La noche más larga, las masacres de bares en Torreón

Desde el inicio de la mal llamada “guerra contra el narco” ocurrieron diferentes manifestaciones de violencia en La Laguna: desapariciones, levantamientos, extorsiones, descuartizados, asesinatos, tiroteos… se trata de una lista de atrocidades que aún siguen vivas en la memoria de los laguneros.

Ilustraciones por Miguel Sifuentes

Para Lalo, para Sergio y para Frank
porque la memoria es una cara de la justicia

Una Z se mantuvo pintada fuera del bar Tornado muchos años. Un grupo armado irrumpió en el lugar y asesinó a 7 personas y lesionó a 5 más —según las cifras oficiales— [1] la madrugada del 6 de enero del 2013.

La letra fue escrita con la sangre de las víctimas. Un par de días después, la pared fue cubierta con cal, pero la mancha sangrienta prevaleció: la cal parecía un velo. El horror de la violencia es imposible de ocultar.

Ese ataque no fue el último contra un bar o cantina en Torreón, Coahuila, pero sí fue el último que se perpetró de esa magnitud, donde personas armadas dispararon a quemarropa a asistentes, empleados y músicos.

Desde el inicio de la mal llamada “guerra contra el narco” ocurrieron diferentes manifestaciones de violencia en La Laguna: desapariciones, levantamientos, extorsiones, descuartizados, asesinatos, tiroteos… se trata de una lista de atrocidades que aún siguen vivas en la memoria de los laguneros. Pero sin duda, las tragedias más sonadas y dolorosas fueron las masacres en bares y la balacera fuera del TSM.

Estoy seguro de que a lo largo de esta “guerra contra el pueblo” todos hemos perdido a alguien. Si no fue a un familiar, fue a un amigo, a un vecino, a un conocido… Estoy seguro que todos, al menos en La Laguna, tenemos una historia que tiene que ver con estas violencias.

En mi caso, varios amigos y conocidos murieron o desaparecieron durante esos difíciles años, y en dos de los atentados contra bares murieron Sergio y Frank, personas con las que conviví cuando era adolescente, y por ello me ha costado escribir este texto.

EL FERRIE Y VILLAS DE SALVÁRCAR

La primera masacre del 2010 ocurrió en el bar Ferrie, la madrugada del 31 de enero, en donde murieron 10 personas, según las cifras que reportaron las autoridades.

Entre los asesinados se encontraba Sergio Fernando Rodríguez de la Rosa. Él era mi amigo. Sergio tenía mi edad. Murió a los 21 años. Él y yo trabajamos como empacadores en Hipermart Independencia. Después, cuando estábamos en la secundaria, salíamos a grafitear las calles. Luego él entró al Pentatlhón, a la unidad que se reunía en el Bosque Venustiano Carranza. Nos perdimos un poco la pista, pero coincidíamos de vez en cuando en el puesto de hamburguesas del barrio y siempre nos saludamos con la promesa de después echarnos unas cheves o salir a pintar. Nunca sucedió.

La madrugada del ataque al Ferrie, yo estaba comprando tacos a unas seis cuadras del lugar, en la av. Álvarez, entre la calle 12 y 13. Me tocó ver a las patrullas pasar por la Cuauhtémoc, seguramente dirigiéndose al sitio. Llevaban las sirenas mudas e iban a exceso de velocidad.

(Especial)

Al regresar a mi casa con los tacos, vi a dos chicas caminando por la banqueta de la calle 12, una iba llorando y la otra hablaba por teléfono en un tono de urgencia. Una de ellas iba descalza (tiempo después escuché esta misma historia a otras personas, donde una chica —o un par— caminaba por la calle sin rumbo y sin calzado, después de un tiroteo. Desconozco si esto es una especie de anécdota que se habla en la ciudad, o incluso en varios sitios de México, o si es un fenómeno propio de este tipo de sucesos, o si de plano es una especie de leyenda urbana. No quiero poner en duda las anécdotas similares de otras personas, de la misma manera que yo me sentiría ofendido si alguien pone en duda esta parte de mi texto).

Esa noche no le tomé importancia a esos hechos —a las patrullas y a las chicas—, pero al día siguiente, a través de una escueta nota del periódico, me di cuenta de lo que había sucedido en el Ferrie, y pensé que algo tenían que ver con la masacre.

Sinceramente, los días siguientes no le presté mucha atención al hecho, puesto que esa misma madrugada del 31 de enero del 2010 sucedió un atentado similar, pero que acaparó toda la atención nacional: la masacre de Villas de Salvárcar, en Ciudad Juárez, Chihuahua, en donde un grupo armado atacó a 60 estudiantes de bachillerato y universitarios reunidos en una pequeña fiesta.

En ese atentado murieron 15 jóvenes, y alrededor de 10 más fueron heridos, todos de entre 15 y 20 años de edad. Las autoridades no dudaron en señalar que la masacre estaba relacionada con un ajuste de cuentas entre grupos de la delincuencia organizada. Lo que ocasionó el rechazo y los señalamientos de los familiares de las víctimas y de la sociedad por estas declaraciones.

A lo largo de la “guerra” se escuchaba a menudo, tanto a las autoridades como a la cierta parte de la sociedad, mencionar que los hechos violentos les ocurrían solamente a personas que tenían que ver con alguna actividad delictiva. El expresidente Felipe Calderón minimizó en diferentes ocasiones a las víctimas, llamándolas “daños colaterales”. Esta indolencia fue reclamada fuertemente al expresidente por Luz María Dávila, madre de dos menores asesinados en Villas de Salvárcar, durante una visita a Ciudad Juárez. [2]

Villas de Salvárcar opacó a la masacre del Ferrie. No quiero decir que una situación haya sido más trágica que la otra, pero aún tengo la sensación de que ambos hechos debieron tomar los encabezados de la prensa nacional.

Dos semanas después me enteré de la muerte de Sergio. Él trabajaba en el Ferrie. Durante muchos años no me atreví a pasar delante de su casa y cuando veía a su mamá yo prefería agachar la cabeza. Hasta la fecha no entiendo por qué me daba vergüenza toparme a la señora. También evitaba pasar por Águila Nacional, lugar donde estaba el Ferrie, cuando iba a comprar mandado a Abastos.

LAS JUANAS Y LA FINAL DE SANTOS VS TOLUCA

La noche del 14 de mayo del 2010 se inauguró el bar Juanas VIP, ubicado en la Calzada Saltillo 400. Ahí murió Francisco Javier Arce Astorga, un vecino pocos años mayor que yo con el que jugaba maquinitas en la tienda de su familia. Todas las tardes hacíamos retas en el videojuego de Marvel vs Capcom y en King Of Fighters. Él siempre le ganaba a todos. Hasta la fecha creo que tenía la gran ventaja de que la consola estaba en su tienda y podía practicar cuando quisiera.

La madrugada del 15 de mayo ocurrió el ataque al bar Juanas VIP. Fue su inauguración y también fue la última que estuvo abierto. Frank murió esa noche en el hospital a causa de los disparos que recibió, a los 25 años de edad.

Las víctimas del Juanas fueron 8 muertos y alrededor de 30 heridos, aunque extraoficialmente se habló de más lesionados. Es difícil saber a ciencia cierta cuántas personas lesionadas hubo, pues nunca fue del todo claro lo que sucedía.

El ataque fue perpetrado también por sujetos armados que arribaron al sitio y dispararon a quemarropa contra el establecimiento durante la madrugada. Existen algunos testimonios que narran cómo los sicarios llegaron al sitio y dispararon al menos en tres ocasiones ráfagas de armas de grueso calibre. [3]

El 15 de mayo del 2010 también fue la fecha en que, por la tarde, Santos Laguna venció a Morelia en la semifinal del Torneo Bicentenario. Santos derrotó con un marcador global de 10 a 4 al Monarcas, pasando a jugar la final contra Toluca.

Alrededor de las 6 de la mañana del 16 de mayo, los cuerpos mutilados de 4 jóvenes fueron localizados en una pick up gris, de la Ford, con las placas de circulación FS-91894 de Durango. Los cuerpos decapitados estaban en la caja de la camioneta, mientras que las cabezas estaban sobre el cofre, junto a un mensaje que decía “asesinos de bares”. [4]

Al poco tiempo se dio a conocer que los jóvenes encontrados eran estudiantes gomezpalatinos no mayores de 20 años de edad, sin embargo, el fiscal general de Coahuila de ese entonces, Jesús Torres Charles, mencionó que no se podía descartar la participación de los jóvenes en el ataque al bar Juanas.

Los días después de la masacre del Juanas los tengo presentes con mucho coraje. Recuerdo que la gente hablaba muy poco de lo sucedido, todo el mundo parecía estar concentrado en la final que jugaría Santos.

El 20 de mayo fue el primer partido de la final, en el TSM. Los días previos eran de gran expectativa debido a la goliza que Santos le dio a Morelia. Sin embargo, el partido en Torreón acabó en un empate de 2 a 2 con Toluca.

El 23 de mayo fue la final en el estadio de los diablos, al medio día, donde Santos Laguna perdió en penales 4 a 3, en un partido humillante para los Guerreros.

Esa final que perdió fue lamentable. Estoy seguro que el penal que falló Vuoso fue más doloroso para muchos laguneros que lo que ocurrió un fin de semana antes, al menos en ese momento, porque con el tiempo se reveló que la masacre de Las Juanas tenía un trasfondo más turbio de lo que se creía. Con los años, Santos Laguna ha vuelto a jugar, y perder, otras finales.

A diferencia de Sergio, supe de la muerte de Frank al día siguiente. Después de su fallecimiento dejé de jugar a las maquinitas con regularidad.

LA QUINTA ITALIA INN: LA MASACRE QUE SÍ OCUPÓ TITULARES

Un par de años antes de las masacres del 2010, el 24 de marzo del 2008, mi amigo Eduardo Eligio Barraza Gil, junto con su primo, fueron quemados vivos dentro de dos camionetas, en la calle Arista y 17; [5] a cinco cuadras de la casa de mi mamá; a dos cuadras de la casa de Sergio; a cuatro de donde se encontraba el Ferrie.

Yo trabajaba con Lalo en una bordadora del centro de Torreón. Todos los días, durante los 8 meses que trabajé ahí, desayunamos y comimos juntos. Conocí a sus primos y a los amigos de su barrio, y algunas veces fuimos a jugar billar los sábados por la noche. Les gustaba mucho jugar, y eran buenos.

A Lalo y a su primo los levantaron en un billar que se encontraba sobre la Juárez. Se los llevaron después de discutir con un grupo por cambiar la música de la rocola. Otro amigo, a quien llamaremos Gabriel, logró escabullirse esa noche. No le dijo a nadie lo que había sucedido, hasta el día siguiente. Lalo y su primo estuvieron desaparecidos desde el sábado 22 de marzo hasta el lunes 24, cuando encontraron las camionetas. Ambos lograron ser identificados gracias a sus piezas dentales.

Años después, Gabriel estuvo en la fiesta de la Quinta Italia Inn, ubicada en el ejido Plan de San Luis, en Torreón, la madrugada del ataque, el 18 julio del 2010, cuando otro grupo de personas armadas disparó en contra de los asistentes asesinando a 17 personas —según las cifras oficiales—, entre ellos fallecieron 6 integrantes del grupo musical Original Banda Ríos, que tocaba en el lugar, e hirieron a decenas de asistentes más.

Algunos sobrevivientes de la banda han dado su testimonio de lo que sucedió esa madrugada, y algunas notas mencionan que los sicarios recibieron la orden “tírenle a todo lo que se mueva, que nadie salga vivo”. [6]

En la quinta se encontraron alrededor de 116 casquillos percutidos de diferentes armas de grueso calibre, y se menciona que fueron entre 15 y 20 sicarios quienes dispararon contra los asistentes.

En el momento del ataque Gabriel se escondió debajo de una mesa junto a otras dos personas. Cuando los balazos cesaron, menciona que algunas personas comenzaron a levantarse y a salir de los lugares en donde estaban escondidos, y que los sicarios volvieron a abrir fuego contra ellos.

Los rumores de la masacre se corrieron pronto esa misma noche. Gabriel contó que ese día él no llegó a la casa de sus papás, que acompañó a un amigo y a su novia a su casa, que no durmieron durante toda esa noche y que tampoco pudieron hablar de lo que acababa de suceder.

También cuenta que no se pudo comunicar con su mamá y su hermana hasta el día siguiente del ataque, pero que su hermana se había enterado esa misma noche de lo sucedido en la Quinta Italia Inn a través de la página de Facebook Contra la inseguridad en Torreon.. Basta¡¡ [7]. Ni la hermana ni la mamá de Gabriel durmieron esa noche por temor a que le hubiera sucedido algo. Para ambas fue una noche muy larga, de angustia e incertidumbre.

Se puede decir que Gabriel sobrevivió dos veces.

A diferencia de las dos masacres anteriores, lo sucedido en la Quinta Italia Inn sí atrapó la atención de todos los laguneros y de los medios locales y nacionales. En esta ocasión, las autoridades no intentaron sugerir que los hechos se trataban de ajustes de cuentas. Eduardo Olmos, presidente municipal de Torreón en ese entonces, se limitó a lamentar la masacre y a “exigir la presencia de agentes federales para frenar la violencia en la ciudad”.

Olmos manifestó: “Seguimos nosotros poniendo el dedo en el renglón en el tema de la falta de presencia de los cuerpos federales, yo no sé qué hace falta que suceda aquí en Torreón para que podamos contar con la presencia de la Policía Federal”. [8]

Para Olmos, el tema de la violencia respondía a la falta de elementos de seguridad pública en la ciudad.

Por su parte, el exgobernador Humberto Moreira mostró públicamente en distintas ocasiones las diferencias que había entre el gobierno estatal y el gobierno federal, encabezado por Felipe Calderón, tal como sucedió en su declaración tras el asesinato del reportero Valentín Valdés Espinoza, quien fue acribillado el 8 de enero del 2010 cerca de un hotel al oriente de Saltillo, Coahuila:

“El Mandatario federal está encerrado en Los Pinos dirigiendo una guerra que empezó, con alrededor de mil soldados custodiándolo mientras a Coahuila solo envía 300. En los últimos años nuestras corporaciones se han dedicado a ayudarle a hacer la tarea a la parte federal”.

El periódico Vanguardia hizo un breve recuento de los hechos violentos durante el gobierno de Humberto Moreira, del 2005 al 2011, y reportó que en Coahuila se registraron mil 811 homicidios dolosos y 141 averiguaciones previas por secuestro o privación ilegal de la libertad, [9] de acuerdo con las carpetas de investigación integradas al reporte de Incidencia Delictiva publicado por el Secretariado Ejecutivo Nacional de Seguridad Pública (SNSP).

Un año después del mandato de Humberto Moreira, en el 2012, el hijo del exgobernador fue asesinado por presuntos miembros de la delincuencia organizada, en Acuña.

Para ambos mandatarios el problema de la violencia era más una diferencia entre las estrategias de seguridad federales y estatales. Sin embargo, días después de la masacre de la Quinta Italia Inn, se dio a conocer que los perpetradores eran reos que salían libres del Cereso Número 2 de Gómez Palacio, Durango, que tenía como directora a Margarita Rojas Rodríguez.

LOS PERPETRADORES

El 25 de julio del 2010, las autoridades federales reconocieron que la masacre de la Quinta Italia Inn fue ejecutada por presos que dejaron salir del penal con complicidad de los guardias y las autoridades penitenciarias.

Ricardo Nájera, portavoz en ese entonces de la Fiscalía General, aseguró que a los reos “se les permitió salir para matar, viajando en vehículos oficiales y utilizando las armas de los custodios, para luego regresar a sus celdas”. [10]

Nájera explicó: “Los criminales llevaron a cabo las ejecuciones como parte de un ajuste de cuentas de un grupo rival del crimen organizado, pero también mataron a civiles inocentes.”

Las autoridades sospecharon en ese mismo momento que el mismo grupo de presos llevó a cabo las matanzas del Ferrie y del Juanas VIP.

Tanto Margarita Rojas, como el subdirector del penal y el jefe de custodios fueron detenidos por la Policía Federal, y fueron trasladados a la Ciudad de México para ser interrogados por la Procuraduría General de la República (PGR).

Margarita Rojas fue detenida después de que se difundió un video de YouTube, que estuvo brevemente en línea, en el que un presunto policía municipal de Lerdo, Durango, aseguró que los responsables de la masacre de la Quinta Italia Inn eran reos que entraban y salían del Cereso.

Nájera también mencionó que tras recabarse diversos testimonios, después de la difusión del video, se hizo un operativo en el Cereso para comparar las armas de los custodios con los casquillos encontrados en los lugares de las ejecuciones: “Una vez concluidas las pruebas periciales, se determinó que cuatro armas tipo AR-15 calibre .223, marca Colt, fueron utilizadas en los sucesos del pasado 18 de julio”. Las armas también fueron usadas en las ejecuciones del Ferrie y las Juanas.

En ese operativo también se solicitaron las fichas dactilares y fotos de la población penitenciaria, así como la localización y presentación de todos los custodios que laboraron cuando ocurrieron los hechos.

El exgobernador de Durango, Ismael Hernández Deras, en un escueto comunicado, calificó la salida de los reos como un acto de traición a las instituciones y a la sociedad. Humberto Moreira, por su parte, dijo que esto puede aclarar otros homicidios ocurridos en La Laguna: “Ese es un tema muy delicado y espero que se dé respuesta pronto de la investigación”.

El exalcalde de Torreón, Eduardo Olmos, dijo tener sentimientos encontrados tras darse a conocer la noticia: “No deja de generar un sentimiento de alivio permeado por un sentimiento de tristeza, de preocupación, por el tremendo desafío que representan estas investigaciones”.

Las investigaciones sólo remitieron a que las masacres fueron represalias entre los grupos del crimen organizado que en ese entonces disputaban el territorio de la Comarca Lagunera: por un lado, los Zetas dominaban en la ciudad de Torreón, mientras que el Cártel de Sinaloa controlaba La Laguna de Durango. [11]

Registros de la prensa nacional exponen que en el caso del bar Ferrie, Isabel Arvide, que hasta mediados de año 2010 fue consultora de seguridad del gobierno de Coahuila, reveló el 17 de febrero que Carlos Centeno, hasta entonces delegado regional de la FGE, era el dueño del bar. La declaración motivó su salida del gabinete de seguridad y, a su vez, el cese de Centeno, ya que se vinculó el ataque como presunta represalia del crimen organizado hacia Centeno. [12]

ANTECEDENTES Y SECUELAS

El 23 de diciembre del 2010 sucedió el último ataque armado contra un centro nocturno en ese año. Ocurrió en el bar La Bodega, localizado en la calle Múzquiz, entre Presidente Carranza e Hidalgo, en el sector Alianza del centro de Torreón. Tres sujetos dispararon contra las personas que estaban ahí.

Ahí murió un taxista, el cantinero y un cliente. Además, al menos otras cuatro personas resultaron heridas, según la información oficial.

El primer ataque de este tipo se registró en el 2009, el 13 de febrero, en el bar La Favorita donde un comando armado asesinó a 5 personas, según cifras oficiales. Entre los asesinados se encontraban dos meseros y tres presuntos narcotraficantes. [13] El 15 de febrero siguiente, otro comando arribó al bar Premier, y ahí murieron 10 personas.

La noche del sábado 26 de febrero del 2011, el Bar 3-2, ubicado en la avenida Matamoros, en el centro de Torreón, sufrió un ataque. En el lugar murieron cuatro hombres, y uno de los 11 heridos perdió la vida horas después en un hospital.

Poco después del ataque al Bar 3-2, otro ataque se registró en el bar Virreyes, donde murieron tres personas, además de otros dos que perecieron mientras recibían atención médica. Esa noche murieron 10 personas es dos distintos ataques.

Ese sábado, el general Carlos Bibiano Villa Castillo, en ese entonces director de Seguridad Pública municipal de Torreón, ordenó un operativo que recorrió bares, cantinas y centros nocturnos. Durante la movilización se solicitó a los propietarios que cerraran los locales y despacharan a su clientela. En el operativo no hubo ningún detenido.

Del 2009 al 2011, los datos oficiales hablan de más 60 personas muertas en este tipo de ataques y de alrededor de 150 heridos de bala que se encontraban en esos sitios. [14]

El 2010 fue uno de los años más violentos en México. Tan solo durante el fin de semana de la masacre de la Quinta Italia Inn, hubo 50 asesinatos en el país a causa de la delincuencia organizada.

LA VIDA NOCTURNA Y LA FALTA DE MEMORIA

Durante el 2010 cerraron varios sitios del centro, pero la vida nocturna no se extinguió después de las masacres del Ferrie y las Juanas. Siendo Torreón una de las ciudades más violentas del país, algunas personas optaron por reunirse en casas o rentar quintas, pensando que ahí se encontrarían más seguros, y después sucedió la masacre en la Quinta Italia Inn. Estos eventos terminaron por un breve tiempo con la vida nocturna de La Laguna.

Si pudiera resumir cómo fue el principio de mi vida adulta en Terror, Coahuila, diría que fue con miedo a salir a la calle por la noche. Ni hablar de ir a una cantina o a un bar. Hoy en día existen personas que tienen temor de visitar el centro de la ciudad, o de dejar que sus hijos vayan a ese sector, y no los culpo. El principio de la década pasada fue terrible.

En años recientes, la vida nocturna en Torreón se ha recuperado, en especial en la zona centro, específicamente en las calles aledañas a la Calzada Colón.

En ocasiones me parece que esta gran actividad nocturna, de bares, cantinas, antros y restaurantes, responde a los años que estuvimos privados de ella.

Hace unas semanas hablé con algunos amigos cercanos y colegas sobre la escritura de este texto. Entre esas charlas, además de compartirme sus experiencias y sentires de esos años violentos, surgieron comentarios sobre las masacres del 2010: se habla de ellas (las matanzas) con algo de morbo, y a excepción de los integrantes de la Original Banda Ríos, sobrevivientes del ataque a la Quinta Italia Inn, las víctimas han tenido muy poca visibilidad, caso contrario a lo que sucedió en Villas de Salvárcar, en Ciudad Juárez, donde, en el lugar de la masacre, se erigió el Memorial 30 de enero. [15]

Las masacres de este tipo no se han vuelto a repetir en Torreón. Pero aun así, con los bares y cantinas ofreciendo servicio y poniéndonos borrachos, nada nos devolverá la tranquilidad que nos arrebató la “guerra contra el narco”. En especial a todos aquellos que sufrimos la fractura de algún afecto.

Me niego a aceptar que las muertes de Sergio, Frank, Lalo y su primo, así como los asesinatos de casi medio millón de personas y los miles y miles de desaparecidos desde el 2006 a la fecha, fueron solo daños colaterales de una guerra inventada.

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