Detalle del libro "Con el barrio puesto" de Iván Hernán Benítez. FOTO: Fredo Becerra/Facebook del IMCE.

Iván Hernán: escribir ‘Con el barrio puesto’

“Y cómo pasa el tiempo, que de pronto son años”, dice la canción de Silvio… Dos escenas, que recuerdo como si hubieran sido ayer, me llevan a esta frase y a continuación las evoco.

La primera, muy nítida, del día en que vi el nombre de Iván Hernán Benítez entre los ganadores de la convocatoria de la Colección Viento y Arena a mediados de 2022, noticia que me alegró muchísimo y celebré junto al equipo fundador del portal Plaza Pública, del que ambos formamos parte.

La otra escena, que ya no es tan nítida, es de 2008, cuando conocí a Iván Hernán Benítez en la redacción de Milenio Torreón; no ha resistido tan bien el paso de los años, pero conserva lo necesario para dar fe de su propensión a contar historias y su obsesión por hacerlo de la manera más ingeniosa e incisiva posible.

Mis funciones dentro de ese medio me permitieron conocer de primera mano las innumerables cualidades de Iván, entre las que destacaban un olfato no sólo periodístico sino literario que le permitía construir notas a partir de cualquier pequeño dato y un envidiable léxico para hacerlo sin recurrir a las usuales muletillas, lugares comunes y otros vicios reporteriles.

Gracias a que “arrieros somos…” he tenido la oportunidad de ver cómo esos talentos se han ido perfeccionando de tal forma que su producción periodística ha logrado trascender las páginas de los diarios o el portal informativo para convertirse en este libro, prueba -para los que las necesiten- de la calidad literaria de Iván.

Iván Herán Benítez acompañado de Fer de la Vara y Jessica Ayala en la presentación
de su libro «Con el barrio puesto» en el IMCE Torreón. FOTO: Fredo Becerra/Facebook del IMCE.

Con el barrio puesto, propuesta con la que ganó en la categoría de Testimonio en la convocatoria mencionada, es un compendio de doce textos nacidos de la aguda observación de este poeta que se gana la vida como periodista, para quien las variedades en un crucero, una charla casual en la calle, un trayecto en camión o un adolescente pidiendo chamba tienen una historia que contar, una muy necesaria, muchas también muy incómoda.

Y si bien en el entretejido de cada una de ellas se adivina la aspiración de resultar amenas a los lectores, sus hilos son complejos, en la fibra conviven lecturas filosóficas, música popular, aficiones y pasiones. De la experiencia que da el barrio proviene su resistencia.

Iván no teme ser mordaz, como cuando dice: “el trabajo infantil está más extendido de lo que la sociedad dese observar. En Esparta, los niños con salud frágil o que no superaban el examen físico eran abandonados a su suerte, hoy día, tiempos más civilizados, quién no ha topado de frente con un crío cuyo defecto de fábrica es explotado en algún punto muy transitado del mapa urbano”.

Así interpela Iván Hernán a las buenas consciencias y a quienes nos hacemos de la vista gorda ante estas realidades que pasan por nuestras narices todos los días.

Los temas que están presentes: la explotación infantil, la violencia, la pandemia, la hiperdigitalización, el futbol y más tópicos que para otros don cotidianos, pero todos ellos atravesados por la aguda observación de Iván, donde la pobreza formal, que deriva en otros tipos de pobrezas simbólicas, determina la forma de narrarlos.

Estos textos vienen de abajo, narran la vida de los desfavorecidos, los nadie, atravesados por dolores que nos son comunes y muchas veces son ignorados.

Este libro no son doce testimonios, sino un gran testimonio de vivir Con el barrio puesto.

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