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S.O.S ¿Cómo salvar a los parques?

La autoridad no tiene presupuesto. Las donaciones de las inmobiliarias han fallado y los programas también han sido desairados. Una nueva visión es necesaria, advierten expertos.

Fotos y realización: Erika del Carmen Llaguno Durón.
Texto: Ismael Ángel Meza Ortega.

Doña Panchita vivió toda su vida en la colonia Revolución. Un buen día, por azares de la vida, tuvo que dejar su casa e irse a vivir a la colonia Norberto Ortega. Su vista natural de los cerros –el de La Campana y la Cementera– cambió de pronto por solo calles y postes.

Aunque la falta de los cerros la deprimió por varios meses, el cambio se hubiera amortiguado si al menos existiera un parque cerca de su vivienda. Doña Panchita, a sus años, llegaba fácilmente caminando al Parque Madero al menos dos veces a la semana.

Ahora el que tiene cerca es el “Parque La Esperanza”—antes un basurero ilegal llamado “El hoyo de Bonilla”—, aunque de esperanzador solo tiene el nombre.

Hasta 2017, el predio era un basurero clandestino para las colonias marginadas de la zona, hasta que el gobierno Municipal de Manuel Ignacio “el Maloro” Acosta decidió limpiarlo y hacer un área verde. La reforestación anunciada, junto con canchas, juegos e infraestructura verde, costó más de 14 millones de pesos.

“De noche no puedes ir, es muy inseguro; si de día te pueden asaltar, imagínate de noche”, dice doña Panchita. “Pero además aquello es una desolación, los palos verdes que sobreviven no han crecido para dar sombra, hay mucha basura, mucha maleza, el agua del represito está contaminada y verde. Lo dejaron abandonado”, se lamentó con lágrimas en la mirada.

“Pues sí, ahorita parece todo menos parque, es un reto importante”, acepta Sergio Pavlovich, responsable de la Coordinación de Servicios Públicos Municipales, dependencia que tiene ahora a su cargo la Dirección de Parques y Jardines. “Nosotros tenemos poco tiempo, bueno, no tan poco. Sobre esos temas en específico, estoy seguro que los encargados harán algo pronto”.

Admite que la plantilla laboral no es suficiente para todo el universo de parques y camellones. De los 146 trabajadores en Parques y Jardines, 15 son administrativos y 41 están asignados en los parques más grandes. Eso deja solo 90 trabajadores para todo lo demás.

Falta de recursos, “problema crónico”

Amparo Fontanot Ochoa, directora de Parques y Jardines, ríe cuando se le pregunta por el presupuesto para su área. “No me lo sé de memoria, pero dentro del municipio hay muchísimas necesidades. Hay que extender la cobija para todos lados y sacarle el mayor provecho”.

El presupuesto promedio anual ejercido del 2015 a la fecha en Parques y Jardines es de 60 millones de pesos. Es la décima parte del presupuesto para la Coordinación de Infraestructura Urbana y Ecología (CIDUE) y el 1.2% del presupuesto total del Municipio de Hermosillo para el 2022.

Al hacer este reportaje, todas y todos los funcionarios entrevistados, apenas con algunas variantes, contestaron lo mismo: “El presupuesto es muy poco, el municipio tiene muchas necesidades, todas tienen gastos y se reparte lo mejor que se puede”.

¿En qué se invierte el dinero? Una muestra: entre septiembre del 2021 a julio del 2022, el municipio ha anunciado 12 mdp en la rehabilitación o creación de parques. En el mismo lapso, las obras de pavimentación, recarpeteo y obras secundarias anunciadas rondan los 375 millones de pesos.

Un programa municipal que está por lanzarse es el “Adopta un Parque”, un esquema en el que vecinos o empresarios se hagan cargo del mantenimiento del parque de su colonia, y como incentivo obtendrá descuentos en el predial o recibo del agua.

“Estamos viendo incluso que se asigne un recurso en la Ley de Egresos del próximo año, para que quienes adopten un parque puedan contratar un jardinero, o para bolsas de basura, etc. Es un esquema que se implementó en San Pedro Garza García y estamos rescatando esa experiencia”, cuenta Pavlovich Escalante.

Debido a que el recurso es limitado, la lógica del Ayuntamiento es distinguir dónde la ciudadanía puede involucrarse y apoyar, como en el mantenimiento de parques y camellones.

«Sería muy ingenuo de mi parte pensar que todo tiene que ser patrocinado por el Ayuntamiento, sería muy fácil decir ‘aumentemos la plantilla 10 veces más, pero no quedaría dinero para inversión…» acota Pavlovich.

Pero ese programa ya funciona en los hechos, según Francisco Salcido, de Ciudadanía Activa: “cuando ves un parque bonito, limpio y cuidado, es porque los vecinos se están haciendo cargo, no porque el municipio lo esté haciendo”, expresa.

Mientras las dependencias manejan esas ideas, algunos especialistas aportan otras perspectivas.

“Es necesario un sistema integral de parques que nos permita crear indicadores globales, para saber qué está pasando y hacia dónde vamos, una base de datos oficial y específica, ahorita cada dependencia tiene sus números” dice Alan Navarro. “No existe, pero en el Plan de Desarrollo por lo menos se menciona un ‘sistema de parques’”.

“También necesitamos un mecanismo para complementar los parques vecinales, que sirvan a un sector más amplio de la ciudad. Tiene que existir por fuerza otra forma de poder crear parques más grandes”.

La académica de la Universidad de Sonora, la arquitecta Luisa María Gutiérrez Sánchez, indica que hace falta una profesionalización en el tema de espacios públicos, que unifique y le dé continuidad a los proyectos, “que vaya más allá de los trienios, se necesitan estudios de muy diverso tipo que justifiquen la creación o intervención en las áreas”.

La norma NOM-001-SEDATU-2021 indica que los parques deben estar articulados en un sistema o red, como un conjunto ordenado e interconectado de elementos. También enlista requisitos mínimos de mobiliario para sentarse, sombreado natural o artificial, de iluminación mínima y hasta de tamaño: si tiene 20 metros en el lado menor, no puede ser considerado parque.

Muy pocos en la ciudad cumplen actualmente con los primeros requisitos.

“Hay un programa muy activo de rescate de espacios públicos, a través del programa CRECES con la intervención de Consejo Municipal de Concertación para la Obra Pública (CEMECOP), vamos a tener una mejora significativa de ellos”, había dicho José E. Carillo Atondo, director del Instituto Municipal de Planeación Urbana, IMPLAN.

Los Parques, esa leyenda urbana

Siguiendo la tendencia histórica, el empequeñecimiento de los espacios verdes se acentuó de los noventas a la fecha. Los parques de muchos fraccionamientos son de tamaño irrisorio, solo para cumplir a medias con una ley que ha sido permisiva y tolerante de forma criminal.

Hermosillo registró un proceso de “miniaturización” de las áreas verdes, explica el investigador del Colegio de Sonora, Alan Navarro Navarro. “La proporción de parques disminuyó conforme fue creciendo la ciudad. En la década de los noventa, se construyeron 4 mil 330 m2 de parques, mientras que del año 2000 al 2017 se construyeron 2 mil m2, es decir menos de la mitad.

La Ley de Desarrollo Urbano y su reglamento estipulan que los fraccionadores deben donar un porcentaje de área vendible para áreas verdes y otra para equipamiento urbano, en los nuevos desarrollos. En el caso de áreas verdes antes era el 3%, ahora después de varias reformas es el 6%.

“¿Cuál es el problema con este mecanismo?”, se pregunta Navarro, “que la donación es muy pequeña, salen parques muy chiquitos. Pero además la donación está en proporción al área urbanizable vendible, y no en proporción a la población que va a residir ahí, que va a demandar servicios ambientales”, advierte.

“También era práctica común que el desarrollador donara los espacios sobrantes o el más castigado, eso ya está prohibido, ahora tiene que ser áreas útiles, que no sean pedacitos, sino deben tener al menos 500 metros cuadrados”, recuerda Eufemio Carrillo Atondo, del IMPLAN.

Se observa que las mismas leyes han sido ambiguas y permisivas, y han dejado abierta la puerta para que los desarrolladores le saquen la vuelta a la obligación de donar porcentaje para área verde y equipamiento.

Desde la Ley 101 de 1985, en el mismo articulado donde se señalaban los porcentajes para donación, también se daba la opción de hacer una “permuta” del área a donar para ubicarla en otra colonia diferente, siempre y cuando el predio tuviera las mismas características. Incluso, si la permuta por otro lote tampoco fuera posible, se podía hacer un pago, que en términos llanos significaba la compra del área.

A pesar de que la ley se ha reformado varias veces desde entonces (la más reciente en 2020), estas posibilidades subsisten hasta el día de hoy.

Por medio de solicitudes ante Transparencia, Libera Radio obtuvo planos y permisos que dejan ver que los intercambios y los pagos son algo que sigue ocurriendo. Es decir, en los hechos algunas de las empresas dedicadas a la urbanización han usado lo ambiguo de la ley para su beneficio.

Como se informó en la primera parte de este reportaje, hay 4 leyes estatales y 4 reglamentos municipales que contemplan el tema, pero varias figuras y directrices —algunas de ellas generarían recursos para invertir en los parques— no se han implementado.

Por ejemplo, los montos que se pagan en lugar de la donación en los nuevos fraccionamientos deberían de ir al “Fideicomiso de Suelo”, una alcancía prevista en la Ley de Desarrollo Territorial.

Este recurso debería usarse exclusivamente para rehabilitación de parques.

“No encontramos una institución financiera que acepte administrar un fideicomiso para este tipo de fines, y el costo de mantenerlo resulta muy caro. Se tiene que revisar la Ley y su reglamento”, acepta Carrillo Atondo, quien fuera coordinador de la CIDUE en el trienio pasado.

Ley del Árbol, “en proceso”

Por otro lado, en el año 2016 se aprobó la Ley para la Protección, conservación y fomento del Árbol en las zonas urbanas del Estado de Sonora, conocida como “Ley del Árbol”.

Al igual que el Fideicomiso mencionado, el Fondo Municipal de Cambio Climático, previsto en esta ley para administrar los pagos, impuestos y multas que se generen por la aplicación de ésta, tampoco existe.

Los montos por sanciones, sobre todo por tala y poda excesiva, van directamente a la Tesorería Municipal, según lo reconoció el director del Instituto Municipal de Ecología, Francisco Jesús Gil Barraza.

Amparo Fontanot, directora de Parques y Jardines afirmó que no se dan permisos para la tala de árboles, a menos que “sea un caso muy específico, que esté provocando daño estructural.”

Por otro lado, el Instituto invita a recorrer el proceso para poder hacer una tala, aunque eso contradice el espíritu de la Ley, que busca precisamente evitar la tala y la poda excesiva.

En este aspecto, otra iniciativa que recién inició es la “Patrulla Verde o Ambiental”, que ayudará a evitar las talas, o en su caso, apoyará en la acreditación de la misma para una posible sanción, aunque su trabajo está más enfocado a los reportes de tiradero y quema de basura clandestinos.

Hay otras disposiciones previstas para el cuidado de los árboles y la arborización de los espacios que aún no se implementan, a pesar de que han pasado ya 6 años de la aprobación de la ley.

Una de ellas es la obligación del artículo 47, que indica que los urbanizadores deben colocar un árbol de por lo menos 2 metros de altura o 1 año de vida por cada vivienda, plantado frente a ésta, siendo un requisito indispensable para que el Municipio reciba el nuevo desarrollo.

En un recorrido por fraccionamientos de reciente construcción se observó que se cumple en una mínima parte con esta disposición: sí hay árboles, pero la mayoría fueron plantados por los propios moradores.

“Nosotros no hemos recibido ningún fraccionamiento”, dice Astarté Corro Ruiz, coordinadora de la CIDUE”, pero reconoce que no se tiene el personal suficiente para revisar con más detalle.

“Además, a veces pueden pasar años entre que se construya y que se recibe. Ahora hay muchos desarrollos en lista de espera para entregarse, vamos a apretar las tuercas a los constructores, vamos a ir con el librito” asegura Corro Ruiz.

Hasta ahora, la realidad ha sido distinta. En Los Fresnos y Altaria Residencial, por ejemplo, dos colonias nuevas donde, irónicamente, sus calles tienen nombre de especies de árboles, el censo del INEGI del 2020 señala que había 390 viviendas ocupadas, pero la cantidad de árboles en banquetas no superan los 50.

En este tipo de fraccionamientos la vista de la fachada es muy importante, y en general, el diseño arquitectónico que se vende no incluye vegetación al frente, aunque se incumpla con la normativa.

En contraparte, sus respectivos parques están un poco mejor en términos de vegetación: andan arriba del promedio. Pero son áreas verdes que están dentro de un área enrejada, es decir, no están en el dominio público, como tantos otros en la ciudad. ¿Cuáles y desde cuándo estos parques son responsabilidad del municipio? Es algo que no queda claro.

Otro aspecto importante que se ha dejado de lado por las autoridades es el Sistema Municipal de Arbolado Urbano (SMAU), que será un inventario de árboles geo referenciados.

“La esencia que hay detrás es que al árbol se tiene que tratar como mobiliario urbano. El árbol también nos presta innumerable cantidad de servicios, yo no veo por qué no cuidarlos”, dice Alan Navarro.

De acuerdo a las autoridades, la creación del SMAU está en el proceso de “pendientes a desarrollar”, pues hacen falta recursos y personal.

En el discurso todas las autoridades enuncian el involucramiento de la sociedad como algo muy deseable, aunque el Consejo Consultivo Municipal de Participación Ciudadana para el Desarrollo Sustentable, previsto en el Reglamento de Ecología, está inactivo.

“La administración pasada lo formó, pero por estatuto tiene vencimiento en 2023. Ahorita estamos trabajando con el jurídico para ver como reactivarlo, renovando solamente lo que cambió, es decir, las autoridades municipales. Ya tenemos un listado, queremos involucrar más a la sociedad civil”, comenta sobre el tema Gil Barraza, de Ecología.

También dio como fecha de arranque el 15 de Junio, pero hasta principios de agosto no se tenía noticia de ello.

Para Fontanot Ochoa, en la actual administración hay un verdadero movimiento, un interés en el tema verde compartido por todas las dependencias.

Si hay un compromiso con el tema verde de esta administración, está “en los pendientes”.

Los camellones, otra oportunidad desperdiciada

Hace algunos años el ayuntamiento del ex presidente municipal Javier Gándara Magaña propuso la iniciativa “Adopta un Camellón”, en la que invitó a empresarios a hacerse cargo de la reforestación y mantenimiento de camellones a cambio de poner el logotipo de su empresa a la vista.

A la vuelta de los años, la iniciativa tiene resultados muy dispares, mientras que pocos están limpios y verdes, en la mayoría la intemperie y el descuido ha terminado por decolorar incluso el cartel con el logo de la empresa.

“Tenemos que re-enamorar a los empresarios”, opina Fontanot Ochoa, “convencerlos de que el área patrocinada habla bien de su empresa, es un intercambio de publicidad responsable. Pero si no muestran interés, empezaremos a quitar esos tótems”.

“Nos queda muy claro que si no es con la ayuda de la ciudadanía, no vamos a poder abarcar el universo total de lo que tenemos que hacer”, enfatiza Pavlovich Escalante, de Servicios Públicos.

La dependencia tiene la intención de relanzar el programa, con los mismos incentivos que tendrá el “Adopta un Parque”.

“El tema es que debe convertirse en una política pública, no nada más un programa de un gobierno, sino que tiene que ser algo que tenga raíz”, comenta al respecto Carrillo Atondo.

Para el relanzamiento de los programas se plantean ciertos lineamientos, como respetar la paleta vegetal que aprobó el IMPLAN, que da preferencia a plantas desérticas, de bajo consumo de agua.

“Es la vegetación que vamos a permitir de ahora en adelante”, argumenta Pavlovich Escalante, aunque de inmediato corrige: “no es que esto vaya a truncar el deseo de la gente de poder hacer alguna cosas distintas en los camellones”.

Y es que según el ingeniero Cristóbal Castillo, de la organización “Crea un bosque urbano”, los camellones podrían ser reforestados con cualquier planta, nativa o no.

“Falta voluntad y aplicación de las técnicas”, comenta rodeado del verdor del “Bosque de la Alegría”, que se encuentra dentro de un camellón. Este tema lo veremos a detalle en la cuarta entrega de este reportaje.

Parques para un futuro… ¿Y mientras tanto?

Algo le pasa a Hermosillo que insiste en llamar “parques” a espacios que no lo son. El Parque La Ruina es un negocio de food-trucks y cantinas, el Parque Central (el Cerro Johnson) es denominado así por el decreto que lo hace Área Natural Protegida, pero no es propiamente un parque. Sobre este espacio se abundará en la tercera entrega.

El Parque Metropolitano, hoy llamado EcoParque, es una extensión de alrededor de 4 hectáreas al surponiente de la ciudad. Hay varios espejos de agua tratada y algunas zonas con vegetación silvestre. Tiene una pista para bicicletas, una cancha de basquetbol, juegos infantiles y equipos para ejercicio físico.

Del 2015 al 2021 se le invirtieron 100 millones de pesos; hace poco el alcalde Antonio Astiazarán ha anunciado otros 70 millones para rescatarlo.

“El problema es que está a 4.1 kilómetros del Estadio Sonora”, dice Alan Navarro. “Para cumplir su función, un parque debe de estar cerca, accesible. Está muy lejos, entiendo que hay un plan de manejo detrás y claro que tiene potencial, pero ahora está muy lejos”.

El Arq. Carrillo Atondo, del IMPLAN, piensa diferente: “Es un activo futuro de la ciudad, que si no lo reservamos en este momento se va a perder. Es lo que está reclamando la gente, tener espacios públicos, pero los parques no se hacen de forma espontánea, se les tiene que invertir”.

Aunque acepta que tiene un uso limitado, destaca los servicios ambientales que ya presta a la ciudad; el micro clima que se crea con los espejos de agua tratada y el ecosistema de aves migratorias que llegan a anidar al lugar.

“Si no vale la pena invertir en esto, pues yo no sé en qué estaríamos invirtiendo”, asegura.

En una visita al Ecoparque, se constató que tiene uso de ciclistas y caminantes, pero después de las 6.30 de la tarde, una vez que aminora el calor. La pista y los baños en mal estado, los postes de iluminación en el suelo y los árboles sembrados, en proceso de secarse, dan cuenta del abandono del lugar.

Los aparatos de ejercicio están sembrados en medio del desierto, esperando que la ciudad llegue hasta ellos.

Las áreas verdes no fueron prioridad

Como se vio antes, en no pocas colonias nuevas el predio donado para área verde se vendió en algún momento para un uso distinto, eso ha resultado en que colonias enteras no tienen un espacio público.

La colonia Loma Linda, por ejemplo, al norponiente de la ciudad, en donde viven 1,500 ciudadanos de medio a alto poder adquisitivo, tiene hoy en día un solo parque de 80 metros cuadrados. Es un pequeño polígono triangular en una esquina de la colonia. Los habitantes de la Loma Linda cuentan con 0.05 metros cuadrados de área verde, que además está cercada.

A un costado, cruzando el bulevar Morelos está la Colonia Jesús García. Pareciera increíble que sus casi dos mil cuatrocientas viviendas habitadas no tengan un parque propio.

Algunos vecinos se organizaron en el colectivo “Queremos parque”, y luchan para que un enorme lote baldío al que han reforestado se convierta en su área verde. Su historia también se contará en una siguiente entrega.

En el transcurso de la realización de este reportaje se encontraron varios testimonios de desaparición de espacios públicos en las colonias, lotes donde hoy se albergan sendos negocios.

Algunos ejemplos: el Parque Villa Colonial en la Colonia Villa del Rey ahora es una farmacia de Similares; en la colonia Los Arcos el área se donó a una primaria privada, en tiempos del munícipe Guatimoc Iberry (1991-1994).

En la colonia Sacramento los vecinos han visto como el espacio que han reforestado por años, y que usan desde hace décadas ahora le ha aparecido dueño, quien lo dividió para vender parte del mismo.

También hay parques fantasma: son los que vienen en la lista de parques del municipio y no existen en la realidad.

Mientras tanto, Doña Panchita pudo volver, después de un año, a vivir muy cerca de su antigua residencia. La vista a esos cerros que reverdecen a la primera llovizna le ha devuelto el alma al cuerpo.

La tercera entrega: Ciudadanos reclaman sus espacios verdes.

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