización libresca. Surge de mis paseos en la naturaleza. Por las orillas del Nazas o por los monolitos del Sarnoso. El agua es el medio por el que se desliza, adormilado, ese Pato mexicano. El agua es quien genera ese borboteo tan agradable cuando la mansa corriente del río en invierno brinca unas piedras. Estar y ver y reflexionar sentado en los guijarros, con el suave viento fresco de enero y sintiendo el sol en la espalda mientras observo aquella lejana Garza azul caminar buscando un pez que comer. La hermosura de esos momentos y de esas escenas, junto a la destrucción y la avaricia, son capaces de radicalizar a cualquiera.

Radical. Metáfora que hace eco de las profundas raíces que no se detienen sino hasta llegar a donde tienen que llegar. Las trenzadas raíces de los ahuehuetes en el Cañón de Fernández no solo mantienen erecto al árbol milenario sino que le dan estabilidad a la orilla del río resistiendo la erosión implacable de la corriente.

Ahuehuete. Atl-Huéhuetl. Agua-Viejo. Viejo en el agua. Sin agua no hay ahuehuete. Sin ahuehuete no hay orilla estable. El ahuehuete no sólo es viejo por las longevas edades que alcanzan. El ahuehuete mantiene un rasgo que es un eco de sucesos de hace millones de siglos.

Hubo un tiempo en que nuestro planeta estuvo más caliente. La Tierra entonces no tenía hielos. Los polos tenían bosques y grandes animales como los dinosaurios. En los polos de una Tierra caliente los árboles tienen un freno: la falta de luz en el invierno. Los árboles son seres hechos de luz y de agua. La única estrategia de supervivencia cuando no hay luz es tirar las hojas, suspender la vida y esperar la vuelta del sol. El ahuehuete recuerda esos tiempos tan antiguos. El ahuehuete es de las pocas coníferas -dos o tres especies- que pierde sus hojas en invierno recordando esos tiempos tan lejanos. El follaje enrojecido de los ahuehuetes en invierno no sólo es un espectáculo bellísimo sino un medio de viajar al pasado profundo del planeta.

Démosle gracias al agua también por esos momentos únicos que enriquecen nuestra existencia. Démosle al agua todas las facetas que indudablemente tiene.