¿Lo más importante que nos da la escuela es el conocimiento?

Reflexiones sobre la educación (parte II)

Hace algunas semanas escuché una entrevista que le hizo Ana Francisca Vega al catedrático Manuel Gil Antón.

El tema central era la (no) viabilidad del regreso a clases, pero se pusieron otros interesantes temas sobre la mesa, por ejemplo, la forma en que la pandemia vino a evidenciar (si es que aún teníamos dudas) las deficiencias del sistema educativo y la desigualdad en el país.

Algo que llamó mi atención fue que el académico mencionó que más allá del conocimiento que podamos adquirir en las escuelas, su función más importante es la de propiciar la socialización.

Ya que yo no tengo hijos y los niños de los que estoy más al pendiente -mi sobrino Nico y mi sobrina Marifer- aún son bebés, no había reparado lo suficiente en que hay infantes en edad escolar que no han aprendido a interactuar con gente de su edad, una condición fundamental para desarrollar la empatía.

Imaginemos a hijos únicos, por ejemplo, que antes de la pandemia no iban a la guardería, cuyos padres han adoptado un estricto aislamiento por convicción o bien porque viven lejos de su ciudad de origen o que por una u otra razón no conocen familias con niños.

Si con todo y carencias el sistema educativo tiene cubiertos los contenidos mediante los esquemas a distancia, decía el entrevistado refiriéndose a la educación básica, aún falta pensar dónde los menores van a aprender a socializar.

Esta visión coincide un poco con los comentarios de los chicos del video podcast que te comenté en la entrega anterior, ¿no crees? En ambos casos se destaca la experiencia de establecer relaciones interpersonales antes que el conocimiento de diversas materias.

Los posts de una madre de familia que tengo entre mis contactos de Facebook me hicieron recordar a Gil Antón, ella compartió en su muro algunos comentarios que le hizo su hijo uno de estos días de pandemia antes de soltar el llanto: ya no quiere jugar solo, necesita amigos.

La pandemia también nos viene a recordar la sociedad profundamente adultocentrista que somos.

Es cierto que estamos en una crisis sanitaria que ha generado crisis en otros ámbitos, pero cuántas de las decisiones que los adultos hemos tomado durante estos meses han sido pensando en las infancias como centro, en el óptimo desarrollo de cada ámbito de sus vidas.

La escuela es toda una experiencia, no me decido acerca de qué es lo más importante en ella, es más, creo que no tengo ni que hacerlo, pero sí coincido con quienes la piensan como un espacio de socialización crucial para el desarrollo humano.

Si la pandemia la hace transformarse hasta el punto de reducir al mínimo necesario la interacción cara a cara o si desaparece del todo tal como la conocíamos, habrá que sustituir con otros esquemas todo lo que nos aportaba, no sólo en conocimiento.

Dentro del caos, la crisis también nos ofrece una pausa para reflexionar y evaluar. Desechar lo que no sirve, la podredumbre (hay mucha, tampoco idealicemos, lo abordaré en la siguiente entrega).

Ir pensando en qué debemos conservar, qué debemos actualizar, qué debemos flexibilizar. No veo que estemos en ello. ¿Cuándo lo haremos?

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