Peregrinaciones laguneras: resignificar la tradición

Este año se reanudaron las peregrinaciones en La Laguna.

Después de 12 meses de silencio, desde el mes pasado tuvieron luz verde y pudieron observarse los ensayos de los diferentes grupos de danzas de la región.

Aunque las romerías en el país no son una novedad, cada una posee un estilo propio; son devociones cargadas de una personalidad única y las de la Comarca Lagunera no son la excepción.

Cada pieza forma un conjunto. Sin danza, no hay peregrinaje. Tampoco sin fieles ni sin medidas sanitarias.

Por esa razón es importante añadirle otro sentido a la celebración, uno que implique la empatía y la responsabilidad cívica con el fin de reducir lo más posible los contagios.

El caminar de la historia

Las peregrinaciones siempre han existido y son analizadas desde múltiples perspectivas: sociológica, antropológica, religiosa o cultural.

Las romerías son parte de la historia de la humanidad porque se han presentado en diferentes civilizaciones a través de los siglos.

Además, tienen una transcendencia cultural importante. Realizar la caminata conlleva una carga onírica, pero, sobre todo, metafísica.

El rito también puede ser analizado desde la siguiente alegoría: es un juego constante entre el esfuerzo físico y el esfuerzo espiritual. En otras palabras, llegar al lugar meta es una reafirmación de fe.

Si el fenómeno se analiza desde una perspectiva semiótica, dentro del mismo hay una relación entre lo terrenal y lo sagrado.

No existe ninguna peregrinación sin una zona de llegada. Al fijarse una, los feligreses tienen que atravesar una gran cantidad de obstáculos.

El clima, el cansancio o el dolor en el cuerpo (existen casos donde los participantes se lo provocan intencionalmente), son algunos ejemplos de esas obstrucciones a superar. De esa manera se sella el vínculo.

Es un camino lleno de sacrificios donde existe una micro renuncia a lo terrenal por un breve instante.

Los feligreses creen que cuando llegan a su destino ocurre la renovación del espíritu.

La ventaja de las romerías es que cualquiera puede practicarlas.

En el cristianismo existen tres grandes peregrinaciones: Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela.

Si bien al pasar los años las formas de hacerlas han cambiado, persiste su fisionomía antigua y original.

Consisten en los siguientes pasos:

  • En primera instancia, se deben de reunir los peregrinos en un punto A para llegar al B.
  • Después, se instruye sobre la palabra de Dios a través de oraciones y cantos, los cuales se dan en coro durante el trayecto.
  • En el país se practican las tradicionales danzas, mismas que tienen una raíz sincretista.
  • Por último, al llegar al lugar, los feligreses se comprometen a escuchar la liturgia para así recargar su energía espiritual o tener un nuevo vigor; uno que vaya más allá de las tradicionales verbenas o la venta de escapularios, estampitas y rosarios.

La lluvia de arena peregrina

El primer registro de peregrinaciones en la Comarca Lagunera data del año 1944, mismas que aglutinaron a un total de dos mil feligreses y dieron la pauta a las llamadas peregrinaciones obreras guadalupanas.

Actualmente, durante el recorrido es posible observar diferentes gremios, como el de maestros, obreros, oficinistas, vendedores, etcétera.

Incluso algunas escuelas son partícipes de estas demostraciones de fe.

El fervor de los creyentes es acompañado por las danzas, las cuales antes son bendecidas para marcar el inicio de la temporada de las peregrinaciones.

En la Comarca Lagunera estos rituales se hacen “al triple”, por así decirlo.

Dentro de la Zona Metropolitana, en las ciudades de Torreón, Gómez Palacio y Lerdo se llevan a cabo salidas rumbo a distintos santuarios.

En el caso de la primera ciudad, el punto meta es la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en el Centro Histórico.

También se lleva a cabo una rumbo al Santuario del Cristo de la Noas, que, así como su nombre lo dice, se encuentra sobre el Cerro de las Noas.

En la segunda localidad, el punto de llegada es la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe, también en su Centro Histórico.

Y en el último núcleo la feligresía se dirige hacia la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en la colonia San Isidro.

Las peregrinaciones forman parte de la expresión cultural del país y de la región.

Por desgracia, en 2020, se tuvieron que posponer las celebraciones debido a la pandemia. Sin embargo, este 2021 han vuelto.

La reactivación de las celebraciones supone una nueva forma de vivir la religiosidad, y no hay mejor manera de vivirla que con responsabilidad y pensando en el prójimo.

Por lo tanto, es vital que los participantes utilicen cubrebocas y hagan un llamado a la responsabilidad cívica.

Esa es la metamorfosis de una tradición. Es la mejor vía para lograr cosas positivas, como frenar la propagación de contagios e impulsar la economía regional en varios sentidos.

No hay que dejar de lado la tradición, sino resignificarla para el bien y por la salud de todos.

Foto de portada: Parroquia San Agustín Torreón, disponible en Facebook
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