Elección 2023: Juego de lobos

El proceso electoral para renovar la gubernatura y el Congreso del Estado iniciará formalmente en el 2023, pero la arena política ha alcanzado altas temperaturas desde hace meses.

La disputa por las candidaturas comenzó y, con ella, las campañas de desprestigio que alargan las sombras de los aspirantes.

El más adelantado en esta “preandadura” proselitista es el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

En esa fuerza política aseguran que “saben guardar las formas”, o mejor dicho, simular que aún no ha sido designado su próximo abanderado.

El aparato gubernamental en la entidad, sin embargo, ha sido puesto al servicio de Manolo Jiménez.

Exalcalde de Saltillo, Jiménez llegó en enero pasado a la Secretaría de Inclusión y Desarrollo Social estatal. La estrategia es obvia, hasta podría decirse que desvergonzada: promocionar su imagen y meterlo hasta en las sopas de las despensas oficiales.

El secretario ha recorrido la entidad al amparo de “Mejora Coahuila”, un programa que el gobierno coahuilense describe como transversal (dado que en él intervienen diversas dependencias y, por tanto, varias bolsas de recursos) y que ha merecido atención especial de la administración estatal.

Además, como buen delfín, Jiménez maneja una agenda paralela a la de su padrino y titular del Ejecutivo estatal.

No obstante, los invitados a cubrir sus acciones son un grupo selecto de medios de información.
Se replica la misma estrategia de cuando era presidente municipal de Saltillo: convocatorias a modo, sin lugar para cuestionamientos hacia su labor en la alcaldía.

Sin embargo, la “prepredesignación” de Manolo Jimenez, servida en bandeja de recursos estatales, no ha sentado bien a otros tricolores coahuilenses, como Jericó Abramo Masso y el alcalde de Torreón, Román Alberto Cepeda González, quienes ya han manifestado que también quieren la candidatura.

En el caso del edil torreonense es evidente que también ha emprendido una serie de acciones para promocionar su imagen.

De ahí la difusión en redes sociales de supuestas encuestas donde Cepeda González aparece o bien como el mejor posicionado dentro de los simpatizantes del partido o bien como el alcalde mejor calificado en territorio estatal.

La intención de Román Alberto Cepeda no es nueva. Lo intentó hace seis años. Incluso amenazó con dejar el PRI y postularse como independiente. Se conformó con una candidatura a diputado local -la cual perdió-; posteriormente fue colocado como titular de la Secretaría del Trabajo.
Sus antecedentes invitan a pensar que está blofeando y que, llegado el momento, cederá en sus pretensiones a cambio de algún cargo que le permita mantenerse vigente en el escenario político local.

En la acera de enfrente, alias Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), los tambores de guerra también llevan meses activos.

De momento, la lucha es una suerte de triple amenaza de la que participan el senador Armando Guadiana Tijerina, el exdiputado Luis Fernando Salazar y el subsecretario de Seguridad Pública Federal, Ricardo Mejía Berdeja.

Guadiana Tijerina se muestra confiado. Ha declarado que, si se respetan las encuestas (método favorito del presidente López Obrador para bendecir candidaturas), él será el candidato.

Ciertamente se trata del morenista mejor posicionado y con mayor reconocimiento en territorio coahuilense toda vez que hizo campaña hace seis años.

En cuanto a su interés por la silla, se maneja que no sería uno insobornable. El senador podría alejarse de la contienda siempre que se brinden garantías de que no será molestado ni en las actividades ni en las ganancias de sus negocios mineros.

Luis Fernando Salazar insiste en la estrategia de derrochar dinero para publicitarse en redes sociales. En meses recientes se ha convertido en tertuliano regular en programas de televisión.

La pretensión de este expanista es, como se dice coloquialmente, un sueño guajiro: ni siquiera logró figurar en las boletas, como candidato a alcalde de Torreón, en el proceso electoral 2021.

Ricardo Mejía Berdeja, flamante subsecretario federal, ha adoptado prácticas de la vieja escuela, es decir, del antiguo régimen priista, al tiempo que presume cercanía con López Obrador. Una semana sí y otra también se promociona en las mañaneras. También realiza frecuentes giras de trabajo por Coahuila con la excusa de sus tareas de seguridad.

Por aquello de afianzar sus opciones, y siguiendo el manual de actuación priista, le ha dado por cooptar a viejas figuras de otros partidos.

Una de ellas, el diputado federal Shamir Fernández Hernández, hace un par de meses despotricaba contra la Cuarta Transformación. Ahora, ya bautizado, libre de culpa tricolor, se dice leal a los ideales lopezobradoristas.

Shamir Fernández no se fue solo, se llevó con él una parte de la estructura priista (cuyo tamaño no ha sido determinado), es decir, capital electoral que Morena ha adquirido con lo que eso conlleva; como mínimo, un historial que contradice el mantra presidencial de no mentir, no traicionar y no robar.

Otro que no resistió las artes seductoras de Mejía Berdeja fue el legislador local Rodolfo Walss.
Desde hace más de un año, Walss Aurioles era un referente dentro del PAN y una voz crítica del gobierno riquelmista.

Cuando comenzó a perfilarse una alianza del blanquiazul con el PRI, el diputado renunció a la formación de sus amores y ahora apuesta su futuro político en la casilla Morena de la ruleta.

No hay que ser adivino para vislumbrar que parte de sus funciones al interior del movimiento de regeneración consistirá en recrudecer, desde la tribuna legislativa, los señalamientos de corrupción contra el gobierno estatal.

Con estos fichajes, el proyecto del flamante subsecretario demuestra que puede socavar a la en apariencia monolítica e ingrávida familia priista de Coahuila y aumenta su capacidad de golpeteo.

En ambos bandos, las candidaturas y las posibles alianzas en torno a los ungidos están lejos de quedar oficialmente definidas (la distancia no es temporal sino política).

No obstante, no es descabellado afirmar que el primer morenista de México y el primer priista de Coahuila ya palomearon a sus gallos.

El PRI y Morena aseguran que en Coahuila veremos una lucha encarnizada por el poder.
Dos viejos lobos subirán al ring político y cualquiera que sea el resultado de esa lucha a una caída, difícilmente la ciudadanía tendrá algo que celebrar.

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